Los sonidos del silencio

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La Luna caía desde sus ojos, deslizándose con suavidad sobre sus mejillas, dibujando estelas de plateado cristal hasta desprenderse del calor de su piel y caer con fuerza haciéndose añicos sobre el suelo. Una Luna tras otra seguían el mismo ritual, una muerte anunciada sobre un camino ya marcado pero que no por ello dejaba de ser amargo.

Le asustaba la oscuridad pero ese era un echo que carecía de lógica, ya que las peores cosas que le habían podido suceder, le ocurrieron durante el baño diario que la tierra toma con los rayos del Sol.

Sentía que todo había cambiado en un instante eterno, que los antiguos juegos que antes hacían sonreir, ahora ya no causaban ninguna ilusión, ninguna desilusión, nada.

La oscuridad de la luz le arrebató lo que más quería, esa llama que permite y hace posible la vida, esa chispa que da calor a cada latido del corazón y que ahora convertía cada pulsación en un escalofrío que erizaba su ser haciendo que las caricias, antaño suaves y placenteras, pasasen a ser dolorosas y molestas.

Nada hacía presagiar que aquella mañana de verano en el parque con los niños y su marido, un momento de alegría completo pudiera derivar en el momento mas tenebroso y sombrío que un ser humano puede soportar.

Después de varios juegos, dejó a sus hijos, pequeños ángeles de cabello dorado, rizado y de azules ojos con su marido mientras ella se sentaba en un banco del parque. El ruido de los niños y sus padres era ensordecedor y su día, su vida era estresante. Decidió tomarse un instante de relax, pese a estar rodeada de gente, de coches pasando por las calles que rodeaban el parque, incluso pese a una alarma que había comenzado a sonar muy cerca de donde se encontraba, nada impidió que cerrase los ojos. Sintió unas cálidas y pequeñas manos sobre su rodilla, como si llamasen su atención en el mismo instante en que el silencio impactó como un eco sordo en su cabeza y de repente desaparecieron los sonidos. No existían coches, ni tubos de escape disparando veneno a la atmósfera para ser filtrado por los escasos arboles del parque. Tampoco se escuchaban los gritos de los niños, de sus niños, ni las voces y conversaciones animadas o preocupadas de los padres, solo silencio.

 

Abrió los ojos estremecida.

 

La luz, una luz diferente fue penetrando en las órbitas de sus ojos, esos en los que la vida de sus seres queridos se reflejaban a diario. El viento había cesado, los arboles no movían sus hojas. El parque estaba desierto, no había nadie allí, los coches desaparecidos de la calzada provocaba que la calle pareciese mas grande de lo que jamás lo había sido para ella. Un sentimiento de angustia recorría su cuerpo, apretando su cuello una mano invisible que le cortaba el aire, un aire que parecía no existir.

Llamó a sus hijos, llamó a su marido, pero allí no había nadie, parecía como si toda vida hubiese desaparecido de la faz de la tierra. Creyó que su corazón se aceleraba en el momento que decidió buscar a su familia, o a cualquier persona que le explicase lo que allí pasaba.

Tras un par de giros, de repente el parque pareció ampliarse. Era un simple parque urbano, en medio de la ciudad, con algunos arboles y un par de caminos, sendas de escasas decenas de metros, pero en aquel momento parecían centenares… Los caminos se alargaban y los arboles crecían y crecían hacia el cielo hasta cubrirlo por completo, creando un ambiente tenue. Las ramas se entrelazaban en espirales, simulando un techo de madera en el que ya ni las hojas eran visibles. La sensación de ahogo y de dolor de cabeza se incrementaban y la angustia aumentaba a cada segundo. Una gélida sensación y el miedo por no encontrar a su familia se apoderaban de su cuerpo, parecía que le absorbía el calor.

 

¡Mamá!, una voz reverberó en aquella gigantesca sala creada en el ya kilométrico parque.

 

Una luz resplandeció durante un segundo tras un arbusto, un destello dorado…y rizado.

Ella comenzó a correr intentando alcanzar a esa luz, sin prestar atención a nada mas a su alrededor, solo el destello dorado que ahora era doble, captaba toda su atención.

Finalmente logró alcanzar a uno de los destellos. Alargó su mano y notó el calor durante un segundo. Tenía entre sus manos la mano de uno de sus hijos. Este se paró, el otro continuó unos metros mas adelante para finalmente quedarse totalmente paralizado también, como si esperase a su hermano. Estaban frente a un lago, un lago que nunca había existido en aquel lugar. Era inmenso y se reflejaba en el una Luna y un paisaje que no se podían explicar ya que los arboles habían techado el parque.

Pero nada de eso la preocupaba ahora, tenía delante de ella a sus pequeños ángeles. Fijó su mirada en la cara de su pequeño y vió como sus grandes ojos azules, penetraban orbitando en los suyos. Fue solo un instante antes de que la luz resplandeciente de los cabellos de su hijo desapareciese en forma de brillante y luminiscente purpurina, ascendiendo hacia el techo del parque. El rostro, la mirada, el cuerpo de su pequeño palidecieron y se fueron dibujando de gris. Una sonrisa invadió por última vez el rostro de su hijo, un instante antes de difuminarse como un paisaje alejado y esfumarse como una ligera niebla matutina.

La voz no salía de la garganta de la mujer, la mano que presionaba su cuello parecía llegar casi a las vertebras. Desesperada, emprendió la carrera hacia su otro hijo.

Antes de alcanzarlo un estruendo sordo resonó en el lugar. Astillas comenzaron a caer de lo mas alto, sobre el lago, quebrándolo como una fina lámina de cristal. Desdibujando aquel paisaje y creando ondas sobre un agua negra, casi petrolífera. El techo se desgarraba y por las grietas formadas se escabullía una luz pálida, fría.

Llegó hasta su otro hijo…estaba de espaldas a ella, mirando fijamente aquel lago negro. Ella lo abrazó arrodillándose, agarrándolo con tanta fuerza como aquella mano invisible apretaba su cuello y ahora también su corazón.

Del rostro de su hijo brotaron dos lágrimas, delineando sus blancas mejillas hasta quedar colgando del final de su rostro. La gravedad arrancó sendas lágrimas del infantil rostro, cayendo ambas en el lago y tiñéndolo de rojo. Ella levantó la mirada y al observar tal echo dio la vuelta bruscamente a su hijo, en el mismo momento en que el destello de sus cabellos lo abandonaba como había abandonado instantes antes a los de su hermano. Todo su ser palidecía de manera idéntica, con una diferencia, en el rostro del niño, cuyos ojos estaban en blanco, aparecieron unas lineas rojas, como dibujadas por unos dedos, como una macabra caricia. Y un nuevo estruendo destrozó en ese instante el entrelazado techo de ramas. Una luna gigantesca, casi como si estuviera a punto de caer sobre la tierra penetraba con toda su luz sobre ella y su hijo el cual en ese preciso instante desapareció. Un nuevo estruendo, un nuevo dolor mas insistente la recorría, la Luna se reflejaba en sus ojos, orbitaba en ellos mientras unas lágrimas brotaban como si del nacimiento de una fuente se tratase, unas lágrimas de plateado cristal, porque comenzaba a entender que sus hijos no se habían perdido.

Cayó desplomada al suelo y sintió unas cálidas manos sobre su rostro y una voz que no entendía pero si reconocía, su marido…allí a su lado.

 

Cerró los ojos en aquel lugar sombrío y abrió su alma, aunque se le pudiera escapar.

 

Solo un instante, una chispa de vida le recorrió el cuerpo el momento justo para que abriese los ojos y cogiese una bocanada de aire, que expulsó la mente de su cuerpo levitando varios metros sobre la escena. Alrededor de su cuerpo inerte, varios sanitarios se retiraban, el desfibrilador estaba siendo guardado en la mochila. Y su marido arrodillado al lado de la cabeza lloraba desconsolado poniendo la mano sobre la cara de ella, una mano que había sentido pero cuyo calor se perdía a cada instante. Los niños que lloraban desconsolados estaban apartados de la escena junto a unos policías que limpiaban el rostro ensangrentado de uno de ellos, el que acarició su pierna cuando ella cerro los ojos, justo un instante antes de que una bala perdida de unos atracadores que huían al sonar la alarma del local que pretendían atracar, atravesase el pecho de su madre truncando un día feliz y estresante como tantos otros, convirtiéndolo en el último de sus días.

 

De repente el ahogo desapareció y todo dejó de causarle daño, todo salvo una cosa, el sentir que no podía cuidar de su familia nunca más. La rabia creció en su interior, el cielo se oscureció esta vez, hizo adelantarse a la noche para llorar toda su rabia bajo su luz, esa luz que cada vez pretendía llevársela de este mundo y con la que luchaba en cada ocasión para tener un tiempo más para contemplar como crecían sus hijos. Aunque para ello cada noche tuviera que decir que no a dar el paso al lugar que ahora le correspondía. Noche tras noche, Luna tras Luna, lloraba y la maldecía por quererse-la llevar. Aunque como bien sabéis lo malo nunca le ocurrió de noche, sino bajo la luz del día.

 

Comentarios

  1. Profile photo of Richard

    Richard

    16 octubre, 2012

    Hola.
    Desgarrador y conmovedor relato. Genera angustia.
    Es muy bueno. La prosa es magnifica.
    Abrazo y voto.
    (Algun detallecito, alguna H., fijate)

  2. Profile photo of LeumasRut

    LeumasRut

    16 octubre, 2012

    Muchas gracias Richard, las H y yo no nos llevamos bien, entre que ellas son mudas y yo sordo… jajajaja. Lo tendré en cuenta y me alegra que te haya conseguido transmitir sensaciones. Un abrazo

  3. Profile photo of

    Osorio.

    17 octubre, 2012

    Es como un sueño donde no te puedes mover, que ves todo tan claro y a la vez te llena de una angustia terrible no poder despertar, porque no ahí donde perteneces, algo falta, o todo sobra, en el exterior, dentro de ti, pero algo no es como debería….gran texto…saludos y voto….saludos….

    • Profile photo of LeumasRut

      LeumasRut

      17 octubre, 2012

      Genial reflexión Osorio, has convertido tu comentario en un microrrelato. Estoy contento de haber despertado tal reflexión con mi escrito. Nos leemos, un abrazo.

  4. Profile photo of

    volivar

    17 octubre, 2012

    Leumas Rut: he leído tu narración con gran angustia; qué vida, que maldad en el mundo, donde los malos, al hacer sus fechorías, se llevan de corbata a seres inocentes.
    Felicidades
    Mi voto
    Volivar

    • Profile photo of LeumasRut

      LeumasRut

      17 octubre, 2012

      Nunca se sabe cuando te puede cambiar la vida, para bien o para mal. Un día te levantas y puede ser el último y eso a menudo se nos olvida. Hay que vivir la vida, expulsando la mayoría de preocupaciones para vivir feliz. Gracias Volivar por tu voto, nos leemos. Saludos.

  5. Profile photo of VIMON

    VIMON

    17 octubre, 2012

    Interesante relato, saludos y voto.

    • Profile photo of LeumasRut

      LeumasRut

      17 octubre, 2012

      Muchas gracias, Vimon. Espero seguir agradando con mis escritos. Un saludo

  6. Profile photo of LadyPepper

    LadyPepper

    20 octubre, 2012

    Desenlace digno de novela, impresionante, mis felicitaciones Leumas Rut….

    Un abrazo fuerte, LadyPepper

    • Profile photo of LeumasRut

      LeumasRut

      21 octubre, 2012

      Gracias LadyPepper, con palabras así solo se puede estar más animado a seguir escribiendo, aunque la novela sean pequeños relatos unidos. Un fuerte abrazo.

  7. Profile photo of Claude

    Claude

    21 octubre, 2012

    Me ha impresionado tu relato. Magnífico.
    Un abrazo y mi voto, Leumas.
    Claude

  8. Profile photo of Beatriz

    Beatriz

    4 noviembre, 2012

    Muy conmovedor y angustioso. Mi voto. Besos

  9. Profile photo of Álex Azkona

    Álex Azkona

    4 noviembre, 2012

    Bien. Te animo a seguir escribiendo. La ortografía y las ideas te iran llevando hacia un estilo más definido. Mi voto, adelante, arriesga.

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