Entre el barro y el incendio (o “Las mentiras dulces de su voz”)

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| 199 4 |

     

     

     

    Esa risa que después de hizo música.

    Pedro Lemebel  – De Perlas y Cicatrices

     

    Entre la garua borracha de Lima, estaba él, tan egocéntrico, tan loco, tan Él, demostrando a todas las chicas de la cuadra la moto que desde luego su “Padrino” le había regalado por sus veinte lindos años. Estaba ahí, burlándose de las chicas lindas y rubias de mi edificio clase mediero, diciendo que vivía en la casa de sus abuelos en las afueras de Lima. Acudiendo a esas cuevas modernas que va toda la gente pinky de la fría Lima, inventando viajes y amoríos y decenas de mentiras que ya ni recuerdo.

    Pero fue un día que vi ese tatuaje en la espalda tan inconfundible, tan casi dios, con el polo Gotcha en la cabeza, salivando la amargura de su pobreza, el atroz viento que lo llevó al sitio no adecuado. Ahí estaba él, acuchillando con su rara belleza al sol que le sacaba el sudor proletario de la vida. Es entonces que me enteré que no era de padres Italianos y que su apellido no era Viatte, ni tampoco que viajaba constantemente a la tranquila Italia, que nunca había salido de su pobre barrio. Qué su padrino no era su padrino, sino un marica loco, congresista del Perú, que fingía de amante del chico prole de la enclenca Lima.

    Me miró y casi se le van los ojos al alma. Luego de acabar su trabajo fue hasta mi bungalow del club campestre y me dijo “ Mierda, tantas flores acá”, y era eso, yo me había ido a ese club a olvidar un poco mi tristeza y qué más que comprar flores y rosas para aniquilar por un momento mi melancólica vida. Y me contó que no era pues lo que todo el mundo creía que era. Que sus padres trabajaban en lo que podían y que él, le había robado bastantes dólares al congresista pelado y maricón que lo obligaba a besarlo, a acariciarlo en el despliegue juvenil de su púber amor. Y ahí lo veía yo, tomando ron conmigo, arañando la dulzura de sus mentiras, cagándonos de risa los dos, de las tontas rubias que tan perfectamente  cayeron en las mentiras pensadas la noche anterior en su cama compartida con su hermanito menor. Creyendo en el cuento cartón del chico italiano de apellido Viatte. Y me contaba de hasta qué colores eran los calzones con olor a nuevo de mis amigas que eran sus amantes.

    Ahí estaba él,  palmeando la rila con amor y delicadeza extrema. Fumamos tanto que ambos hablábamos de cosas distintas, él de motos, de motores, de autos, de su amor prole en ese Villa María donde él vivía. Y yo, hablando de mis amores, de mi amiga, de mi ardor del alma, del pecho melancólico de mis amores. Hablamos tanto, que casi ya le conocía,  que casi lo quería como el hermano mentiroso, como el tímido hermano menor que mentía para salirse con la suya y que en las tardes de verdades trabajaba como obrero, ganando trecientos soles semanales con el sudor de su corazón dorado. Y ahí estábamos, tan borracho, tan fumados, tan todo, tan nada.

    Y entre el cansancio se quedó tan dormido que casi no pude despertarlo, se quedó dormido entre el aroma de tulipanes y liliáceas que había comprado para ahorrarme la tristeza y que ahora en sus benditos pétalos albergaba las mentiras dulces de ese hermano menor que había adoptado. Y así pues, mi corazón rojo como el proletariado de su verdad, se quedó ciego, entre el barro y el incendio.

    Comentarios

    1. Avatar de

      volivar

      17 octubre, 2012

      Eduardoflores: estampa de la vida real muy bien narrada. Felicidades
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      Volivar

      • Avatar de EduardoFlores

        EduardoFlores

        18 octubre, 2012

        Sabrán disculpar las tardanzas de mis respuestas. Ya escribiré algo sobre el momento que estoy viviendo. Una nostalgia horrible.

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