Vida en un tablero

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    El parque es un tablero. Lo tengo seguro. Me estremece sólo la idea de traer una vida de abrazos infinitos a un mundo caduco, perenne. No en la decadencia económica, sino en el ocaso de no encontrar ni a una sola alma a la que sonreírla de soslayo.

    El problema no fue el mal planteamiento de la partida. Entendí la partida como una contienda. El enfrentamiento encarnizado contra el animal residente en cubículos exangües con entradas controladas por tarjetas magnetizadas de caducidad de ocho horas. Para que en su final, se produjera la “desmagnetización” en el periodo, en el que ya estos no tenían el poder ni de atraerse a sí mismos.

    El resultado final era vítreo, cristalino como las chispas que el cielo contaminado de una de mis múltiples ciudades en las que viví me cedió en propiedad; y yo las adherí a mis huesos, para que mi madre las secara. Un peón entre tantos, éramos seres redondeados y sin movilidad. Pero me empezaron a salir alas, mal síntoma para lo que se suponía que tenía que liderar. Una jerarquía, se me planteaba un problema: “Subordinación”; escalar las cosas nunca fue uno de mis fuertes. Siempre he sido de compactar. He compactado tanto, que ahora soy una firma de todo, quizás el disgregarme ahora, provocaría la disolución de mi mismo en el disolvente universal llamado vida.

    En tímidos y escuetos bandazos comencé la creatividad en el autodidactismo inducido por ese gen que suelen denominar rebeldía, yo le denomino el gen del “no ser parte de un rebaño”, tan aburrido y monótono como sus balidos.

    Mi transformación a caballo me suscitó emerger por unos instantes para el gran rebaño. Una ola nueva siempre suscita una nueva brisa y esta impregnó con nuevas ideas a los olfatos adormecidos de los miembros menos subordinados del hato. Lo hice bien, pero como todo lo novedoso fue efímero y la falta de técnica me hacía ladearme, para terminar en las cunetas de las sustancias que parecían que me darían la linealidad en mi ansiado largo vuelo.

    Y sí, empezó a ser largo. La seducción para la belleza siliconada de las emociones, empezó a maquillar mi intensidad que se empezaba escorar en la linealidad. Era el alfil más esquinado que se podía encontrar en el tablero. Sólo buscaba otras piezas con las que enrocarme, pero aún me faltaba el cuerpo necesario para ser torre y así poder afrontar los huracanes de violencia de este tablero desestructurado.

    Tuve una idea. Intentar desnaturalizarme de mi gen. Y empecé a tomar las hormonas de la ilógica madurez. Y en unos meses tenía el peso justo, ya había perdido unos cuantos gramos de alma.

    Con tan ligera carga, comencé a formarme y conformarme en la resistencia del pensamiento unidireccional. Centrado, siempre centrado, el rumbo daba igual. Sólo tenía que llegar al fondo del asunto. La creación perfecta. ¿Creación? Podría señalar a  mi época de torre como la destrucción germinada en cavones de tierra fértil, pero destinada a ser convertida en el polvo social.

    Pero antes de desintegrarme, y convertirme en un ser volatizado que sirviera de pasto para otras cabezas del hato. Dudé entre tres opciones.

    La primera: era avanzar hacia la conversión definitiva a reina y así poder dominar el tablero perfectamente. Pero en ese momento, sería un peón de mi mismo.

    La segunda: era vaciar toda la pesadumbre que aún moraba en mi alma y terminar siendo un corazón vacuo. El corazón de rey. Pero ni siquiera pude intentarlo. Me di cuenta que un corazón vacio, es el único que puede albergar el odio.

    Así que como supondréis me decanté por la tercera opción. Que fue enrocarme, para ahora vivir sin tocar mucho el tablero. Y mirar desde el parque a los peones; para poder entender porque escribo este relato.

     

     

    David EPC ©
    Todos los derechos reservados y copyright a nombre de David EPC.

    Mr. D BOOKS

    Valladolid, España 2012

    Comentarios

    1. Avatar de VIMON

      VIMON

      14 septiembre, 2012

      Muy original la similitud de las piezas con las decisiones del narrador. Tengo un amigo ajedrecista que dice que la vida es como el ajedrez. Yo creo que no; en todo caso el ajedrez es un grafismo de las batallas de la vida. Sin ofender, creo que la solución del enroque siempre es la mas cómoda. Un abrazo y mi voto.

    2. Monica (Maite_Duzun)

      14 septiembre, 2012

      Es que el parque se ve mejor con un corazón llenito, no importa si son alegrías o pesares, un abrazo David…

    3. Avatar de

      Ondina Marian

      14 septiembre, 2012

      Con permiso del AUTOR (pido disculpas por adelantado por mi osadía), me tomaré la licencia de no comentar todo el relato e iré directamente a por una palabra: “ENROQUE”. Al contrario que VIMON, y tras varias lecturas, creo que en este caso el “enroque” es la decisión más dura, dolorosa y VALIENTE que ha podido tomar. Sólo desde ahí podrá parir y ofrecer un homenaje al MUNDO de la máxima pureza, pagando por ello un alto precio…”la autoinmolación” . Para el MUNDO que debiera ser, no para el mundo que existe. (MUCHAS GRACIAS DAVID POR ESTE REGALO)

    4. Avatar de Irma

      Irma

      14 septiembre, 2012

      Que puedo decir, tu relato es el reflejo de una vida distinta, difícil de entender y con muchos sucesos. Podría pensar que no concuerdo con algunas ideas, pero ni mi vida ni mis experiencias se parecen a la forma de ver las cosas que refleja tu escrito.
      Es interesante seguir cada palabra, siempre el misterio envuelve tus escritos. Imagino el tablero, y cada jugada que describes de una forma magnífica, atada a una realidad quizá dura de asimilar si no se ha vivido. Un criterio distinto que sin duda no solo hace grandes escritos, sino grandes hazañas. Felicidades escritor, es un magnifico relato.

    5. Avatar de

      volivar

      15 septiembre, 2012

      David EPC: qué buena comparación de la vida con las diversas fichas del ajedrez.
      A veces deseamos ser reyes, pero, como dices que en ellos hay un vacío que se llena de odio, pues mejor ser peón, alguien sin importancia, y con subordinación, pero con el alma noble.
      Mi voto
      volivar

    6. Avatar de Israel-Esteban

      Israel-Esteban

      19 septiembre, 2012

      Un texto magnífico. Jaque mate. Como se suele decir: “siempre nos quedará París”. Mi voto.

      Israel Esteban

    7. Avatar de Israel-Esteban

      Israel-Esteban

      19 septiembre, 2012

      Un texto magnífico. Jaque mate. Como se suele decir: “siempre nos quedará París”. Mi voto.

      Israel Esteban

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