La horda de los politiqueros

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La horda de los politiqueros

 

 

 

La elegancia en el buen decir y el respeto al rival en el mundo de la política se consideran medios inapropiados para lograr algunos objetivos concretos. Hoy, los argumentos han sido sustituidos por los insultos. Y a pocos les importa si con estos destruyen la dignidad y honorabilidad de quienes han sido denostados.

Una de las definiciones de política es la siguiente: “Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.” Regir significa dirigir, mandar o gobernar. Y todos sabemos que antes de gobernar es imprescindible saber cuáles son las prioridades, los medios adecuados y los objetivos fundamentales que han de lograrse.

Los políticos no suelen hablar del contenido de sus programas. No les interesa. Han aprendido de memoria textos elaborados por sofistas, charlatanes y especialistas en marketing. Pocas veces exponen sus ideas de un modo claro y preciso. Y se valen de la ambigüedad deliberada para sugerir propósitos que no siempre se llevan a cabo.

¿Maquiavelismo?

Tal vez.

¿Y qué es el maquiavelismo?

Concretamente: “Modo de proceder que se caracteriza por la astucia, hipocresía y perfidia para conseguir lo que se desea”. El libro esencial e imprescindible de todos o casi todos los políticos que viven del cuento es El príncipe. Y El príncipe fue redactado con evidente fruición por Nicolás Maquiavelo.

 

-Una ministra del actual Gobierno socialista acaba de anunciar que la reforma de la Constitución es una tarea urgente para lograr la paz, la concordia y la felicidad de todos los españoles.

-¿Y para qué quieren modificar la Constitución?

-Entre otras cosas, para instaurar el federalismo en España.

-Y eso, ¿qué es?

-Algo así como una doctrina que propugna la unión o asociación de varios Estados, los cuales estarían regidos por un poder central.

-En España existen Comunidades Autónomas. Estados, no.

-Eso es una perogrullada.

-¿Sugiere usted que con la reforma de la Constitución, las Comunidades Autónomas serán Estados?

-Podría ser así.

-¿No está usted seguro?

-En España no hay nada seguro. El actual presidente del Gobierno insultó reiteradas veces a Mariano Rajoy. Lo mismo hizo el líder de Podemos. Y nadie fue a la cárcel por ello. Si alguien es considerado un corrupto, lo razonable no es tomarse la justicia por la propia mano, ni utilizar improperios para lograr sus propósitos, sino plantear la cuestión ante los tribunales y atenerse a las consecuencias.

-Yo me pregunto: ¿qué hay detrás de todo esto? Modificar la Constitución es algo muy serio. No se puede ni se debe frivolizar sobre esta cuestión. A los ciudadanos se nos trata implícitamente como si fuéramos borregos. Se nos dice qué debemos aceptar; pocas veces, las razones y argumentos que justifiquen los cambios que pretenden efectuar algunos políticos. Quienes propugnan esas mutilaciones constitucionales no han sido elegidos por el pueblo para que lleven a cabo esas tareas; y sin embargo, se han valido de chanchullos, maquinaciones y tal vez concesiones secretas para lograr encaramarse a la presidencia del Gobierno, conseguir la titularidad de los ministerios y obtener excelentes remuneraciones y canonjías. En España, y desde hace muchos años, se ha instaurado la inmoralidad entre los políticos. Algunos de los expresidentes viven como magnates. Y los españolitos, desconcertados y confusos, se ocupan de lograr los medios necesarios para subsistir, un día sí y otro también. Lo demás, poco les importa.

-¿Y a quiénes beneficia la reforma constitucional?

-Tal vez a los independentistas catalanes y vascos.

-Los independentistas catalanes han sido muy explícitos. No admiten otra opción que la instauración de la República de Cataluña. El federalismo les importa un bledo.

-Si eso es realmente así, ¿para qué sirve la reforma constitucional?

-Alguien lo sabrá. Yo, no. Los políticos no hacen nada sin un propósito. Suelen estar asesorados por especialistas en marketing y en la manipulación de las masas. Los del Partido Popular están furiosos. El líder de Podemos considera que ha sido utilizado por los socialistas. En los próximos meses, el Congreso de los Diputados será un campo de batalla donde sus señorías estarán dispuestas a proferir toda clase de insultos y amenazas. Mientras tanto, los empresarios temen un aumento significativo de los impuestos. La Iglesia permanece alerta y recelosa. Los pensionistas, listos para el combate callejero. Los sindicatos, en pie de guerra…

-Y eso no es todo.

-¿Hay algo más?

-Correos mandará a la puta calle a quince mil de sus trabajadores. Algunos serán prejubilados. Otros, al paro. Y los demás, que se jodan. Los sindicatos de Correos han iniciado una serie de huelgas. Y las cosas irán a peor si no se atienden sus reivindicaciones. Los del Partido Popular se lamen sus heridas y con sigilo preparan estratagemas para tumbar al gobierno socialista.

-¡Menudo porvenir nos espera!

-La gente no sabe lo que está por llegar. Considera que el estado de bienestar es un logro permanente e irreversible. Algunos periodistas especializados en economía sostienen que habrá una nueva recesión originada por la gigantesca deuda pública y privada de todos o casi todos los países del mundo. Total: 164 billones de dólares. Y esto equivale al 225% del PIB mundial. Nadie puede pagar esta cifra astronómica. La deuda de los italianos con sus proveedores financieros alcanza el 130% de su PIB. Algunos economistas y políticos de ese país han sugerido al Banco Central Europeo que reduzca a la mitad la deuda de los italianos. Como ellos no tienen dinero, recurren al cinismo y al chantaje. ¿Con qué argumentos? Si Italia se declara en bancarrota, arrastrará consigo al resto de los países de la Unión Europea. Las consecuencias serían apocalípticas. Concretamente: o el Banco Central Europeo suelta la pasta para pagar parte de la deuda de los italianos o todos nos iremos a la mierda. Así de fácil. Con el señor Trump, la era de la globalización ha terminado. Su lema: primero, América; los demás, que se apañen como puedan. Y aquí no termina la cosa. El señor Trump no tiene pelos en la lengua. Lo que dice, lo hace. Y afirmó que si los países que integran la Unión Europea no incrementaban sus presupuestos para desarrollar y obtener nuevos misiles, barcos de guerra y bombarderos, la OTAN podría desaparecer. Los ministros de defensa europeos se reunieron urgentemente para tratar esta cuestión. Cada uno de ellos expuso su punto de vista. Y nada se concretó. Como dice el refrán: “Muchas manos en un plato, hacen mucho garabato”. Y el señor Putin está más contento que un niño con una piruleta.

-Obviamente, en el mundo de los políticos no hay amigos, sino intereses. Creo que fue Alvin Toffler quien en su libro La tercera ola se refirió a las relaciones modulares. Toffler consideraba que la conducta debía definirse en función de objetivos concretos. Si alguien contrata a un fontanero para que cambie un grifo de su cocina, lo único que le interesa del hombre que va a realizar esta tarea es la calidad de su trabajo y cuánto le ha de abonar por la faena. Y nada más.

-Esa manera de proceder tiene sus ventajas.

-Indudablemente. Una de ellas consiste en no establecer relaciones emocionales. Cada una de las partes de un contrato, sabe exactamente a qué atenerse. Y ninguna de ellas está obligada a realizar lo que no haya sido claramente indicado en ese documento. Cuando el trabajo está concluido y la factura pagada, la relación entre ambas partes desaparece. Y cada cual es libre de hacer lo que le da la gana, sin dar explicaciones a nadie.

-¿Y los políticos?

-Los políticos son astutos y no mueven un dedo si no saben antes para qué. Primero, el propósito. Después, el medio. Así de fácil.

-¿Eso lo dijo Maquiavelo?

-No lo sé. En política, la ambigüedad es una herramienta esencial. Por eso los políticos aprenden a manejar el lenguaje como solían hacerlo los sofistas griegos. No es nada nuevo.

-Todos pensábamos que la democracia era un sistema político que haría posible la felicidad de los españoles, y evidentemente no es así. Los independentistas vascos remedan las técnicas utilizadas por los independentistas catalanes: decenas de miles de ciudadanos vascos llenan las calles y las plazas para exigir el derecho a decidir. No dicen que quieren la independencia, sino el derecho a decidir. Esto último suena mucho mejor. Y uno se pregunta: ¿el derecho a decidir carece de límites? Cualquier persona medianamente sensata sabe que los derechos y las libertades tienen límites. ¿Quiénes se ocupan de elaborar los mensajes que utilizan los independentistas? Los expertos en marketing y los sofistas del siglo XXI.

-Eso supone que mucha gente hace lo que le mandan.

-Estoy de acuerdo con usted.

-Nos guste o no, el sistema nos trata como si la sociedad en la que vivimos fuera un termitero. Y las cosas irán a peor. En estos momentos hay en nuestro planeta siete mil quinientos millones de personas. En el año 2050, serán diez mil millones. Esto plantea un sinnúmero de problemas muy difíciles de resolver.

-¿Y España…?

-¿Cree usted que lo políticos tienen la fórmula mágica para hacer de España un país mejor? Yo no lo creo.

-Algún día las máquinas gobernarán el mundo…

-Y el mundo será igual o peor que el que ahora tenemos.

 

 

Juan Puig Chuliá

Junio 2018

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    12 junio, 2018

    No vas mal encaminado, por el camino que vamos no sabremos si esto saldrá adelante o irá a peor, ya lo veremos. Un abrazo Juan y mi voto desde Andalucía

  2. jpch

    13 junio, 2018

    Gracias Mabel, por tu comentarios. Podría hablarte de muchas cosas que me han ocurrido. Todas nefastas. Tengo sobrinas y sobrinos que acaban de terminar sus carreras. Y están tan desconcertados que no saben qué hacer con sus vidas. Un abrazo.

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