Amanecer de un nuevo día

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La nieve argéntea cae sobre la arena, pero Lázaro apenas siente el frío.

Perdidos el color, la inocencia, el amor, solo queda un ocaso de grises evanescentes. ¿A dónde se ha llevado el oleaje todo cuanto amaba? Contempla el crepúsculo, y se deja arrastrar por esa sensación de amarga irrealidad que acompaña al invierno de los años.

Se alza la luna y le muestra, no un océano dorado, sino una marea de plata que le mece en un plácido sueño, que le despierta con nuevas fuerzas. Lázaro comprende que la noche no trae consigo sino una muerte transitoria, un renacimiento en una nueva orilla.

Sus muchos años no le hacen hacer perder toda esperanza, tan solo la temperan. Aún el ocaso no deja de ser horizonte. Y cuando creía que no volvería a ver el sol, amaneció un nuevo día.

Lázaro se alza, y se aleja de la orilla.

Comentarios

  1. Mabel

    19 agosto, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. jessica82

    30 agosto, 2018

    Me encanta, Miguel. Casi puede llegar a verse todo lo que describes. Mágico. 🙂

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