Zadrian (Parte 2)

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Patrick y Evelyn salieron del auto con sus SIG Sauer P228 en las manos. Al bajar advirtió que había neblina. Se asentaba al ras del suelo. Parecía que el restaurante expulsaba la neblina. Pero desechó aquella idea absurda. Caminaron con sigilo hacia la puerta. El silbido del viento era cada vez más fuerte a medida que se acercaban. Los aullidos de los lobos en la lejanía asustaron a Evelyn. Parecían advertir algo que ellos no lograban comprender todavía. No había ningún auto alrededor. Ni siquiera huellas de neumáticos en el pavimento aunque era difícil verlas con la neblina. Llegaron a la puerta y estaba cerrada. Patrick iba a disparar a la cerradura, pero, se detiene. Observa a su alrededor. Observa a Evelyn. Tenía su SIG Sauer.

— ¿A qué esperas? Entremos—dice Evelyn.

—Ha vuelto a suceder. Acabamos de salir.

Evelyn mira a Patrick confundida. Niega con la cabeza, pero luego comienza a recordar.

— ¡Tienes razón!— Vámonos rápido de aquí.

Los detectives subieron al auto y se alejaron de aquel local extraño y aterrador. Durante varios minutos no hablaron. Patrick conducía, se dirigía a la comisaría más cercana. Tenía algunos amigos allí. Si les pedía que lo acompañasen a un lugar ellos iban y esta vez no iba a ser la excepción. No podía quitarse de la cabeza a Jenna con un agujero en el pecho. Patrick frena de golpe. Necesitaba calmarse o sino se estrellaría. Evelyn sentada a su lado lo abraza. Llora en su hombro. Era evidente que Jenna había muerto. Sin embargo verla en reiteradas ocasiones mortificaba. Patrick mucho más tranquilo vuelve a encender el auto y continúa el camino.

— ¿Cómo lograste darte cuenta en un primer momento que todo se repetía? —pregunta Evelyn—. Estábamos en el segundo piso y luego en el primero. Después salíamos del restaurante y otra vez nosotros queríamos entrar. Yo no me daba cuenta hasta que tú lo hacías notar.

—No lo sé, Evelyn, no lo sé.

— ¿En serio no lo sabes?—pregunta una voz gruesa y macabra.

Patrick frena de golpe. Ambos detectives observan el asiento de atrás. Sin embargo, sin pensarlo dos veces se bajan y sacan sus armas. Evelyn se imaginaba que el auto se convertiría en un monstruo y que los devoraría. Una sombra salió del auto y fue tomando forma en unos segundos. Era un hombre muy delgado. Media unos tres metros. Su piel era tan blanca como el papel además de rugosa. Sus ojos eran completamente negros. Y lleva colgada a la espalda una enorme guadaña.

— ¿En serio no lo sabes? —vuelve a preguntar aquel ser con cierta molestia.

Los detectives vacían sus revólveres disparando a aquella criatura. Pero las balas caían al suelo al hacer contacto con su piel blanca.

—Generalmente las personas que entran en mi mundo se quedan atrapas experimentando diversos sucesos una y otra vez sin que ellos se den cuenta. Hasta la eternidad o está que me aburra. Pero tú no—dijo la criatura señalando con su enorme dedo a Patrick—. Si no lo sabes no importa morirán de todos modos.

La criatura chasquea los dedos y todo el lugar cambia. La carretera donde se encontraban, la noche con la luna oculta por unas nubes. El aire frio, el auto. Todo eso desapareció. Estaban en la sala principal del restaurante. Patrick observaba con detenimiento el lugar. Incluso su arma no estaba en sus manos si no en la funda de su bolsillo. No habían salido del local, y esta vez no sé dio cuenta. Horrorizado huye de la criatura. Tuvo que arrastrar a Evelyn que estaba paralizada del miedo.

—No pueden escapar de mídice la criatura sonriendo.

Se disponía a seguirlos, pero se siente observado. Mira a su alrededor.

— ¿Quién eres, muéstrate?—pregunta la criatura.

Sigue observando a su alrededor. Saca su guadaña. Mira el techo. ¡Me está mirando!

—Te encontré, me encargaré de ti luego —dice señalándome con su guadaña.

 

Patrick y Evelyn corrían por pasillos interminables. Doblaban a la izquierda, luego a la derecha y llegaban al segundo piso. Bajaban. Salían por la puerta de la calle y se encontraban en la cocina. Volvían a salir y ahora estaban de vuelta en el segundo piso. Continuaron caminado por unos minutos, horas; no lo sabían. Pero a medida que continuaban caminando la pintura de las paredes se agrietaban como si hubiera pasados muchos meses incluso años.

—Patrick, ya no puedo continuar—dice Evelyn.

—También estoy cansado, pero tenemos que salir de aquí—contesta Patrick.

— ¡Esto es un puto laberinto, Patrick!

—Estoy seguro que hay una salida—asevera Patrick.

—Ojala tengas razón—dice Evelyn—. ¿Qué eso de allá?—Señalando a unos metros más adelante.

—Ten cuidado, no te acerques demasiado.

Evelyn se acerca con sigilo. Lo que vio eran dos esqueletos. La cabeza de unos de ellos se había caído y descansaba en las piernas del otro. Evelyn suspiró, por un momento pensó que era Jenna. Pero por otro lado se inquietó, esto evidenciaba que otras personas como ellos habían quedado atrapadas y nunca habían logrado salir.

— ¿Sigues creyendo que saldremos que aquí?

—Has visto la chaqueta—dice Patrick.

— ¿La chaqueta?

—Sí, la chaqueta del esqueleto se parece a la mía

Evelyn observa al esqueleto luego a Patrick; tenía razón. Evelyn revisa la chaqueta y se rompe con mucha facilidad. Cae una billetera. También estaba deteriorada, sin embargo lo que contenía dentro aún se conservaba. Vio una identificación. Era la identificación de Patrick. Él lo cogió, lo revisó, saco la suya eran idénticas.

—Somos nosotros—dice Patrick estupefacto.

—No es cierto. No puede ser.

—Sí es cierto, si reviso el otro esqueleto encontraré tu identificación.

— ¡No revises nada! Simplemente no puede ser. No me lo creo.

—Corran, corran, corran—dice una voz

— ¿Escuchaste eso?—pregunta Patrick

— ¿Quién eres? ¡Dejamos en paz! —grita Evelyn

—Corran, corran, corran

—Reconozco esa voz—dice Patrick—. ¡Es Jenna!

—Es una trampa.

—Soy Jenna. Los guiaré hasta la salida. Confíen en mí.

—Jenna, dónde estás. Te ayudaremos.

—Estoy muerta Patrick. Pero ustedes aún pueden salir de aquí.

Al escuchar esas palabras el rostro de Patrick se ensombreció. En realidad ya conocía la respuesta, pero seguía sin querer reconocerlo. Evelyn coge de la mano a Patrick y vuelven a retomar el camino. Esta vez guiados por la voz de Jenna que les trasmitía cierto valor. Evelyn Seguía desconfiando de la voz, pero era mejor moverse que quedarse allí sin hacer nada.

—Giren hacia la izquierda. Derecha. Bajen al primer piso. Suban. Vuelvan a bajar.

A los lejos se escuchaba pasos. Se acercaban cada vez más.

—Apresúrense, se está acercando. Ya está aquí. ¡Corran! Ya les falta poco.

—Nunca podrán escapar de mí—dice el monstruo.

Patrick y Evelyn horrorizados aceleran el paso, pero se caen al intentar bajar de las escaleras. Se levantaron con rapidez; siguieron corriendo sin mirar atrás. En el descansillo de la escalera estaba Jenna. Su cuerpo era traslucido y resplandecía.

—Déjalos, ya me tienes a mí—dice Jenna.

—Largo, no estorbes—responde el monstruo.

—No dejaré que les hagas daño.

—No me hagas reír qué puedes hacer tú. Una simple alma.

El monstruo se alejó hacia a la oscuridad riendo a carcajadas y desapareció dejando sola a Jenna. Ella también desparece dejando a oscuras el lugar. Patrick y Evelyn se detienen al llegar a una zona donde había tres puertas. Estaban indecisos de cual puerta salir. De pronto escuchan la voz de Jenna: Váyanse de allí, es una trampa. Las tres puertas se abrieron y salieron varias manos. Los detectives huyeron de la habitación pisándole los talones varias personas en estado de putrefacción. Eran zombis deseosos de devorarlos. La voz de Jenna siguió guiándolos por varios minutos. Se encontraban cruzando un pasillo y los zombis atrás de ellos. A lo lejos se observaba otra habitación con tres puertas semejante a la anterior. Jenna les dice que la puerta de en medio era la salida. Llegan a la habitación, Patrick intenta abrir a la puerta pero no puede. Una Fuerza invencible le impide abrirla. Intentan juntos abrirla. Se mueve un poco. Jenna les dice que se apresuren. La puerta se abre cada vez más. Al igual que los zombis están cada vez más cerca. Los zombis llegan a la habitación, pero, se detienen en la puerta al observar como una criatura de tres metros baja del techo. Los zombis huyen asustados. La puerta de salida está entreabierta, lo suficiente para que una persona pase. ¡Cuidado! Dice Jenna. Ambos detectives se miran asustados. El monstruo levanta su mano y atraviesa el pecho Evelyn. Patrick en estado de Shock observa a Evelyn. Sangra por la boca y el pecho. El monstruo saca su mano con el corazón de Evelyn y lo arroja al suelo. Ella cae con los ojos abiertos. En ese momento Jenna aparece y empuja a Patrick hacia la salida. Observa como el monstruo ruge de cólera, saca su guadaña y corta el alma de Jenna por la mitad. Patrick cae al suelo, lo palpa, es el pavimento. Mira a su alrededor está en la calle al frente de la puerta del restaurante de Jenna. Aún es de noche. Todo está oscuro. La luna está oculta por las nubes. La neblina comienza disiparse. No se escucha ningún aullido de lobos. El sonido del viento ya no es ensordecedor como al principio es más apenas se escucha. Se levanta preguntándose si en verdad fue real lo que vivió. Su duda se disipa al no encontrar a Evelyn. Seguía resistiéndose a creerlo o sino tendría que reconocer que Jenna y su mejor amiga murieron horriblemente. Patrick estaba en tal estado de Shock que camino por la carretera sin advertir que pasó frente a su auto. Deambuló sin rumbo alguno hasta que se desmayó del cansancio.

 

Había pasado un mes. El inspector Patrick Rusell estuvo todo ese tiempo en la cárcel. Era el único sobreviviente por tanto el único sospechoso. Sin embargo, lo absolvieron por falta de pruebas. Ahora libre. Visita el cementerio Hallowell. Sale de su Nissan y el sol resplandeciente le golpea el rostro, se cubre con la mano por acto reflejo. Lleva dos ramos de flores. Mira a su alrededor. Hay más gente de lo acostumbrado, hay niños jugando alrededor de las algunas tumbas. Tumbas adornadas con flores de diversos colores. Hay otras que están descuidadas. Patrick se detiene en una tumba. Se lee:

Evelyn Morris

Julio 8, 1984-Marzo 7, 2018

Patrick deja unos de los ramos en su tumba y se sienta de un lado. Observa con detenimiento el nombre. Había trabajo casi seis años con ella. Era su mejor amiga. Ahora yacía allí en una caja. Las lágrimas le recorrieron las mejillas. Se levantó y continuó caminando. Desde lejos logró ver la otra tumba.

Jenna Lockwood

Octubre 24, 1981-Marzo 7, 2018

Al llegar a la tumba baja la mirada. Le duele ver el nombre de Jena. Su tumba está rodeada de flores. Hace un espacio entre el resto de ramos para colocar el suyo. Esta vez no se sienta. Mira la tumba y aparta la mirada. Y observa la tumba de al lado. Tiene un ramo pequeño apunto de marchitarse. Ha quedado opacado por la tumba de Jenna que está lleno de flores de casi todos los colores. Patrick nota de hay una foto enmarcada al costado del ramo marchito. Es una foto familiar. Patrick mira la foto detenidamente. El centro está precedido por una mujer mayor. Algo baja, lleva un sombrero con flores rojas, blancas y violetas. La mirada de aquella mujer lo reconforta un poco. Se sienta y ya puede mirar la tumba de Jenna. Se queda allí un rato. Las lágrimas vuelven a sus mejillas. El dolor que sentía le agujeraba el corazón. Cómo iba vivir ahora si se había dado cuenta que la amaba. Se acercó a la tumba y la abrazó. Y se quedó allí llorando por un rato. Patrick se levantó decido a averiguar que pasó en el restaurante. No lograba entender lo que vivió allí.

— ¿Tan fuerte es su deseo de conocer la verdad, que me ha llamado? —dijo una voz.

Patrick sobresaltado se gira. Era una anciana con un sombrero muy grande para su cabeza. Tenía la piel blanca. Mirada enigmática. Voz potente a pesar de su edad.

—Me ha asustado —dijo Patrick tratando de sonreír—. ¿Qué ha preguntado?

—Si está seguro de conocer la verdad—contestó la anciana.

— ¿La verdad?

—Sí, sobre lo que le sucedió en Jenna´s Restaurant & Catering —dijo la anciana

— ¿A mí? Creo que me confunde con otra persona—mintió Patrick.

—Usted vivió algo horrible con su amiga y novia en ese restaurante—declaró la anciana.

Patrick sorprendido no sabía que decir. Cómo era posible que la anciana supiera lo que le paso.

—Acaso sabe algo

—Sé que vio a Zadrian—dijo la anciana. —Un ser de más de tres metros. Ojos completamente negros. Un cuerpo delgado. Piel rugosa y de una extrema blancura.

— ¿Cómo sabe todo? —preguntó Patrick ansioso.

—Es un espirito maligno. Un Devorador de Almas. Por donde va suceden cosa extrañas. Horribles. Me sorprende que este aquí. Que esté vivo.

— ¿Un Devorador de Almas?

—Sí, le aconsejo que no investigue más, por su bien. Si se vuelve a encontrar con él esta vez no sobrevivirá—dijo la anciana.

— ¿Tengo que creer lo que me cuenta?

—Cree en parte lo que le digo. Cuídese, detective Patrick Rusell.

La anciana se despidió y se alejó arrastrando un poco los pies. Patrick meditando lo que le dijo la anciana; bajó la mirada. Advirtió que la anciana sabía su nombre. Tal vez lo vio en la noticias. Sí seguro era eso. Sin embargo cuando levantó la vista. La anciana ya no estaba. Miró a todos lados, solo estaba él. Se lo habría imaginado pensó. Patrick tocó la tumba de Jenna como despidiéndose. Se aleja unos metros, pero se detiene al recordar el sombrero de la anciana. Las flores que tenía en el sombrero. Se gira, mira la foto enmarcada y se aleja confundido, en verdad había estado conversando con aquella anciana o estaba volviéndose loco pensó Patrick. Perdido en sus pensamientos salió del cementerio. Con más dudas en su interior.

Comentarios

  1. Mabel

    30 marzo, 2018

    ¡Excelente! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Marco

    31 marzo, 2018

    Interesante y entretenido, saludos

  3. Esruza

    23 julio, 2018

    ¡Muy macabro y muy bueno, felicidades!

    Mi voto

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