Sueños – Capítulo 17 – El amor de Minerva

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Capítulo 17
El amor de Minerva

Minerva me esperaba ansiosa y muy animada en medio de la sala. Todos los que alguna vez me miraban como un ser extraño se desvivían por llenarme de saludos, me daban ánimos y aseguraban de que todo saldría bien.

– Minerva, debemos hablar a solas.
Minerva me llevó hasta su oficina, pude ver una fotografía en un extremo de ella con Héctor y su hija.
– ¿Mario porque no ha llegado aún?
– Ya viene pronto, dime qué sucede.
– Necesito la verdad Minerva, ahora mismo o me marcho de aquí.
– ¿Qué? –dijo asustada– Por favor no te marches.
– ¿Dónde está Héctor?
– ¡Está en Miami! –me respondió rápido– acaso Gabriel ya te contó su vínculo.
– Es su medio hermano y lo estimo mucho, quiero comunicarme con Héctor, sino lo haces ahora mismo me voy de aquí.
Minerva se levantó bruscamente nerviosa.
– ¿Crees en el amor? – me preguntó.
– Hasta hace unos meses estuve muy enamorado, creo que hasta ahora lo estoy.
– Yo amo a mi esposo, no pienses que le he hecho daño, es lo último que deben pensar tú y Gabriel.
– ¡Entonces porque está desaparecido! ¿Está huyendo de algo o de alguien?
– No.
– ¡Esperaba un sí! Lo lamento Minerva no siento confianza en ustedes, sino me la dan ahora mismo me marcho. ¿Dime quién diseño a Adán? ¿Fue tu esposo?
– Eso es cierto.
– ¡Tú y tu esposo volvieron loco a un hombre inocente! ¡Tú sabes dónde está ahora! ¡Tú conoces a Víctor Quezada!
– ¡Basta por favor! ¡Sé que está loco!
– Minerva has leído La Prensa, sabes quién soy, sabes lo que puedo averiguar si quisiera.
– ¡Ven sígueme! –gritó tan fuerte que retumbó en mis oídos.

Minerva me llevó por unos pasadizos que no había recorrido desde la última vez. La gente de la EDPE seguía quieta observándome extrañado, quizás hice mal en gritarle a su jefa. Minerva caminaba sollozando en silencio y se secaba las lágrimas con sus puños. Abrió una puerta pequeña y entramos a una habitación.
– ¿Dónde estamos?
– Esta es la oficina de Héctor.
Sobre las paredes había fotografías de muchas personas, de diferentes razas y edades.
– ¿Han sido pacientes? –Mi mente periodística volvió como un fuerte remesón, observando cada detalle de la blanca habitación, repleta de computadoras y mesas con papeles.
– Son personas que viven pesadillas a diario como tú, que buscaban respuestas y que fuimos ayudando una a una. Algunas con éxito y otras no.
– Eso quiere decir que Adán ha sido usado más de una vez.
– Adán antes fue usado solo para interpretar los sueños. Pero aquello no nos daba una solución. Héctor viajó en busca de Víctor, del que decían era un intérprete de sueños. Un fanático de Freud, con una teoría acerca de que los sueños eran una interpretación de los deseos del subconsciente. Mi esposo estuvo mucho tiempo con este joven traduciendo los mapas que Adán imprimía de estas personas, hubo una serie de argumentos de orden matemático, antropológico y hasta astrológico, yo y mis capacidades de neuróloga no parecían funcionar en su enorme sueño. Me mantuve al margen de esta experimentación, hasta que un día Héctor llegó con los mapas de Adán y la teoría de que la única manera para poder llegar a eliminar los malos sueños, era enfrentándolos y eso solo podíamos lograrlo imprimiendo las formas exactas. Todo fue un cuatro de julio a las diez de la mañana, Víctor sería el paciente, este joven estaba muy entusiasmado por el proyecto, era la primera vez que lo conocí, no parecía entender mucho, pero estaba dispuesto a todo.
– Eso no tiene sentido, vi una foto en un periódico donde tu esposo tenía un libro de él, ya lo debería haber conocido.
– Me refiero conocerlo de manera personal. Ya que para Héctor era un hermano o amigo con el que confiaba muchas cosas. Siempre tuve dudas sobre ese joven, hasta creí que fue el culpable del mal comportamiento de mi esposo.
– Tu sabias que Héctor te…
– No me importaba Héctor, solo me importaba mi familia como una sola. El punto fue que Víctor no sirvió como paciente, no tenía las suficientes emociones para poder tener pesadillas. Fue entonces que mi esposo, se puso como paciente.
– ¿Héctor? ¿Pero porque se volvió loco Víctor? ¡No tiene sentido!
– El amor que sentía Víctor por mi esposo lo obligó a que probáramos la contraparte del efecto de Adán, pero no tuvimos éxito. Le pedimos a Víctor que se quedara con nosotros pero huyó, desde que salió de aquí no podíamos tener contacto con él porque podía perjudicar el laboratorio. Desde entonces mandamos cheques anónimos pagando sus cuidados hasta que encontremos la cura a la espantosa máquina que creamos.
– ¿Espantosa? Esa palabra –dije titubeando.
– Habíamos creado una máquina capaz de volver la vida de las personas, en pesadillas.
– Pero tu esposo, ¿cómo está? ¿Se encuentra bien?
Alguien tocó la puerta. La cara redonda de Mario apareció. No sonriente, sino desafiante.
– Ya es hora. ¡Es ahora o nunca!

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