Algún día, iremos a París

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Algún día, iremos a París. Algún día, no sé muy bien cuando, pero algún día, esta puta ruina que nos atenaza, que nos obliga a ver pasar la vida desde la ventana de este piso, sin permitirnos tomar parte de ella, pasará. Se acabarán las tardes muertas, aburridas. Fíjate que te digo París, que lo tenemos cerca, como quien dice. Hablo de ir allí como si fuera ir a la otra punta del mundo, como si fuera ir a Nueva Zelanda o a Japón. Hoy en día viajar a París es muy fácil, pero las cuatro perras que vale el viaje nos parece excesivo y de momento nos tenemos que conformar con soñar.

Pero algún día iremos a París, te lo juro por mi vida. Iremos a París y buscaremos las huellas de Piaf en Montmartre. Allí rezaremos el L’Hymne à l’amour en su honor y cuando llegue la parte en la que dice Si un jour la vie t´arrache à moi, si tu meurs que tu sois loin de moi, peu m´importe si tu m´aimes, alzaremos una botella de vino, su bendita leche maternal, y brindaremos por ella y por nosotros y por todos los días que han de venir. Luego iremos a Place Pigalle, que por siempre será de Maurice Chevalier, y bailaremos Une valse à mille temps. No te extrañes si se me escapa una puta lágrima al recordar a Brel, ya sabes que lo amo. Por él será el cigarro que me fumaré tarareando Le moribund.

Algún día, iremos a Paris y tú subirás a lo alto de la Torre Eiffel. Yo te esperare abajo, porque me aterra pensar que desde arriba pueda ver el humo de esta España que empieza arder. Cuando bajes, me contarás que es verdad, que has visto España derrumbarse desde París y yo te diré «¡Te lo dije!» y nos reiremos amargamente, como siempre se han reído los exiliados, y nos besaremos y nos abrazaremos fuerte como si quisiéramos rompernos y agarraré por los huevos al tiempo para que no pase, para que ese momento en el que me clavo en tus ojos bajo la melancólica tarde de París se haga eterno y te diré, con acento de el Zaidín, Je t´aime.

Algún día iremos a París y al volver, me sentaré frente al ordenador. Tú te irás a trabajar, con los ojos de nuevo tristes por volver a enfrentarte a la puta realidad, y yo pondré algo de Aznavour y escribiré que nos emborrachamos como cerdos en el Café de Flore y que por culpa de la absenta charlamos con Rimbaud, con Baudelaire, con Touluse-Lautrec, con Manet, con Truffaut, con Éric Rohmer. También escribiré que mientras hacíamos el amor, desde la habitación de nuestro hotel el Sena parecía una bandeja de plata.

Escribiré, de una maldita vez, que por fin fuimos a París.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    26 septiembre, 2013

    Parece mentira que tantos españoles emigren a otros paises porque aquí no encuentran sustento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de Alvaro.Iranzo

    Alvaro.Iranzo

    26 septiembre, 2013

    Esa es la triste realidad…

    Muchas gracias, paisana, otro abrazo para ti.

  3. Imagen de perfil de DavidRubio

    DavidRubio

    26 septiembre, 2013

    Es un relato con mucho sentimiento y muy bien escrito. Felicidades

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