El escape tailandés

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“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.”

 Música para camaleones – Truman Capote.

 

 

 

En su revoltosa vida caminando con mucha patience por el fuego de la indiferencia, se encontraba él, acuchillando la soledad picara con marihuana. Él, el hombre que a ella le prometió mucho, la había abandonado, había destrozado el espejo embustero de su vida, por una mujer, una mujer que Cristian no podía ser. Se abandonó en el reflejo de la luz roja de cualquier semáforo, sin hacer nada, viendo, pensando en muchas cosas, las primaveras pasaban, y extrañaba más, mucho más a ese extraño chico con brazos gigantes, que la hizo feliz en su cosquilleo prostático, hasta que un mal día, el ventarrón de la figura femenina, le quito a su bello durmiente. Y Cristian, no podía hacer nada, sólo enfurecerse con el pedazo que dios le dio sin su consentimiento.

Echado en el asfalto del un parque famoso de Barranco, piensa, cómo seria ser mujer, cómo seria tener tetas, cómo sería tener esa coquetería que sin tetas no resalta, cómo seria pintarse los labios de carmín reflejo, sin ser masculino, cómo sería que no te miren tan raro, como bicho, como loco o loca ( claro eso sería mejor). Es entonces que quiere ser eso, quiere ser su dios, quiere ser agnóstico a su manera, quiere ser esa mujer que siempre fue.

Es entonces que está ahí, luchando para que alguna ley los proteja, ahí alzando la mano y gritando a todo pulmón por las calles bohemias de Lima. Pasan los meses. Tiene encuentros amorosos con chiquillos que en su borrachera la ven como la princesa que él quiere ser, pero esos chiquillos a la mañana siguiente no quieren ni si quiera mirarlo, ni besarlo, ni nada, se alejan, le preguntan a veces sobre el virus, si lo tiene o no. Cristian sigue en su afán de ser mujer.

Trabaja, lucha, arrastra los parpados a la vergüenza, y logra juntar dinero, contacta con un chico para que tramite un pasaporte Paraguayo, le da la mitad del dinero en la noche vagabunda de Lima, y Cristian ve irse la mitad de su esfuerzo, y quiere llorar, porque su sueño se va cumplir. Es entonces que al siguiente día en el sonámbulo sueño de Cristian, esta su pasaporte, en esa mesita  forrada de mantel rosado, y él se alegra. Pero viene lo peor, la prueba de fuego ardiente. A las 6 de la tarde, empezó su transformación, peluca recién comprada, colores noche que resaltaban los ojos, labial color uva, tacos altos y guantes, para disimular el esfuerzo varonil que él había hecho. El pasaporte estaba como Cristina, quizás por cosas del destino o por confusión, camina por el aeropuerto,  su estatura menor del 1.80 lo ayudan, y un guiño sexy al policía, lo hacen pasar, se alivia, se alegra, Paris lo espera.

Ahí ya en las calles de La Rue Rivoli estaba Cristian, fumando un cigarro, para el ardor analgésico que le provocaba tanto francés. Es así que se hizo una vida, pasaron los años fugases en el  cometa rosa de Cristian, y ahorró dinero, para irse a Tailandia, cinco mil dólares vale ser mujer en ese país lleno de libertad. Ahí estaba Cristian en el hospital de Yanhee en Bangkok, sostenida de un sueño rosa, que al despertar seria eternamente mujer, una mujer completa.

Es así que Cristian despierta como Cristina, en ese transformar, suspira, llora de felicidad trata de dar las gracias pero no puede hablar, sólo se limita a abrazar fuerte ese rosado de su cuerpo y decir adiós a la voz grave de su alma que siempre lo hizo infeliz.

En Tailandia se quedó meses, conoció a un Francés que hacia turismo, él se enamoro de ella, y ella ya confiada, por el fauce esculpido por el doctor tailandés, coqueteaba con él. Es así que viajaron a Francia para casarse. Cristina le dejó una nota al doctor  “gracias por cambiarme la vida”.  Es entonces que Cristina se casó en Paris, loca de risa.

Y ahora me cuenta a la distancia, que está feliz, que  trabaja, que tiene todos los papeles y tiene que lidiar con la borrachera de su marido, pero siempre existe ese cosquilleo de lo rico de ser mujer, de lo delicioso, de torcer el destino a su manera, es así que Cristina grita su felicidad en la ciudad del amor.

Comentarios

  1. Profile photo of LUCIA UO

    LUCIA UO

    15 octubre, 2012

    Gracias a Dios pudo realizar lo que tanto anhelaba, porque debe ser muy difícil saberse hombre siendo mujer o viceversa, sobre todo en nuestra cultura latinoamericana que aún no acepta estás cosas.
    Si ese fuera mi caso, creo que me sentiría igual que el chico que describes. Tuvo el coraje para seguir los dictados de su corazón y encontrar a la verdadera mujer que había en él y realizarse como tal. Todo está bien, son solo experiencias humanas, en cuerpos humanos… Está feliz siendo quien en verdad es: ella, y eso es maravilloso. Ojalá todos fuéramos siempre auténticos, aceptando nuestras limitaciones, nuestras carencias, debilidades, sin fingimientos con total autenticidad.
    Un gran abrazo y mi voto.

  2. Profile photo of Per

    Per

    15 octubre, 2012

    Buen relato amigo, me ha gustado, al final ella siempre fue ella, aunque hubiera estado en el cuerpo de él. Voto y saludos.

  3. Profile photo of VIMON

    VIMON

    15 octubre, 2012

    Un relato bien escrito. Saludos y voto.

  4. Profile photo of

    volivar

    16 octubre, 2012

    EduardoFlores: excelente relato; al fin y al cabo de lo que se trata es de lograr la felicidad.
    Mi voto
    Volivar

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