Había una vez en un nemoroso y bello bosque un pino, un manzano, un rosal y un cardo que se sentían muy felices y complacidos con su condición. Todos, a excepción del de la hoja perenne que tenía problemas de identidad: no sabía que fruto daba.
Lo que te faltaba es concentración, le decía el manzano. Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves que fácil es? Y agitaba sus ramas atestada de ricos y rojos frutos.
No escuches al manzano, le decía el rosal, es más sencillo tener rosas. ¿Ves qué bellas y olorosas son?
Y el pino, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, pero como no lograba dar ni rosas ni manzanas, seguía con su frustración.
Un día el cardo, harto de escuchar los lamentos de su vecino, exclamó. No te preocupes, Pino, tu problema no es tan grave. Es el mismo que el de muchísimas otras especies que pueblan la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas; conócete, escucha tu voz interior y sé tú mismo. Dicho lo cual, el cardo siguió rascándose la cabeza con sus numerosas púas.
¿Ser yo mismo? ¿Conocerme? ¿Mi voz interior?… se preguntaba el pino abatido, cuando de pronto comprendió. Cerrando los ojos y los oídos, abrió su corazón y dejó que su voz interior le hablara: Nunca jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera ni darás lindas rosas porque no eres un rosal. Eres un pino y tu destino es dar piñones. Ahora tienes una misión que cumplir y debes ponerte a ello con todas tus fuerzas.
Sintiéndose fuerte y seguro de sí mismo, el árbol se dispuso a ser aquello para lo que estaba destinado. Creció y creció, pero por más que lo intentaba solo daba piñas estériles y por eso lloraba y lloraba salpicando a todos con sus lágrimas.
Un año fue especialmente seco y pasó lo que tenía que pasar. Intencionado o no, se declaró un incendio monumental. Mientras todas las especies que rodeaban al pino ardían con mayor intensidad que otras más lejanas, se oyó al abrojo decir mientras agonizaba devorado por las llamas: Hay que joderse, resinoso tenías que ser, cabrón.
Y el pino, a pesar de las trágicas circunstancias, se sintió feliz. Por fin había averiguado que resina era lo que daba.
Y colorín colorado, este cuento llegó a su fin.
Moraleja: que cada cual saque la suya.




LUCIA UO
Me ha encantado. Nos has hecho reflexionar, sobre nuestra voz interior, conocernos a nosotros mismos, no imitar a nadie, no satisfacer las expectativas de otros. Una forma increíble de enseñar.
Un gran abrazo y mi voto.
Mariav
Gracias Lucia. Indiscutiblemente siempre hay que ser uno mismo aunque a algunos podamos caer mal. Es nuestra esencia y así se nos debe aceptar,como deberemos aceptar a los que nos rodean aunque sean contrarios o diferentes. Un abrazo.
volivar
Mariav: me gusta mucho leer sobre temas de la naturaleza, del campo, de flores, árboles,ríos,montañas, y si el texto lo escribes tú, amiga linda, el campo con sus pájaros,pinos, manzanos y cardos (abrojos), se torna maravilloso.
Mi voto
Volivar
Mariav
Estimado Volivar, ya sabes que yo soy muy… rural, y que cada uno escribe de lo que mas conoce. Un beso.
Richard
Maravillosa fábula María.
Es para reflexionar, pensar, buscar, tratar de recordar.
Excelente.
Un beso y un voto.
Mariav
Gracias, Richard. Un beso y un abrazo.
Claude
Me encantan tus cuentos, Maria
. Siempre nos hacen reflexionar.
Un beso y mi voto
Mariav
Me alegro que te gusten, Claude. Comentarios así animan a escribir más. Un beso.
1000Luna
Me ha encantado, me ha hecho gracia el final ” Hay que joderse, resinoso tenías que ser, cabrón” … ^_^
La moraleja en mi opinión es que hay que ser uno mismo, siempre, y no dejarse llevar por los demás.
Un besote guapa y mi voto.
Mariav
Verónica, siempre es bueno intentar arrancar una sonrisa aunque por dentro nuestro corazón llore. Ahí radica el tipo de personas que somos o podemos llegar a ser. Un beso, cielo.
antoniosib
Sencillo y sabio, te doy mi voto.
Mariav
Gracias, Antonio. Sabia no soy, y para que te voy engañar, sencilla tampoco.
El Moli
La eterna fabula, donde no nos reconocemos hasta que algo o alguien nos lo muestra.
Un abrazo
Mariav
Pues espero, estimado pueta, que tú te hayas reconocido porque no quiera Dios que sea un incendio quien te muestre lo genial que eres. Un abrazo.
VIMON
Moraleja: Zapatero, a tus zapatos. Buena fabula silvestre. Saludos y mi voto.
Mariav
Wow, Vimon, no me nombres a ese ni a ninguno de los chorizos que por aquí nos gobiernan.
Gracias, amigo.
Claudia (Diadenes)
Cuantas veces me he sentido un pino.
Un abrazo
Mariav
Mujer, no me digas eso. A veces lo importante no es saber lo que somos sino lo que estamos dispuestos a hacer. Un beso.
alca
Una bonita fábula. Felicitaciones literarias y mi voto.
Mariav
Gracias, Alca. Feliz de que tú me leas.
Lidyfeliz
Hermosa fábula que nos hace reflexionar, Mariav. Mi voto
Mariav
Gracias, Lidia. Deseando leer ya un nuevo texto tuyo.
ANGELES DEL CASTILLO AGUAS
Sencillo, fresco y sabio relato. Mi voto y un abrazo
Mariav
Gracias, Ángeles. Espero conocerte un poquito más a través de tus textos. Un abrazo.
Leumas Rut
Hay que ser siempre uno mismo y esforzarse por ser mejor día a día, por uno mismo, no por los demás. Me ha encantado tu fábula, mi voto y un abrazo.
Mariav
Te doy toda la razón, Leumas, así el mundo en el que habitamos sería mejor. Gracias y un abrazo.
CHARIS.CAVERA
Me ha gustado, hace pensar. Tienes mi voto. Un saludo