El jinete de Abulabbas

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Muchos son los años que han pasado desde que mis ojos vieron por primera vez el palacio de Aquisgrán. Montaba a lomos del elefante blanco Abulabbas; escoltado por la embajada que mi señor el califa Harun al- Raschid dispuso para hacer entrega de valiosos regalos a su amigo y aliado el emperador Carlos. Todavía resuenan en mis oídos los vítores de las gentes que  desde la ciudad seguían asombrados a un animal nunca visto hasta entonces en Occidente. Yo compartía su felicidad porque, después de un viaje de cinco años, podría volver a Bagdad para poder casarme con mi amada Judith.

Pero esa alegría desapareció como el rocío de la aurora. Tras ser recibidos por el mismo emperador, los médicos de palacio le informaron que nadie en todo el Imperio tenía ni idea de cómo cuidar, alimentar o sanar a un elefante. Me ordenó entonces quedarme a su cuidado dado que según le habían informado yo era su mouth, su jinete, su cuidador desde que nació. Al apenas conocer su idioma imploré en el mío, al emisario que nos acompañó desde Bagdad, para que informara al emperador que allí me esperaba mi prometida. Pero fue en vano, poseer el único elefante de toda Europa le entusiasmó sobremanera. Me dio su palabra de que informaría de mi situación a través de sus emisarios a la misma Judith para que se enorgulleciera de mí; iba a servir personalmente al emperador de la cristiandad, Carlomagno así proclamado por el mismísimo Papa de Roma.

Aquella noche, y las que siguieron, las pasé llorando mi soledad en aquella fría tierra  tan distinta a la mía, maldiciendo a ese elefante al que un día decidí criar, pese a las advertencias de los viejos de mi aldea que consideraban de mal augurio el nacimiento de una criatura albina.  Ese augurio se cumplió cuando el día anterior a mi boda con Judith, un soldado del califa me ordenó partir con Abulabbas con la embajada a Occidente, pues había decidido ofrecérselo al emperador junto a otros regalos. “¿Por qué yo y mi elefante?”, pregunté. “Por judío y por albino”, me respondió.

Una mañana mientras cepillaba a Abulabbas en la casa de las fieras, como así se llamó el recinto donde se guardaba en las afueras del Palacio, me sorprendió la presencia de la mujer más hermosa que jamás vi. Vestía una camisola blanca y calzas. El viento parecía acariciar su larga melena rubia coronada con guirnaldas de flores. Me miraba con cara divertida y me decía cosas que apenas entendía. Se acercó y comenzó a cepillarlo mientras tarareaba una canción. Puso la mano sobre su pecho y escuché su nombre: Gisela. Yo hice lo mismo y le dije el mío, Isaac. Sus visitas se repitieron día tras día, y pronto supe que era hija del emperador pese a que su vestimenta difería tanto de la de sus altivas hermanas que llevaban cubierto su pelo con un velo y bellas túnicas, doradas o lilas, de seda. Siempre lucía una sonrisa y no tenía reparos en juguetear con el elefante ni en enseñarme a hablar su lengua.

Poco a poco el recuerdo de Judith ya no apenaba mi corazón tanto como lo alegraba la  presencia de Gisela. ¿Tan frágil era mi amor?, ¿tan vacías mis promesas de fidelidad que los años transcurridos sin verla hacían que mi pecho ardiera por otra mujer? No debía ser así, era necesario que volviera a Bagdad, pero no podía hacerlo mientras Abulabbas viviera. Y así decidí una noche verter un preparado, que le haría morir, en el barreño donde bebía agua. Sentí hastío al verle, confiado, dispuesto a saciar su sed, como una ofrenda inocente a un sacrificio. Acaso no era yo el único culpable de que mi corazón clamara por quedarse en Aquisgrán con Gisela. Yo era el que debía beber de esa agua y corrí dispuesto a sumergir mi cabeza en el barreño. En ese momento Abulabbas lo volcó con su pata como si supiera el contenido. Me abracé a él y él rodeo mi cuello con su trompa. Nunca sabré si fue un abrazo de redención, pero así lo tomé.

Y llegó el día, en uno de los paseos que terminaban con Abulabbas bañándose en el Rin, en el que mi cuerpo de piel oscura se unió con el de Gisela. Allí, bajo la arboleda, yací con quien jamás sería mi esposa ni la madre de mis hijos. Gisela me acarició el pelo “no pienses en lo que pasará, piensa sólo en amarme día a día”, dijo. Me contó el gran amor que su padre sentía por sus hermanos y, especialmente, por ellas. Tanto que nunca las dejaba abandonar el Palacio sin él. Tampoco aceptó desposarlas con ningún pretendiente de la alcurnia que fuera con tal de poder verlas cada día. Por eso sus hermanas, siempre con discreción, tenían encuentros con hombres de palacio, como lo hacía Berta con el poeta Angilberto. De esta manera consumábamos nuestro amor en recodos escondidos, a deshoras en las termas o incluso en su alcoba. Para no levantar sospechas entre la guardia llegué a explicar que los paseos nocturnos eran saludables para Abulabbas y con ello podía deambular a mi antojo por el Palacio. Siempre bajo el cobijo del elefante nuestras almas se desnudaban y compartíamos ilusiones rotas y deseos escondidos; como era su anhelo por conocer las tierras que había más allá de Aquisgrán, por las que tanto me preguntaba, y que sólo podía conocer a través de sus maestros en la Academia palatina.

Pero la felicidad no pertenece a los siervos si no a sus señores y llegó el día en el que el mío quiso que fuera con Abulabbas a una guerra contra los normandos en tierras danesas; quería utilizarlo como lo hacían los reyes persas. Traté de explicarle que los elefantes de guerra debían ser entrenados desde su nacimiento si quería que fueran útiles en la batalla. No me escuchó como tampoco lo hizo años atrás. La noche anterior a la partida hubo un eclipse de luna, abrazada a mí, Gisela lloró al creer que era una mala señal. Para consolarla le expliqué que sólo era la consecuencia del movimiento de las esferas celestes concebido por el griego Tolomeo, como me explicó una vez un sabio en Bagdad. Otra vez hice caso omiso a los augurios.

Cuando regresé cinco años después lo hice sin Abulabbas que falleció no por las flechas pero si por el frío y lo que era peor con la palabra del emperador de que ya debía volver a Bagdad. Gisela seguía igual de hermosa como la conservaba en mis recuerdos y tras llorar la muerte del elefante nos amamos por última vez.

Yo no podía quedarme en Aquisgrán sin explicarle el motivo a su padre y éste jamás aprobaría nuestro amor. Por eso decidimos marcharnos de noche y quedamos en la casa de las fieras. Ya tenía recogidas mis provisiones y preparado el caballo cuando apareció no la bella figura de Gisela sino la regia presencia del emperador. Por su mirada comprendí que se había enterado de nuestros planes. Se quedó de pie sin decir nada. Su figura alta y poderosa me hacía más pequeño mientras trataba de explicar cuanto amaba a su hija. Finalmente me habló. “Como hombre entiendo tu proceder, como emperador nunca podré consentir que un siervo judío se despose con una hija mía, como padre no podría soportar que Gisela abandonara Aquisgrán”. Me dijo que no debía temer por mi vida, así se lo había prometido a su hija, pero me ordenó marchar. Y partí de noche, en silencio,  a lomos de un caballo rumbo a ninguna parte; pero, sobre todo, sin ella.

Comentarios

  1. Profile photo of Eva.Franco

    Eva.Franco

    24 enero, 2013

    Hermosa historia David, muy bien contada. Me encantó, sólo lamento que el pobre hombre se quedó sin Judith, ni Gisela y sin el fiel elefante que lo acompaño.
    Mi voto y un abrazo.

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Muchas gracias Eva por tu lectura. Si al final se queda sin nada pero también ha vivido sensaciones como pocos en aquella época. Era un siervo y el futuro no le pertenece. Un abrazo

  2. Profile photo of

    volivar

    24 enero, 2013

    Davidrubio: narración hermosa, muy interesante.
    Yo le quitaría a: “el mismísimo Papa de Roma”, lo de Roma, dado que no en ninguna otra ciudad hay estos dignos personajes (cierto, los ortodoxos tiene algo semejante, pero le llaman Patriarcas).
    Mi voto
    Volivar

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Me alegro que te haya gustado. Gracias por tu certero apunte, quise añadirlo para darle más pomposidad a la declaración pero es cierto que es una redundancia. Miraré si puedo corregirlo en la entrada. Nunca estaré lo suficientemente agradecido por tus lecturas y comentarios.

  3. Profile photo of Maria Enriqueta

    Maria Enriqueta

    24 enero, 2013

    David una historia de amores traicioneros, amores imposibles pero amores al fin.

    Y eso es lo que vale.
    Amar es el privilegio de algunos y el sufrimiento de otros.

    Desde ya mi voto.

    Un fuerte abrazo.

    María Enriqueta

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Valoro mucho tu comentario. Este relato me ha costado bastante. Lo cierto es que no es el tipo de relato que se me suele ocurrir: romántico e histórico y además con un tono medio poético. Prometo seguir leyendo tus poemas a ver si se me paga algo. Un beso a ti también

  4. Profile photo of RafaSastre

    RafaSastre

    24 enero, 2013

    Bien, David, una historia muy bien diseñada y perfectamente contada.

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Muchas gracias Lu por estar siempre ahí. Un beso muy grande

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Gracias Mariana, y gracias por tus poemas de los que aprendo y disfruto. Un beso

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Gracias Lourdes. La historia, por supuesto, es inventada pero los personajes no. Me encanta la Alta Edad Media y se me ocurrió al leer la vida de Carlomagno. Pues sí Abulabbas fue el primer elefante que piso Europa.

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Valoro mucho tu opinión porque me siento muy cercano a tu forma de narrar y tus relatos. Un abrazo

  5. Profile photo of 1000Luna

    1000Luna

    24 enero, 2013

    Brillante historia, David. Me encantó, pero hay más ¿no? :-)
    Escribes muy bien y tienes una imaginación increíble. Gracias por compartir.

    Un abrazo y mi voto.

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Gracias 1000Luna, no,de momento no. Este relato es un poco extraño en mis historias, que tampoco son demasiadas. Quise hacer un relato de amor ambientado en otra época. Bueno me aproveché del Vita Karoli de Eginardo que es muy chiquito y describe con minuciosidad la vida doméstica de Carlomagno. Me encanta la Alta Edad Media, a veces pienso que lo hermoso de la humanidad terminó con el Renacimiento. 1000Luna no tengo palabras para agradecerte tus comentarios, han sido muy importantes para mí.

  6. Profile photo of 1000Luna

    1000Luna

    24 enero, 2013

    Una cosa más, qué guay el dibujo y además se mueve al darle a la flecha, es la primera vez que lo veo.

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      25 enero, 2013

      Sobre las dichosas imagenes en los relatos creo que podría salir, en mi caso, un relato cercano al gore. He tratado de subir una en todos los relatos, para la abeja reina dibujé una niña un tanto peculiar, pero, o bien salían descuadradas, o bien salían la mitad, o no salían. Y eso que he camibado tamaños, formatos, recortado,… Es una guerra perdida. Sólo me han salido en tres. Este dibujo en concreto es mío. Lo dibujé a lápiz, lo rotulé y luego lo escaneé y retoqué en el paint. Bueno mi sueño en su día fue ser dibujante de comics. Lo del movimiento que dices no me hagas explicarte como ha salido así porque no tengo ni idea, cuando lo vi encuadrado ya no toqué nada más

      • Profile photo of 1000Luna

        1000Luna

        25 enero, 2013

        Hola, David. Bueno, lástima que no tenga una segunda parte esta historia, quizá con el tiempo, la verdad es que pienso que da para más, y más teniendo en cuenta tu capacidad para escribir.
        En cuanto a lo de subir las ilustraciones, no sé si has probado cuando tengas un problema a mandarles un email o mensaje vía facebook a Falsaria, son muy atentos y quizá te puedan explicar como hacerlo bien.
        Me encantaría ver ese dibujo de la abeja reina. También seria bueno que pusieras tu nombre en los dibujos que sean tuyos.
        A mi me fascinan las personas que saben dibujar bien, tengo varios amigos en Facebook del mundo del cómic y me encanta ver sus ilustraciones.

        Un abrazo, David y buen finde.

  7. Profile photo of Jeremiaswayne

    Jeremiaswayne

    31 enero, 2013

    Preciosa historia, y contada con maestría. Mi voto y mi enhorabuena.

    • Profile photo of DavidRubio

      DavidRubio

      1 febrero, 2013

      Gracias Jeremias. La verdad es que me costó escribirla no soy demasiado romántico y me obligué un poco. Me alegro de que te gustara. Un saludo

  8. Profile photo of Amparo Hoyos

    Amparo Hoyos

    12 febrero, 2013

    Caramba, David, esto sí que es un CUENTO. Así, con mayúsculas. Me ha parecido precioso. Una historia de amor, amistad, fidelidad… contiene todos los ingredientes que podamos desear para pasar una rato inolvidable con su lectura. Mi enhorabuena y mi voto.

  9. Profile photo of AmilcarMartinez

    AmilcarMartinez

    15 julio, 2013

    Qué historia David! Bien ambientada, con singularidades que la tornan interesante y le otorgan un toque de distinción! Contundente relato! Abrazos y mi voto?

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