La lápida

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La visita al médico confirmó mi ansiedad. El doctor, me recetó unos tranquilizantes, dijo que hiciera lo posible por estar calmado, y también que pasara gran parte de mi tiempo rodeado de naturaleza. Así que, me fui a vivir a mi segunda residencia, situada en el campo. Pasados unos días, noté los efectos sedantes de mi cambio de vida. La tranquilidad volvió. Una mañana salí a pasear por los alrededores y la curiosidad me llevó al cementerio del pueblo. Mi sorpresa fue enorme cuando vi una lápida con mi nombre. Pensé que se trataba de una casualidad, pero cuando retiré unas flores mustias, apoyadas en la cruz de la sepultura, vi mi foto impresa en una oxidada chapa metálica. No había error posible, era yo. Asumí pues, mi condición de muerto viviente con naturalidad, y siguiendo el consejo médico, procuré no alterarme, aunque esa noche, ingerí una dosis doble de tranquilizantes para evitar en lo posible las pesadillas.

Relato incluido en el libro “Liliputiense Negro”.

Comentarios

  1. Mabel

    1 octubre, 2016

    Una pesadilla que te pone el vello de punta. Un abrazo Frank y mi voto desde Andalucía

    • FranLaviada

      1 octubre, 2016

      Muchas gracias Mabel, una vez más por tus positivos comentarios.
      Un cordial saludo.

  2. VIMON

    1 octubre, 2016

    Un micro excelente, Fran. Felicitaciones con mi voto.

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