Es un fantasma

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La luna esta llena esa noche y brilla como un diamante anclado en el cielo nocturno sobrepasando los obstáculos, aunque la niebla reinante se torna espesa y hace escasa la visibilidad a no ser por lo más cercano. Dos hombres, vestidos de vagabundos vigilan el lugar, mientras calientan sus manos en los ramajes del fuego. Los árboles, pelados de hojas, invitan al silencio profundo y misterioso cual esqueletos naturales del clima.

Una grabación del gerente del local alcoholizado en el bar Marchal, es el mapa perfecto para el suceso.

Muchos años de estudio han pasado para pulir los detalles. El túnel fue hecho a pulmón de la ambición. Las alcantarillas de la metrópolis son las vías perfectas, no solo de las ratas sino también para el conducto del gran suceso. La hora secreta ha llegado. Diez hombres se dirigen por las arterias que van de la calle Richar a Pliston. A las afueras, dos supuestos vagos aseguran la acción. No tardan en llegar. Irrumpen por detrás de uno de los cuadros de Picasso, usan gomas magnéticas que se adhieren a las paredes como las telas de arañas y, como tales se deslizan. Nadie ha visto el gran agujero. Burlan todas las alarmas. El oficial de turno -algo dormido- no logra advertir su presencia. Uno de los hombres de negro, totalmente encapuchado, saca un arma de fino calibre y efectúa un solo disparo. El silenciador no permite advertir el estruendo. El policía cae abatido contra la pared, tambalea y se raspa contra ella hasta desplomarse.

La sangre es el lenguaje de que el disparo fue certero. Los ladrones se deslizan de tal manera que ni una sola de las cámaras puede apreciarlos. Todo ha sido calculado con precisión quirúrgica. Las alarmas, las cámaras, las trampas ocultas de silencio. Giran la llave de la caja fuerte: f,g,008hi,alfa, la clave es exacta. Los montículos de oro y dinero son depositados en grandes bolsos. Los intrusos regresan de camino, siempre inadvertidos por todos. El banco Dorado ha sido robado. Todos desaparecen de manera increíble.

La policía llega a las tres horas del delito, después de que una de las alarmas se activara tardíamente. El oficial Milen ha sido gravemente herido. Ha sangrado demasiado. Pero la bala no fue tan eficaz como para matarlo. Todos habían anunciado su muerte.

El ejército de ciudad Zeta, y todas las fuerzas de seguridad recorren los alrededores buscando pistas. Alrededor de veinte perros olfatean los linderos. Nada descubierto, solo el túnel, un túnel sin rastros, incierto hacia la nada y, algunos que otros harapientos disfraces junto a las cenizas de aquella fogata ya desvanecida, cercana al ombú de la plaza Rimbó.

El hecho sale en todos los medios de comunicación. En las primeras planas de los diarios como el gran robo. El robo del siglo XXI. Los reporteros preguntan a los gerentes:

–¿Cómo creen ustedes que ha sucedido esto?

–No lo sabemos con certeza. Es inexplicable que hayan burlado todas las vallas de seguridad e incluso las invisibles. Solo las arañas domesticadas podrían hacerlo.

Después de un largo mes, casi cuando todos hubieron olvidado el hecho, el experimentado oficial Milen se ha recuperado de la flecha en fuego de plomo. Es un milagro de la ciencia el que ha esquivado a la muerte. Biólogos y especialistas de la aleación genética han probado en él un nuevo implante hormonal. Su cuerpo respondió perfectamente al experimento, las células heridas se vieron regeneradas muy deprisa. Es el primer hombre que posee células de animal entre las suyas, una combinación que le beneficia en plasticidad y fortificación muscular, además de una detallada visión a distancia, es el resultado de lo invencible. Decidido a todo, sobre todo ha hacer justicia, salió del hospital donde se internaba con un aura sumamente electrizante.

Por desgracia, nunca pudo ver los rostros del crimen. Pero está decidido ha ir por ellos y hacer justicia. Regresa al banco la misma noche en que los médicos le han dado de alta. Observa todos los rincones, divisa una leve marca sobre la pared. Corre el cuadro de Picasso, salta ágilmente y entra por el túnel. Camina hacia el final de la calle Richar, sin ser visto por la sociedad que deambula por encima de los drenajes. Tiene una lupa natural en sus ojos, sigue observando cada rincón, ve un pétalo de jazmín disecado e incluso un hueso puntiagudo, con el cual pudieran haber escarbado, olfatea cada milímetro donde pudieron estar las pisadas de los criminales. Sabe que solo existe un lugar donde huesos y flores se reúnen en soliloquio. El cementerio Morden.

Otra vez la noche es más noche entre espejos de humedad. Milen entra al Morden, se ha vestido de cuidador. Entre los sepulcros y las cruces, un sospechoso se mueve ante la soledad de los muertos. Milen lo ve entrar a una especie de capillita. Lo sigue y lo espía sin que pueda dar cuenta de su presencia. Lo hace por un ventanal de vitrales resquebrajado. El sospechoso viste de negro. Abre la tumba. Hace a un lado los huesos. Corre un cráneo. Milen sabe que algo oculta. El sospechoso se va, sale del cementerio. Milen entra a la capillita rápidamente, baja los escalones mientras va cortando con sus manos en tijera espesas telarañas y, al frente de una cruz de cristal prácticamente cubierta por el polvo, indaga la tumba y encuentra el tesoro.

A la misma hora del día siguiente, la banda ha acordado reunirse. Es la noche de las noches, la hora señalada en que se decidirán los actos y se proyectará el mapa a seguir.

Se ha acordado que trasladarán el tesoro bancario por crucero al otro lado del mundo.

Allí será demasiado lejos como para que puedan encontrarlos, el continente africano

es el sitio más seguro y está en sus planes. De esa manera serán millonarios para siempre. El capitán de la banda regresa al cementerio, mientras la sociedad duerme plácidamente. Lo hace antes que el resto de la banda. Allí se encontrarían para huir. Baja los escalones, como cada noche en la cual regresó para resguardar las reliquias, abre la tumba, corre los huesos y se le salen los ojos.

–Maldita sea, alguien a robado el dinero.

Un ladrón que le robara a un ladrón y que con inteligencia académica, le dejó una grabadora.

El jefe de la banda presiona el botón de encendido y escucha:

–El dinero será devuelto a sus propietarios y tú y tus secuaces irán a parar al calabozo. Con los nervios crispados, el sudor comenzó a consumirlo. Al girar hacia atrás -de manera mecánica- apareció Milen a pasos pausados. Lentamente se movió entre el resplandor que entraba por los vidrios. Enteramente vestido de blanco. Un blanco extraño.

–No puede ser, es un fantasma, yo te he matado. Te vi caer abatido el día del robo perfecto –con los labios temblantes logro decir uno de los gerentes del Dorado.

Hubo un cruce de ojos como estacas. El gerente sacó una ametralladora de su chaqueta y emitió disparos interminables, todos golpearon en el cuerpo semejante a un metal blindado de Milen. El ladrón lanzó la ametralladora que había quedado sin cartucho y salió corriendo hacia los pasajes del tenebroso cementerio, asustado y despavorido, intentando por todos los medios humanos de escaparse. Milen dejó que se escabullera. Le dio la suficiente ventaja. Luego lo persiguió de una manera sobrehumana. Era un hombre pantera. Se movía como las fieras utilizando sus brazos y sus piernas que lo impulsaban a una velocidad que la mente del hombre jamás comprendería. Ahora era cien veces más flexible y fuerte que ninguna otra criatura sobre la Tierra. Saltó y trepó entre las tumbas acortando el camino. Nada ni nadie parecía detenerlo. Parado entre la punta de una cruz de piedra se lanzó hacia el gerente, de tal manera que le fue imposible evadirlo. Lo tomó por la chaqueta negra, y casi ahogándolo le mostró sus garras y colmillos. Pudo degollarlo en aquel instante, vengar el intento de su muerte, exterminar al enemigo, pero lo dejó vivir. Entre las últimas horas, a la madrugada, lo ató a la puerta del banco junto al paquete del tesoro. La gente pudo verlo amordazado, con su rostro rasguñado y sangrante, tiritando de miedo, con un mensaje sujeto a su cuello que decía: “El crimen tiene los pulmones infectados como para seguir respirando la eternidad”.  El resto de la banda fue arrestada en el cementerio, entre ellos se encontraban algunos policías retirados y soldados del ejército. La leyenda del policía pantera comenzó a vivir, mientras multiplicaba la justicia en los callejones del territorio Zeta.

 

 

Comentarios

  1. Profile photo of guardiña

    guardiña

    5 abril, 2015

    ¡ Fantástico relato de intriga, misterio y un toque de fantasía!! Ufff me encanta como utilizas las metáforas ¡¡Impresionante! Un abrazo muy merecido….

    • Profile photo of Iluminado

      Iluminado

      6 abril, 2015

      Gracias por todos y cada uno de tus comentarios muy reconfortantes. Abrazo para ti.

  2. Profile photo of Vilma

    Vilma

    5 abril, 2015

    Me encanta la expresión “El crimen tiene los pulmones infectados”. Gracias por tu relato

    • Profile photo of Iluminado

      Iluminado

      6 abril, 2015

      Gracias a ti Vilma por tu tiempo de lectura y comentario. Un saludo.

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