Noche champán rosa

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Ella le miró, apartó la mirada de nuevo, y no dijo nada.

Vida y época de Michael K  – J.M Coetzee.

 

La noche plateada baja despacio por las aceras desnudas de Lima, esa ciudad de reyes y reinas, esa ciudad que en las noches se transforma para la comodidad de los Virgilios, buscando jóvenes que simpáticos ellos, y por un poco de dinero, regalan un poquito de amor. Y, ahí estaba Esmeralda Caquetá, tan alta y tan taconeada, y tan perfumada la loca, con el sostén hinchado de algodón, llevaba el dinero que pronto un joven púber lo tendría tras la retina, rogándole a la loca linda.

Hace frio y está desierto, pero eso no importa para la lujuria de la loca que está ahí, tambaleando con sus tacos altos, buscando al príncipe de la otra vez, un chico que vende dulces y también vende su cuerpo en el azul estrellado de Lima. Esmeralda no lo encuentra y se va rumbo a su casa, en la solitaria Miraflores, un chico alto, delgado, de cabellos claros, y ojos prendidos, lo toca despacio y le sonríe angelicalmente, transformando Lima en una ciudad de rosas, irrepetible. La loca lo mira como un gatito atemorizado, y el joven púber, que no tiene más de 20 años, le toca despacio la cintura, la mira despacio y la atemoriza.

El chico ángel fija un precio y la loca regatea, pero nada puede hacer para ese lindo prostituto que lo tiene con la espalda temblando. Lo mira sosteniendo la respiración y le dice que más cómodos estarían en su departamento.

Enrumban despacio en el taxi, Esmeralda y el joven con olor a cigarro barato; es un joven bello, un chico difícil de encontrar, piensa Caquetá, mientras le soba despacio el bulto púber del rubio acompañante. Le agarra el pecho, temblando soba sus manos con sus labios, el señor que maneja se asquea y escupe, transforma su rostro, intenta no mirar.

Llegan al  departamento de Esmeralda Caquetá, un departamento que se compró hace un año con los ahorros de toda su vida, en la cochera está el auto que se compró con las utilidades del banco donde trabaja. El departamento es acogedor y cómodo, bien decorado, todo de rojo. Esmeralda, abre un champán de rosas, guardado para ocasiones especiales. El joven que se hace llamar Charlie, mantiene la calma y toma al champán con toda la tranquilidad del mundo, mira todo, ojea cada cuadro, la cocina. Se para y mira hacia la ventana, mira ese lindo titubear de Lima borracha y sigue tomando y con copa en la mano abre el frigidaire, y sostiene el dulce lento de su quietud.

Esmeralda Caquetá saborea al carmín rojo de su dulzura y se acerca lento al joven rubor de la urbe limeña. Lo toca desesperadamente, manoteando el aleteo homosexual en el pecho lampiño de ese joven. Lo besa desesperadamente en el rojo de su pasión hétero, rasguñando el odio hacia ese dios que lo dejó tan abandonado.  Toca su cuerpo frágil como la de un dios delgado y bello, besa su pubis donde sobresalen sus huesos y sigue, el joven tirita de excitación,  jala el cabello de Esmeralda y este le pide más y más.

Son las dos de la mañana y Esmeralda está con la cabeza en el estómago del chico, pero él quiere irse, quiere ducharse porque siente en su cuerpo la escarcha asquerosa de esa pobre loca tirada boca abajo, dibujando su vida rosa. Esmeralda, quiere que el joven se quede y el rubio Charlie, sólo quiere dinero. Charlie se ducha y Esmeralda va tras él, lo abraza, lo besa. Charlie está asqueado, no quiere más. Suficiente. El parqué marrón del departamento se ensucia con el agua que brota del cuerpo joven y delgado de Charlie. Esmeralda reniega, por tan poca delicadeza, se va a su habitación.

Es la mitad de la madrugada y Charlie aprieta el omoplato de Caquetá con una filuda chaveta, pronunciando horribles insultos a la dulce Esmeralda.

Treinta y cinco puñaladas. La sangre confundiéndose con el agua en el parqué marrón. Charlie con las manos rojas de sangre rosa. Esmeralda, maldiciendo a ese dios que se equivocó en ella.

Charlie vive ahora en ese departamento y usa el carro de Esmeralda Caquetá, susurra despacio todas las noches el nombre de Esmeralda, en esa Lima azul que tantas sorpresas nos brinda, en esas noches que tantos chicos confundidos como Esmeralda Caquetá,  mostrando el taco alto en el otoño festival de muchachos vendiéndose.

Comentarios

  1. Profile photo of LUCIA UO

    LUCIA UO

    10 octubre, 2012

    Que triste historia.

    La soledad es común a todos independientemente de nuestra idiosincrasia, edad, sexo o religión. ¿Acaso todos no deseamos lo mismo?
    Un poco de amor… Posiblemente lo que buscaba Esmeralda Caquetá era alguien que la quisiese y aceptase tal y como era, a pesar de su homosexualidad, máxime cuando en nuestra cultura latina todavía se estigmatiza a quien no tiene igual preferencia sexual que los demás… Debe ser muy difícil ser homosexual y encontrar el verdadero amor, en nuestros países donde reina el machismo y la discriminación.
    Me encantó tu historia. Dios quiera que algún día aprendamos a vivir, aceptar y amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos, porque no debemos olvidar que todos somos uno y somos el espejo de lo que aborrecemos, detestamos, criticamos y discriminamos.
    Un gran abrazo y mi voto.
    Afectuosamente,
    Lucía

    • Profile photo of EduardoFlores

      EduardoFlores

      10 octubre, 2012

      Buscan amores, pero en una mala pasada de la vida no lo encuentran, se desvían y suceden desgracias como esta.

      Gracias por leer y por tomarte el tiempo por el comentario, eres bastante amable.

  2. Profile photo of alca

    alca

    10 octubre, 2012

    Un relato tan triste como realista, y muy bien contado. Felicitaciones literarias y voto al corazón rojo.

  3. Profile photo of

    Lidyfeliz

    11 octubre, 2012

    Cuanta sensibilidad para describir la soledad, Eduardo. Mi voto

  4. Profile photo of Esther.A.P.Ruinervo  (Sofista)

    Esther.A.P.Ruinervo (Sofista)

    19 octubre, 2012

    Bello, al mismo tiempo que triste, escrito. Tanta soledad y tanta confusión, tan abandonados a pesar de ser tantas personas en el mundo… Y la búsqueda del amor…
    Saludos y mi voto

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