Conceptos de Dios

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    La inmensidad de su ser escapa a la razón y al entendimiento. Así, desde la pequeñez, solo podemos hablar de él como concepto. Nadie es poseedor de la verdad absoluta acerca de lo que es o de quien es Dios. Sin embargo, es el concepto lo que se convierte en verdad personal de cada individuo.

    Durante la historia del hombre, nos han rondado las mismas preguntas acerca de él, de algo que todos sentimos en mayor o menos medida inmenso y superior. ¿Quién es?, ¿Qué es?, ¿Existe?…

    Y si tantas almas, por no decir todas, tienen su concepto propio, tantas almas tienen fe en su existencia, tantos seres lo sienten cerca, muy cerca, ¿acaso no son suficiente motivos para afirmar que existe?. ¿Acaso no existe ya en las mentes y corazones de muchos?, ¿acaso ese sentimiento, ese concepto no es real?, ¿y si es real, no se responde así a la duda de su existencia afirmativamente?.

    Dios, ser infinito, energía universal, todopoderoso, el nombre es lo de menos. La mayor, mas poderosa y creadora energía del universo es el amor. Quizás pues quepa decir que Dios es AMOR. El amor mas puro que existe.

    Amor infinito que se impregna en todo lo existente como fuente de energía de la creación de todo. Cada rincón y cada ser lo llevan impregnado en la esencia de su propia existencia.

    Se extiende incluso mas allá de los limites de la imaginación y en una sublime explosión de amor inigualable crea cada sitio, cada ser.

    Algo tan grande y tan puro, capaz de solo por ser como y lo que es, de crear un universo entero, no puede albergar en sí ningún tipo de maldad, pues contradeciría directamente a su propia definición.

    Energía inagotable debido a un constante crecimiento producido por lo que de ella salió para retornar multiplicado.

    Superior entre todas sus creaciones, se haya la inmensidad de la creación del alma de un nuevo ser. El nacimiento de una nueva alma es el resultado de la mayor expresión de AMOR de todas las habidas. Un pedacito, una gota de Dios se desprende de sí para con un amor sin igual dar vida a una nueva alma. Creados pues a imagen y semejanza de él, pues nuestro origen es él, somos en esencia puro amor. Y así, el mar Dios esparce por el universo miles de millones de gotas de un mismo mar, un único mar al que todos pertenecemos, del que todos venimos y al que todos vamos. Derroche sin fin del mas puro amor.

    Almas que dedican su existencia en evolucionar para completar el ciclo de la vida que les devuelva a su origen en su medida de amor aumentada. Así, de esa forma alimentara ese mar imparable creador que jamás dejará de expandirse. En el mismo principio nos incluimos al pensar que todo aquello que salga de nosotros, sea bueno o malo, retornará a nosotros aumentado. Si odias serás odiado, si amas serás amado, ¿como encontrar amor?…¡Amando!. Como un imán, atraemos lo que somos.

    El hombre, gota de un mar, y como mar que es, diminuto pero mar, tiene rasgos de dicho mar. Su esencia es marina y forma parte de un todo inmenso. Imparable evoluciona con el único obstáculo de sí mismo para llegar a lo mas grande. Así muchas veces su crecimiento, en la evolución, en los avances tecnológicos y científicos da la sensación de hombres que “juegan” a ser Dios. Pero no es juego sino nuestra propia naturaleza la que nos lleva a crecer hasta ser Dios. ¿Acaso un hombre de la prehistoria no vería a los hombres de la actualidad como Dioses?. Capaces de crear tanto. Tanto avance imparable en su expansión da pie a la reflexión de que el hombre avanza sin parar. Y si nos paramos a pensar en un avance infinito, ¿a que nos lleva el progreso?. La respuesta a dicha reflexión de avance imparable solo lleva a pensar en el hombre-Dios.

    ¿Ser parte de algo no es ser en parte eso de lo cual se forma parte?.

     Fascinante echar la vista atrás en la historia de la humanidad para analizar el impresionante avance del hombre incluso a pesar de sus propios obstáculos. Ver que el hombre en su evolución es capaz de crear mas y mayores cosas y mas sorprendentes cada vez. Sumergirse en la historia para comprender que somos, de donde venimos y a donde vamos. Sumergirse en la imaginación consciente de todas las etapas que ha pasado la humanidad. Los cambios, los progresos, y dejar a la imaginación volar con un futuro inimaginable en cuanto a descubrimientos. ¿Donde esta el limite del progreso humano?. La respuesta es la verdad de su existencia.

    Progreso ligado al conocimiento, a una sabiduría humana acrecentada y permanentemente generación tras generación durante toda la historia de la humanidad. Lo que aprendimos ayer sirve para hoy y lo que descubrimos hoy da pie a nuevos avances mañana. Continuidad progresiva del conocimiento humano. Un hombre solo no es capaz de crear un barco que surque los mares, pero un equipo de hombres es perfectamente capaz. En la unión de sus fuerzas está la clave del entendimiento de Dios. Como una gota al juntarse con otras forma un charco, mas gotas un río y mas aun un mar…

    Colosal fascinación el pararse a pensar en la grandeza del hombre en su creación. Un ser capaz de hacer que un trozo de hierro surque los mares o que otro trozo de hierro vuele los cielos o que navegue por el espacio. Un ser capaz de vencer todo creando soluciones a todos los problemas. Si eso es fascinante, que lo es, cual admiración podrá inspirar un ser capaz de crear montañas, mares, planetas, vida y todo un conjunto de leyes naturales que hacen de la vida un todo posible en un universo infinito e imparable en expansión. Se escapa a la comprensión cuanta sabiduría posee dicho ser.

    Nos fascina ver que tenemos el conocimiento, la sabiduría para crear un avión un barco un rascacielos entre santísimas cosas sorprendentes.  Y pensar que cada vez seremos capaces de mas y mayores cosas como complejidad en ellas aumentará a medida que el conocimiento permita nuevos avances tecnológicos y científicos.

    No es casual que el hombre en su evolución quiera ser capaz de dominarlo todo. Hasta la vida. No es capaz que cada vez haya mas avances científicos que lleven al camino de hombres que “juegan” a ser Dios incluso creando vida. Pero el hombre no puede ni podrá crear un alma. El hombre va llegando a conocimientos superiores que permiten acercarse cada vez mas a una evolución superior.

    Detractores de una evolución basándose en los argumentos de hombres que quieren hacer cosas que solo Dios pueden, solo ofrecen un freno a algo tan natural como el avance y progreso. En el amor creciente en el hombre reside la protección del correcto uso de dicho conocimiento. El amor ha de ser siempre mayor que el avance científico-tecnológico, de lo contrario nosotros mismos nos autodestruiremos. Y estamos llegando a un límite peligroso ya que el avance tecnológico crece mas rápido que el del amor colectivo. No es pues de extrañar numerosos desastres en las décadas siguientes. Desastres creados por el hombre y no por un Dios castigador o permisivo de desgracias. Dios es amor y como amor puro que es solo quiere la felicidad para el hombre y sufre con su sufrimiento. Sufrimiento creado por el hombre en su imperfección, sin la cual no habría evolución ni crecimiento posible.

    Él nos regala la vida y con ella el libre albedrío de ser dueños de nuestra propia vida. Regalo infinito, tesoro donde los halla. Libre albedrío inquebrantable que hace erróneo pensar en un Dios castigador que no evita desgracias. Dios nos puede guiar, aconsejar, ayudar, pero la ultima palabra de nuestros actos, la decisión de hacer algo es únicamente nuestra. Si alguien se quiere tirar por un puente, Dios no puede hacer nada por evitarlo si el sujeto realmente decide, quiere tirarse. Puede ayudarle, hablarle, hacerse sentir mas que nunca e su interior, pero no puede hacer absolutamente nada si el sujeto decide quitarse la vida. El sujeto es el único dueño de su vida. Dios no puede hacer nada, no debe hacer nada en esa situación. ¿Un ser que es capaz de crear un universo no es capaz de parar una desgracia?. Por supuesto que si, pero no debe, de lo contrario seríamos marionetas que bailaríamos a su son. Triste regalo pues seria la vida. Pero si somos libres en nuestro dominio de la vida, no estaremos exentos de las leyes de causa-efecto para bien o para mal. Si los hombres se empeñan en matarse unos a otros, Dios no es culpable de la desgracia que ello conlleva.

    El hombre, capaz de crear tanto y capaz de destruirse. Paradoja necesaria para su existencia. Sabiduría de la humanidad que se va acumulando durante la historia para dar avances y una sabiduría capaz de crear cosas increíbles e impensables para hombres de etapas remotas.

    Pero cuanto queda aun. ¿Un ser capaz de crear una montaña, un mar, un sol, una vida…? Cuanta sabiduría. Sabiduría fascinante transmitida en la memoria de células que poseen el conocimiento infinito para saber convertirse en lo que debes y conformar tejidos y órganos en la complejidad del cuerpo humano. Pararse a pensar la sabiduría que ha de tener alo tan sencillo como una semilla para saber por si sola que debe convertirse en un majestuoso árbol. ¿Quién o que le dice a esa semilla, a esa célula que se tiene que convertir en un árbol, en un animal o en un cerebro, o un corazón o en la uña de un pie?. Cuanta sabiduría ya hay existente y es transmitida por ese ser que todo lo crea.

    Y si somos parte de Dios como gota es parte de un mar, acaso no tenemos ya impresa en nuestra esencia dicha sabiduría infinita?. ¿no la tienen ya nuestras células que saben solas en que convertirse para dar origen a algo tan increíble como un cuerpo?. Si esas células pueden nutrirse de esa sabiduría para llegar a ser lo que son, nosotros no tenemos derecho a nutrirnos también de tan alto conocimiento?.

    Alzarse en meditación al altísimo en una comunicación mágica a través de nuestro interior como parte de el que somos, en nuestro interior se halla él esperando nuestra llamada para abrirnos las puertas de ese conocimiento. Sabiduría que nos pertenece por definición de lo que somos. Así en la meditación podeos encontrar los pensamientos mas interesantes y reveladores. Tenemos a nuestro alcance tanto conocimiento que el infinito poder creador del hombre, algún día nos hará crecer tanto como para fundirnos en esa energía que nos creó, y de esa manera volver magnificados a nuestro origen y poder seguir en el imparable proceso de la vida que se expande mas allá de donde la razón es capaz de llegar.

    Entregarse a la oración es elevarse hacia ese Dios y esa sabiduría que está disponible para nosotros como parte de él que somos. Elevarse en la oración para fundirse en esa energía inmensa e inagotable para encontrar la ayuda, la guía, el consejo o la solución a un problema nutriéndonos de la sabiduría que es capaz de crearlo todo. ¿Una sabiduría capaz de crear mundos no nos puede resolver los pequeños problemas de nuestra vida?. Invitación a la reflexión que lleve a una respuesta de una mente universal capaz de todo.

    Necesidad de creer en algo mas grande es el sentimiento predominante en todos los hombres de todos los tiempos. Quizás esa necesidad resida en una llamada desde adentro a no negar todo cuanto nos rodea y lo que es más, a no negarse a uno mismo al negar la existencia de Dios.

    Podríamos comparar a Dios con el Mar. Casualidad o no, es lo mas abundante de este nuestro planeta. Y al igual que Dios, el mar, es el origen de nuestra vida en este planeta. Guiño de espejo de representación de lo que verdaderamente es la vida y que como tal no podía ser representada de otra forma. Mar que fue el origen de la vida que conocemos y sustento de la vida durante toda la existencia de este planeta. El mar majestuoso se desprende de parte de el para crear el ciclo de la vida. Al igual que Dios, se desprende de millones de minúsculas gotas en la magia de la evaporación, las cuales en su evolución, en la condensación crean nubes que evolucionan hasta hacer que las gotas de lluvia broten de su interior para caer a la tierra donde deberán recorrer el camino en su vida hasta llegar a unirse a otras gotas como ella para juntos unir la energía necesaria para llegar hasta el río que les devuelva al mar. Origen y destino de su existencia. Unión necesaria como la que el hombre, como gota de un mismo mar que es necesita para poder llegar hasta él. Almas de un mismo Dios como gotas de un mismo mar.

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