‘Español para andar por casa’ nueva obra del magistral Enrique Gallud Jardiel

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Charlar con Enrique Gallud Jardiel (Valencia, 1958), nieto del famoso comediógrafo Enrique Jardiel Poncela, se ha convertido en una especie de hábito saludable. La excusa, como corresponde, es siempre la publicación de un nuevo libro (su bibliografía es ya innumerable), en este caso Español para andar por casa, un libro que todo español mayor de treinta años debería regalar a su cuñado y guardarse una copia para él, acaso porque es una clase magistral de humor inteligente y amor por la lengua. Pero lo dicho: solo es un excusa: su inteligencia y profundo conocimiento del arte de escribir nos reconcilia con nuestro trabajo y nos hace sentir que no todo está perdido, que allí hay gente talentosa dispuesta a defender (y crear en esa defensa) la hermosura de la literatura.

 

Hola Enrique, veo que sigues metiéndote con la lengua y siempre con humor. No das tregua…

Sí, pero habría que fijarse que los temas que empleo para mis libros de humor (la lengua, la literatura) son aquellos que mejor conozco y que más me gustan, aunque por el tratamiento paródico que hago de ellos pudiera no parecerlo. Sobre lo que no te gusta, no escribes; sólo se puede ser medianamente profundo o eficaz trabajando sobre lo que conoces bien.

 

Por otro lado, hemos charlado varias veces sobre algunas de tus obras, Jardiel. La risa inteligente o Historia estúpida de la literatura y en este caso en Español para andar por casa publicas una especie de Diccionario humorístico de la lengua. Además de hacernos reír, ¿qué buscas exactamente con esta nueva publicación?

En realidad no se trata de un diccionario humorístico, puesto que no son entradas más o menos cómicas en un orden, sino una amalgama un tanto caótica y muy variada de escritos cómicos relacionados con las inmensas posibilidades de la lengua castellana. Con esta publicación pretendo varias cosas. La primera es realzar el valor de nuestro idioma, pues —aunque esta afirmación pueda parecer patriotismo barato— es más rico y dúctil y con muchos más matices que otras lenguas. Pero quizá el objetivo más destacado es la crítica feroz de los que lo maltratan, principalmente los medios de comunicación, que son quienes más debían quererlo y cuidarlo, pues que es su herramienta de trabajo. No olvido tampoco a los políticos, que lo destrozan a placer. El tercer propósito de mi libro es, simplemente, la creación de humor, el arte por el arte en el terreno de lo lingüístico.

 

El libro, que es ameno y se lee en un pispás, está en clave de microrrelatos que satirizan todas las [malas] formas de la lengua y su utilización: raros oximorones, refraneros absurdos, propuestas de reformas de la lengua, eufemismos, etc. Es, por decirlo claramente, una obra impresionante ¿Cómo caben tantas cosas en tu cabeza pero sobre todo cómo caben tantas cosas en tu cabeza y que puedas relacionarlas directamente con el humor, con el absurdo?

El humor no es un ingrediente de la literatura, que puedas añadirlo a un escrito en mayor o menor medida. El humor es una postura vital, un punto de vista, una perspectiva. Cuando te instalas en la visión humorísticas de la vida, cuando te pones las gafas «de ver en cómico» todo lo que contemplas se deforma y percibes nítidamente el ridículo, la paradoja, la tontería, el absurdo que pueblan nuestra vida y nuestros actos. No es difícil entonces transcribirlo y escribir satíricamente sobre cualquier tema.

 

Es curiosa la reivindicación que haces constantemente de la lengua (y su definición) en un momento en que, por las razones que sean (globalización, síntesis digital, falta de educación, etc.) cada vez se la maltrata más…

Hay muchos elementos confabulados contra el castellano, muchos más de los que había hace siglos. Antes existían personas culta e incultas y éstas últimas hablaban mal, pero eso se les censuraba. Las formas incorrectas de la lengua eran motivo de burla en los sainetes. Hoy en día, las personas supuestamente cultas y con una formación también hablan mal, y no lo hacen sólo en su casa, sin también desde las radios y las televisiones, proporcionando un ejemplo lamentable al resto de la ciudadanía. La Academia, en vez de regular la lengua, acepta servilmente cualquier palabra incorrecta siempre y cuando la usen muchos. El criterio de excelencia ha desaparecido del castellano y el inglés —que muy pocos conocen bien— se convierte en la lengua de los anuncios, de los títulos de la películas, de los tecnicismos y de los nuevos inventos y hallazgos. Todo esto va en deterioro de nuestro idioma.

 

En relación a este tema, el otro día escuchaba en la radio que Ángel Gabilondo, ex Ministro de Educación, manifestarse en defensa del castellano. Él decía que tal y como están las cosas ―hablaba del mal llamado bilingüismo en los colegios de Madrid―, los jóvenes no saben realmente ninguna lengua, sino que chapucean varias ¿Crees que esto es así? ¿Cómo te sientes en esa defensa del castellano? ¿Sientes, como alguno de nosotros, que cada vez son menos quienes luchan por difundir la hermosura de nuestra lengua aun riéndose de ella?

Yo creo en el bilingüismo sólo hasta cierto punto. Quien pretende hablar bien dos lenguas desde pequeño acaba no hablando bien ninguna de las dos. Esto es un hecho que los especialistas conocen. El estudio de una segunda lengua es esencial, pero no lo es menos el de la primera y éste no se lleva a cabo de la forma debida. Los estudios de la propia lengua —que es algo conocido— deben ir orientados exclusivamente a la eliminación de errores y fomentarse con lecturas apropiadas. El análisis gramatical de las partes de una frase, el saber si una oración subordinada es adjetivas o adverbial o lo que sea es materia para los especialistas y algo completamente inútil para el ciudadano medio. En cuanto a la defensa de la lengua, creo que muy pocos la hacen, en serio o en cómico. La Academia, que es quien más obligación tendría de defenderla, desde luego no cumple su función.

 

Deberíamos contarte que Español para andar por casa se ha convertido en una pequeña reliquia en la Editorial puesto que habla de alguna de las cosas que vemos a diario en los manuscritos que nos llegan, me refiero a esto de usar adjetivos hasta el hartazgo, palabras cuya definición es equivocada, neologismos imposibles… en fin ¿Por qué, alguien que no sabe nada de la lengua desea escribir y que lo publiquen? ¿Por qué se da esa dicotomía entre no conocer la lengua (herramienta básica) y escribir? ¿La ignorancia nos hace ozados?

Alguien puede querer ser escritor no porque le guste escribir o sepa hacerlo, sino por el glamour que a la profesión se le asocia. La gente piensa que para construir un puente son precisos una especialización y unos conocimientos concretos, pero que para escribir unas páginas literarias no es así, puesto que todos sabemos escribir. La literatura es una actividad altamente especializada y de la que hay que conocer muchas técnicas, recursos y procedimientos. Aparte de la calidad del contenido (que se debe al talento), la forma externa de una escrito debe cumplir una gran cantidad de requisitos para obtener una calidad mínimamente aceptable. Pero los ejemplos de personas que escriben horrorosamente y consiguen vender libros (monologuistas de televisión, etc.) sirve de acicate a muchos que piensan «Si éste lo puede hacer, yo también.»

 

Español para andar por casa cobra una mayor relevancia (y diría: justicia poética) al vivir en una sociedad en la cual el Presidente del Gobierno, de manera constante, desprecia el significante de la lengua y es capaz de construir frases (y por medio de ellas un relato) como: «España es un gran país que hace cosas importantes y tiene españoles» ¿Cómo se compite contra esa realidad incoherente?

Los literatos nunca hemos esperado nada de los políticos en lo que a cultura se refiere. La situación actual parece peor, pues entre los líderes habituales no hay nadie con un discurso coherente, ni con un dominio amplio del castellano, por no hablar de conocimientos de inglés. Muchas de las frases que nos han venido proporcionando han sido justamente objeto de burla, por sus defectos o su confusión. Contra eso se lucha como yo lo hago, poniéndolos en solfa y recordando a los lectores los patrones de lo que está permitido o no en la lengua.

 

¿Por qué te motiva tanto escarbar en la lengua, los autores y los refranes para escribir en greguerías en clave de humor?

El instrumento literario de la parodia en el que yo me he venido especializando funciona precisamente mejor con elementos existentes: refranes, idiotismos, adagios… cualquier frase hecha tiene como característica incluir mucho contenido en pocas palabras, por lo que resulta fácil darle la vuelta y quedarse con su versión humorística. Es una forma de rizas el rizo, de extraer nuevos sentidos a una frase, mirándola, como ya he dicho antes, con las gafas de ver cómico.

 

Siempre se le ha achacado a la literatura española falta de humor, a excepción de Jardiel Poncela, Goméz de la Serna y poco más ¿En quién te fijas tú, extranjero o nacional, como referentes de humor?

Hay pocas personas dedicadas al humor elegante, es cierto. En España tenemos Eduardo Mendoza, un maestro del género. Recientemente falleció el novelista Tom Sharpe. Hay un humor de gran mérito en los espectáculos que durante años han venido presentando Les Luthiers… Si nos remontamos más atrás, tenemos a la «generación inverosímil» del 27, con nombres como Ramón, Jardiel, Mihura, Neville, Tono, etc. Y aun antes hubo otra generación un tanto olvidada, la que se denominó «generación simpática del 98», que incluía nombres como Vital Aza, Juan Pérez Zúñiga, Tomás Luceño, Enrique García Álvarez o Pedro Muñoz Seca. Creo que a este grupo no se le ha hecho justicia. En cuanto a mis referentes de humor, son muchos y muy variados, y van desde Quevedo hasta Mark Twain, sin olvidar a los Hermanos Marx.

 

A veces clasificar una obra dentro de un género la amputa demasiada (más allá de los matices) pero si tu tendrías que definir tu obra con cuál o cuáles te identificarías más.

Obviamente mis escritos actuales, lo que aparecen en Español para andar por casa son parodias y sátiras, aplicadas a diversos subgéneros literarios como el cuento de fantasía, el verso humorístico, el falso informe o escrito erudito, etc. Son obras cómicas breves, de tono intelectual y culturalista, con clara intención desmitificadora.

 

¿Pensaste alguna vez en volcar algunos pasajes (breves, concisos) de tu obra en Twitter, teniendo en cuenta que esta red es el paradigma del ingenio, la rapidez y la brevedad?

No tengo especial simpatía por Twitter, debido a su limitación de espacio. En general no soy amigo de ninguna limitación y el gran encanto de escribir humor es la libertad que te proporciona: no tienes los constreñimientos de los ensayos o escritos académicos, donde debes ponderar lo que dices, comprobar tus fuentes, ejercer prudencia, etc. En un número limitado de caracteres poco se puede decir, salvo una consigna abreviada para que el que la escucha no tenga tiempo de cansarse. Pero esos mensajes carecen de matices y el humor precisa de mayores posibilidades de espacio para no quedarse convertido en un chiste resumido.

 


Datos del Autor

  • Nombre: Enrique Gallud Jardiel
  • Género del libro: Gregerías/Humor
  • Nacionalidad: España
  • Bio: Es Doctor en Filología Hispánica por las universidades Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi y Complutense de Madrid. Ha enseñado en universidades de España y del extranjero y publicado más de cincuenta libros sobre diversos temas. Es autor de numerosos artículos, imparte conferencias de forma regular y ha colaborado en diversos programas de televisión y radio. En la actualidad, vive en Madrid.

 

ESPAÑOL PARA ANDAR POR CASA.ESPAÑOL PARA ANDAR POR CASA.
autor: GALLUD JARDIEL, ENRIQUE
editorial: Ediciones Espuela de Plata
isbn: 978-84-16034-44-4
ean: 9788416034444

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¿Cómo escribe Enrique Gallud Jardiel?

Suiza

Durante la época romana la región situada al norte de Italia estuvo habitada por una tribu conocida como los Helvetii. Por esta razón, el país se llama Suiza y yo tiro la toalla y renuncio a explicarlo porque no entiendo nada de nada.

Rio de Janeiro

El día de año nuevo de 1502 un navegante portugués apellidado Gonçalves, que recorría la costa de Brasil, entró en un río y lo llamó precipitadamente Rio de Janeiro [río de enero]. Luego se descubrió que aquello no era un río en absoluto, sino una bahía, por lo que Gonçalves hizo un ridículo de aúpa. En el centro de Rio hay un monumento a Gonçalves en el que los habitantes escupen diariamente, hartos de tener que dar explicaciones a los turistas que preguntan a dónde se han llevado el río que da nombre a la ciudad.

Pakistán

El nombre viene del urdu ‘paka’, «cocido», y ‘stan’, sufijo de lugar. Significa «país de los cocidos» y hace referencia al calor que suele hacer allí.

Holanda

Holanda se llama así porque sus habitantes son muy hospitalarios y corteses. El desglose es ‘Hola’ + ‘andia’, «la tierra del ¡Hola!».

Texas

Algunos colones españoles, procedentes de México, se trasladaron al norte del Río Grande. Se encontraron allí con indios que les recibieron gritándoles ‘Techas’, que significa «amigos». Los españoles eran cretinos y pusieron ese nombre estúpido a la zona. El entendimiento de las culturas autóctonas por parte de los colonizadores extranjeros suele ser de este jaez.

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