Entrevista a Isabel Hernández: ‘Gana la banca’

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Buenos días, Isabel. Después de publicar en España tu tercera novela, El tiempo que nos pertenece (www.editarx.es), vuelves a tus orígenes con un libro de relatos titulado Gana la banca. Uno de los elementos que llama más la atención es su estructura, pues el libro está dividido entre narradores femeninos y masculinos. ¿Por qué esta separación?

Ante todo, muchas gracias por ofrecerme este espacio. Festejo que te refieras a El tiempo que nos pertenece porque, si bien esa novela gira en torno a un amor imposible inserto en tiempos de ideales inquebrantables, la historia se sumerge en los vértices torcidos de las relaciones humanas y los conflictos producidos entre mujeres y hombres militantes durante los años 70, la década de las ilusiones revolucionarias.

En Gana la banca, vuelvo a lo mismo, es decir, a remarcar el hecho de que, ante las vueltas azarosas de la vida y de la historia, la respuesta de las mujeres resulta ser muy diferente a la de los hombres, aunque esta vez, en mis cuentos, el registro es más irónico, más humorístico.

Yo no escribo para entretener ni para aletargar, lo hago desde el inconformismo. Por eso, las voces de las mujeres y de los hombres de este libro pertenecen a seres subalternos de la historia. Son seres vulnerables y el devenir de sus acciones también lo son porque a todos los cruzan por igual la ficción y la historia, aunque todos ellos estén lastimados por esta última.

Si bien algunos relatos tratan de hechos y personajes conocidos, la prosa cumple los requisitos que le son propios a la ficción y abre espacios persuasivos, tanto hacia la intimidad y lo cotidiano como hacia los sueños y la fantasía.

Esta es una literatura que no se queja ni se enoja, sino que mira al mundo a la cara y con infinita compasión, pero sin condescendencia.

Gana la banca es un libro de relatos que nos deja solos, solos con nosotros mismos porque nos conecta con promesas y memorias, con lo ameno y lo profundo, y nos hace reír y pensar. Es como si, de pronto, a través de las voces de los diferentes protagonistas femeninos y masculinos, tomáramos conciencia de todo lo que hemos vivido, en una suerte de feedback real, pero con muchas zonas de sombra.

 

¿Qué mensaje has querido transmitir con Gana la banca? ¿Cuál es la línea general que une a estos relatos?

Leemos y escribimos para tener la ilusión de que es posible vivir otras vidas. Por eso, me sorprendo a mí misma ante un mosaico de anécdotas que encuentro atractivas, que he recopilado en este libro y que les brindo a los lectores, a la espera de que también se sientan implicados y las disfruten.

La tragedia y la ventura de muchos de los personajes de este libro es también la de todos nosotros porque tengo la franca impresión de que sus historias son fragmentos movilizadores de vidas pasadas, fragmentos recuperados por protagonistas que, como los cristales de una copa rota, nos hablan de identidades astilladas en muchos pedazos. Surgen sentimientos y pulsiones que hacen que el lector se reconozca en algunos personajes o se revelen semejanzas con otros de nuestro entorno inmediato.

Desde hace siglos, los humanos seguimos cayendo en los mismos errores o descubriendo lo que creemos nuevos aciertos. Seguimos enamorándonos de quien no nos corresponde, enfrentándonos a enemigos que no lo son o ignorando a los verdaderos enemigos. Aquí se muestran unos y otros sin alistarse en bandos ni convertirse en buenos o malos. Más que relatos ficticios, se trata una reflexión sobre el alma humana.

Por eso, en el tiempo y el espacio cultural de este libro, se alberga a perseguidos y perseguidores, caciques, capitanejos, fundamentalistas suicidas, inmigrantes paupérrimos y otros condenados, pero siempre el drama humano desborda la atmósfera social con cierto grado de irracionalidad.

“Hay que hacer en el lenguaje un lugar para que el otro pueda hablar… El narrador es el que trasmite el sentido de lo vivido y el lector, el que busca el sentido de la experiencia perdida”, dice Ricardo Piglia. Como escritora, confío en que los lectores logren descifrar buenamente los comportamientos de tantas mujeres y hombres que vivieron etapas pretéritas y se convirtieron en los protagonistas de este libro. Como decía Borges: “los grandes lectores son tan escasos como los grandes escritores”. ¡Pero todos ponemos mucho empeño! (Ríe)

En síntesis, tengo que confesarte que esta es una escritura al servicio de una propuesta literaria; sin embargo, tiene tanto de indagación histórica como de reflexión sobre mí misma y sobre quienes me rodean.

 

Después de los relatos, hay un capítulo a modo de ensayo titulado “Historia”, donde reflexionas sobre el concepto de verdad y sobre la influencia de la ficción a la hora de construir o interpretar la historia. Háblanos un poco más de él. ¿Por qué decidiste incluirlo?

De hecho, y a modo de subtítulo, en la portada de Gana la banca se lee: “Las mujeres, los hombres, la Historia”. He querido poner las cartas sobre la mesa y recordarles a los lectores la delgada línea que separa la leyenda de la historia. No hay una historia ni diferentes historias sobre las vicisitudes del pasado, hay diversidad en la mirada con que se evalúan los recuerdos propios y ajenos. Nada de frialdad o distancia de cronista, ningún prurito de científica objetividad ante los acontecimientos históricos; eso no existe. Porque tampoco la verdad esencial existe. La verdad absoluta es la suma de infinitas verdades parciales y, como tal, inalcanzable.

Por eso, lo que hace más interesante la tarea de escribir ficción, enmarcada en la historia, es la tensión que hay entre alguna clase de realidad y alguna clase de verdad que se manifiestan enlazadas en un texto.

En la diversidad de estilos y en el tono de las múltiples voces que se entremezclan en estos relatos, aparece la historia. Resuena desde los rincones de distintos países, con sus cadencias propias y sin renunciar a sus vocablos particulares. El afán por lo universal es un camino sin destino, en la medida que se quiera pasar por encima de la condena de la identidad.

Es imposible desligar la historia de las voces propias de cada terruño porque cultura e historia es lo que identifica a una narración. En el fondo, se trata de los mismos materiales que dan forma a los mundos internos en los cuales vive la ficción.

El sentido de la historia, al cual aquí se apela, no necesariamente tiene una secuencia temporal; ni la acción ni los personajes se constituyen como réplicas de experiencias vividas desde el mismo punto de vista. Más bien, se trata de emociones sedimentadas, delirios o luces y sonidos que reverberan en el encuadre de tiempos pretéritos.

Una vez que un recuerdo asiduo o una tradición oral se ha instalado en la imaginación, ya no quiere moverse y el único modo de librarse es contándolo. A veces, se olvidan algunas historias, pero todo vuelve. Muchas veces, narradores o protagonistas quieren olvidar o creen haber olvidado y no pueden. Lo que hemos vivido o soñado nunca termina de apagarse.

En muchas ocasiones, no se sabe si lo que escribimos son recuerdos, recuerdos de un recuerdo o falsos recuerdos, porque todo se superpone en la memoria. Y entonces, la vida se tiñe de ficción. Una ficción omnipresente, inquebrantable.

Ficción e historia siempre se han detenido a problematizar el límite donde se tocan, a definir la intersección en que se confunden. ¿Hasta dónde llega la historia? ¿Hasta dónde la ficción? El que escribe ficción enmarcada en la historia, sabe que la respuesta ha sido incontestable desde el principio de los tiempos y que lo será hasta su fin.

 

De todos los relatos incluidos, ¿por qué elegiste Gana la banca para dar título al libro?

Me gusta mucho la voz femenina de ese relato porque narra los acontecimientos con astucia, con vocación por la libertad y con premeditada distancia. Esparce un velo de sombras alrededor de una mesa de juego y ayuda a que el lector se haga una idea acerca de quién maneja las riendas del destino y del azar, con seducción y con un indiscutible sentido del humor.

Es un tema atractivo para los apostadores. Para todos aquellos que saben jugarse la vida y el amor, y está tratado con la intuición y la soltura que solo una mujer libre es capaz de representar frente a una ridiculez irremediable.

 

¿A qué relato te costó más darle forma?

A todos y a ninguno. Escribir para mí es una experiencia única y necesaria, tan feliz como dolorosa.

 

Todas las historias que se reúnen en Gana la banca han sido premiadas en diferentes certámenes literarios. ¿Cuál de todos esos premios fue más especial y por qué? ¿Qué han significado para ti estos reconocimientos?

Quizás el más especial fuese el primer premio que recibí, de una editorial madrileña, por ser el primero y el que obtuvo también el primer lugar. Me alentó mucho.

Lo que me alegra al recibir un premio es la oportunidad que tiene la obra de ponerse al alcance de más lectores. ¡Escribir ficción descubre tantas soledades! Vivo una experiencia intransferible al estar sola frente a los laberintos de la imaginación… Tal vez por eso, compartir un escrito personal es tremendamente importante para mí.

 

Gana la banca no es el primer libro de relatos que publicas, pues en el año 2009 editaste Al mundo nada le importa. ¿Cuáles son las diferencias entre ambos? ¿Y entre la Isabel Hernández del 2009 y la del 2017?

 

Aquel primer libro de relatos del año 2009 nació de una firme voluntad de escribir, por mero y porfiado amor a la vida y a ficción.

Los años de trabajo no pasan en vano. Hoy creo haber alcanzado un estilo más cuidado, sin desmedro del buen pulso emocional o de la potencia narrativa. La Isabel Hernández de hoy es capaz de sorprenderse más y también vive en medio de una mayor perplejidad.

 

A través de tus historias, se percibe un rico bagaje literario y artístico. ¿Quiénes han sido tus principales referencias como autora?

Me cuesta mucho concebir la vida sin leer, sin escribir, sin escuchar buena música. Aun en la etapa de mi vida en que viajaba intensamente por mi trabajo en Naciones Unidas, no dejaba de hacerlo. Así aprendí que nada encuentra eco en la ficción solo por el azar o por la ilusión. Todo lo contario, todo es producto de lo leído, lo aprendido, lo vivido y lo soñado.

Las utopías o el éxito se concretan en la vida de muy pocos, y el trabajo duro es el camino más directo hacia la propia satisfacción. Por eso, sigo escribiendo siempre y leyendo todo lo que llega a mis manos. Siento que todo influye en mi escritura, lo pasado y lo actual, aunque me sea imposible renegar de lo entrañable, de que siempre tuve más cerca: la literatura rioplatense.

 

Además de escritora, eres antropóloga y has publicado diversos textos sobre ciencias sociales y política. ¿Qué te atrae tanto de la historia? ¿Cómo crees que influye la literatura en la historia y viceversa?

Como antropóloga, siempre me atrajo la investigación transdisciplinaria en las ciencias sociales y políticas, lo cual no excluyó los estudios particulares como los propios de la etnografía y la historia. Cada una de estas disciplinas acceden a un proceso particular de producción del conocimiento y a un modo singular de construir el objeto de estudio, aunque, en mi experiencia, ambos procesos son de abordaje totalizador (integral y holístico) y, por lo tanto, ofrecen acceso a la transdisciplina.

Soy una convencida de que la profundización de tales estudios en otra etapa de mi vida me ayuda actualmente a trabajar en narrativa de ficción. Me ha dado herramientas de indagación pacientes, lentas, si se quiere obsesivas, en medio de un mundo vertiginoso. ¡Y eso es muy bueno!

¿Te das cuenta de que estamos secuestrados por el presentismo, la moda del día, la fortuna que se hace y se deshace, el crecimiento masivo de los lectores bestselleriano, el torbellino de lo que está en boga? Actualmente, se vive con la obsesión de un ritmo frenético, como si nos estuviera persiguiendo un perro. Se trata de una atmósfera acuciante de caos y opresión que resulta francamente opaca. Vivimos perseguidos por el fantasma del corto plazo, sin ninguna consideración por la historia (la historia profunda) que, puesta en perspectiva, puede conducir nuestras acciones venideras. Pareciera que desconfiáramos de nuestras brújulas internas, que son las que avistan los mejores caminos para aventurarnos en el futuro.

Esta atmósfera apremiante, esta epidemia de cortoplacismo, afecta a la ficción. La narrativa actual sufre la misma vehemencia, un ritmo de permanente aceleración. Y sus personajes muchas veces agonizan en un tren descarrilado o desisten de gozar sosegadamente porque no se atreven a hacerlo.

Pareciera la imagen de una gran estafa. Nos hemos acostumbrado al mundo literario de lo urgido, en el que atmósferas y protagonistas se mueven en forma rápida, angustiante y exigente, con mucho más apremio que lo fáctico. Es la era del vértigo tecnológico y comunicacional. Vivimos en una sociedad donde lo urgente se agiganta y termina sustituyendo lo importante.

Lo sorprendente es que cada momento histórico, ya sea reciente o distante, también fue un tiempo de intensidad y movimiento, y, sin embargo, a veces lo pretérito es recordado, injustamente, como todo lo contrario.

La ceguera, las exigencias y los desmayos del presente nos llevan a amontonar y superponer las vivencias, a intensificar nuestro irreflexivo ajetreo interno y no hay tiempo para dimensionar correctamente cada experiencia, menos aún las del pasado.

 

Después de Gana la banca, ¿cuáles serán tus próximos proyectos?

En este momento, estoy iniciando un trabajo sobre la guerra civil española basado en el recuerdo de las confesiones de mis tíos y abuelos salmantinos y andaluces que fueron protagonistas de aquella amarga contienda.

Paralelamente, estoy efectuando las correcciones finales de La impostora, una novela que me obligó a abrir el objetivo de la cámara y a no encasillar el proceso de escritura en un cajón estanco o en un vagón sellado.  El viaje efectuado por una de las protagonistas a raíz de una simple necesidad profesional se convierte en una huida hacia su interior. Un análisis interpretativo lleno de sensibilidad, soledad y compromiso con la vida, entre las tradiciones pasadas y el avance del tiempo. Es una historia que narra el devenir de las mujeres perdedoras, pero que no por ello dejan de ser exitosas. Personas reales conviven con personajes ficticios en medio del escenario europeo de las entreguerras y la actualidad, hasta que todo culmina en un inesperado encuentro en el viejo Russian Tea Room de New York.

La novela exhibe una arista desmitificadora y un juego de matrioskas ahogadas unas dentro de las otras. Un juicio cuyo veredicto podría ser muy diferente del que inicialmente el lector tenía en mente. Los acontecimientos que se narran son de sobra conocidos por todos, se trata de un período convulso de nuestra historia del que todos somos herederos, porque durante medio siglo el mundo entero creyó que la obrera polaca, Anna Anderson, era Anastasia Románov, hija de Nicolás II, el último zar de Rusia. Sobre la autenticidad de sus confesiones, se extendió un manto de bruma y esa indefinición le proporcionó a ese personaje un carácter mítico. Anna Anderson supo mentir con rigor, generosidad y desparpajo. Pero su vida fue una carrera de infortunios, igual que la de Anastasia.

La ficción salvó a Anna, ya que le impidió conocerse o reconocerse como quien era. Pero, si su estafa la salvó en los años duros de la primera postguerra, la verdad que más tarde se descubrió acabó con ella. Porque la ficción salva, pero la realidad siempre mata.

Datos del autor

  • Nombre: Isabel Hernández.
  • Género: libro de relatos.
  • Bio: Isabel Hernández nació en Rosario (Argentina). Es antropóloga y ha dirigido numerosos proyectos de investigación en Latinoamérica. Se desempeñó en varios organismos de las Naciones Unidas. Ha publicado libros de ciencias políticas y sociales, así como artículos científicos traducidos a distintos idiomas. Como narradora de ficción, publicó en Buenos Aires su primer volumen de relatos Al mundo nada le importa (Grupo Editor Latinoamericano, 2009) y, posteriormente, en Santiago de Chile, las novelas Antes de la fuga (Editorial Cuarto Propio, 2011) y El esplendor de la derrota (Ceibo Ediciones, 2012). En abril del año 2015, publicó en España en formato digital su tercera novela: El tiempo que nos pertenece (www.editarx.es). Actualmente, ha editado un libro de cuentos titulado Gana la banca, una compilación de sus relatos premiados. Desde hace 25 años reside en Santiago de Chile.
  • Blog de autor: isabelhernandezescritora.blogspot.com

Libro: Gana la banca

 

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