Reloj de arena

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Ella se sentó en el parque como todas las tardes a dibujar; no hacía frío a pesar que ya era otoño y los árboles se teñían de naranjos, violetas y verdes amarillentos. Ella llevaba su bloc de dibujo, varios grafitos y un reloj de arena. Su querido reloj era un regalo que le había hecho su abuelo antes de morir; y aunque al principio no le había encontrado utilidad, le gustaba jugar con él y recordarlo. En cada vuelta que le daba, la arena caía constantemente hasta marcar que treinta minutos habían transcurrido.

Un día ella se propuso hacer algo más que sólo admirar la arena caer, desde ese día cada dibujo que ella hacía era un desafío contra el tiempo. Colocaba el reloj a un costado suyo y trataba de plasmar sobre la hoja en blanco, lo que más pudiera del objeto o paisaje a dibujar. Con toda rapidez y con la mayor cantidad de detalles posibles, se esmeraba al máximo hasta ver caer el último granito de arena.

Esa tarde el viento botaba las hojas ya enrojecidas y vio a un joven muchacho que estaba sentado en una banca frente a ella. Se veía normal, pero a la distancia tenía un dejo de melancolía en su mirada. Era misterioso e interesante para dibujarlo, ella colocó el reloj a su lado y comenzó su dibujo. Pero sin darse cuenta, en esta ocasión comenzó a captar muchos más detalles de lo acostumbrado y coincidentemente al acabarse el tiempo, él se levantó de su asiento y se marchó.

Ella no lo podía creer, jamás antes había dejado un retrato inconcluso.

—¿Qué haré ahora?… ¿Volverá a venir mañana?… ¿Tendré la oportunidad de terminar su retrato?

Llena de esperanzas, ella volvió al día siguiente a la misma hora y lo encontró allí sentado en la misma banca. Se apresuró a reiniciar el dibujo donde lo había dejado el día anterior, colocó el reloj nuevamente y tiraba líneas rápidamente. Cada detalle que quería registrar le tomaba mucho tiempo. Capturó con mucho talento el pliegue de las ropas, la posición de los pies, la caída de su pantalón y antes de concluirlo, al caer el último grano de arena, él se había ido otra vez.

Decepcionada nuevamente, y sabiendo que él había estado en ese lugar desde antes que ella llegara, se propuso llegar mucho antes al día siguiente y así poder concluir con éxito su retrato.

Tal cual lo había planeado, al otro día llegó una hora antes de lo habitual. Abrió su bloc y se acomodó en el mismo lugar. Hasta ese momento sólo había avanzado en la parte inferior de su cuerpo y algunas zonas de la banca donde él se sentaba. Mientras que del fondo sólo tenía algunas líneas referenciales.

Como él no llegaba aún, se concentró en avanzar los detalles del entorno. Colocaba el reloj y dibujaba laboriosamente; tres vueltas le dio pero él aún no había llegado.

—¿Qué lo habrá retrasado? —pensaba ella mientras seguía dibujando.

Cayó el último granito de arena y se marchó decepcionada.

—Quizás no lo vuelva a ver… —pensaba mientras caminaba— ojalá tenga la oportunidad de terminarlo mañana.

Miraba el dibujo lleno de detalles, sombras, brillos y sólo faltaba él, su cara melancólica, sus ojos solitarios y esa presencia misteriosa que la cautivó. Dos veces lo había dejado ir y tenía claro que ahora no podía avanzar sin él. Al cuarto día nuevamente llegó más temprano que de costumbre y se preocupó de terminar cada detalle faltante

Todo el entorno estaba listo cuando lo vio venir, su corazón se exaltó. Él se sentó donde siempre y ella muy emocionada comenzó a tirar líneas nuevamente. Capturó cada detalle de su cara a la perfección, sus labios y su barbilla; pero por más que lo intentaba, no lograba capturar su mirada penetrante, melancólica y pensativa.

Inesperadamente él se levantó del asiento y caminó hacia ella. Sin decir nada, sólo acercó su cara para que lo observara bien. Ella comprendió que le prestaba sus ojos para terminar el retrato. Su corazón latía fuertemente y hasta podía sentir su perfume invadiendo el aire que ella respiraba. Pero por más que intentaba sujetar con firmeza el grafito y dibujarlo correctamente, se sentía perdida en sus ojos melancólicos.

La adrenalina fluía inconteniblemente y no conseguía calmarse. Sentía sus labios secos y se los humedecía de vez en cuando. Sus manos temblaban si control al verlo tan cerca. El reloj dejó caer su último granito de arena. Él se acercó un poco más y la besó en los labios, luego se alejó de la misma manera misteriosa que apareció en su vida. Ella nunca terminó el retrato, pero lleva esa mirada grabada dentro de su corazón.

Freddy D. Astorga

http://metropolis-vii.blogspot.com

 

Comentarios

  1. Profile photo of Mabel

    Mabel

    11 abril, 2013

    Me ha encantado el cuento, un abrazo y mi voto

  2. Profile photo of Eva.Franco

    Eva.Franco

    11 abril, 2013

    Excelentemente bien narrado. Mantienes la emoción de principio a fin, definitivamente es un género que dominas muy bien.

    Mi voto amigo y un fuerte abrazo.

    • Profile photo of metropolis_vii

      metropolis_vii

      12 abril, 2013

      Muchas gracias Eva, este es uno de mis primeros relatos, Me gusta manejar ese momento de intriga hasta el final. un beso querida Eva

  3. Profile photo of VIMON

    VIMON

    12 abril, 2013

    Muy buen relato, Metro. Saludos y mi voto.

  4. Profile photo of SALAMANDRA

    SALAMANDRA

    12 abril, 2013

    Excelente relato Metropolis pero no puedes dejar el cuadro inconcluso…

  5. Profile photo of

    volivar

    13 abril, 2013

    metrópolis: tus narraciones siempre las dejo para el último, pues intento analizarlo todo, digo, por aquello de aprender a escribir de un maestro, que no se queda en la simple descripción de lo que ve, a manera científica, apegada a la realidad; tú le das vida a lo que observas, convirtiendo la descripción en una narración en la que vuelcas tus sentimientos, dándole vida interior, haciendo, en suma , una otra de arte.
    Te felicito, amigo.
    Eres uno de los grandes de la red.
    Mi voto
    Volivar

    • Profile photo of metropolis_vii

      metropolis_vii

      13 abril, 2013

      Te agradezco Volivar tus comentarios, fue un estilo que incorpore desde mis inicios y que gracias a las crticas y apoyo de mis lectores he ido perfeccionando. Falsaria como grupo, y en particular las personas que dejan su parecer me han ayudado a seguir adelante y a redefinir ciertas cosas en mi forma de escribir.
      Mil gracias y espero tenerles noticias pronto de los libros que estare publicando.

      un abrazo

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