Diario de un gato (Humor)

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Hoy Nero me ha dicho que quiere que le regale “mi” gato, que le gusta mucho. Al principio me resultaba interesante hablar con él porque uno nunca sabía por dónde iba a salir y era divertido, pero de un tiempo a esta parte, empiezo a tenerle miedo, hoy es el gato, mañana seguro que va a casa de otra persona, y le pide el abuelo porque le gusta, o simplemente porque cree que hace juego con su sofá.

–  Perdona, ¿el abuelo ese que tenéis en el sofá lo queréis para algo?, es que me gusta mucho.

Dice que tiene la técnica perfecta para llevarse al gato (para llevarse abuelos tendrá otras distintas)

–  Cada día tienes que ponerle la comida un poco más lejos de tu casa y más cerca de la mía, un par de metros por día estará bien, cuando vayamos por la mitad del camino, empiezo yo a ponerle la comida, así, en un par de semanas el gato (que debe de ser gilipollas) no se dará cuenta del cambio y acabará viviendo conmigo. Toma, empieza con esto.

Me ha dado una lata de mejillones en escabeche, no solo quiere que le ayude a llevarse a mi gato, sino que quiere que lo haga con una puta lata de mejillones en escabeche, esto es surrealista.

Hay que reconocer que la teoría es diferente y definitivamente innovadora, también hay que reconocer que hay que estar jodidamente enfermo para pedirle a alguien que te regale su gato.

Si alguien tiene un hijo en casa y quiere que se emancipe, solo tiene que ir sacándole el plato de comida cada día un poco más lejos del piso familiar.

–  ¿Mamá, por qué me pones el plato en la entradita?.

–   Abortar misión, el niño se ha dado cuenta.

El gato ya estaba aquí cuando llegué, por lo visto los antiguos inquilinos se fueron y se les olvidó este “paquete“ aquí, al principio nuestra relación fue complicada, ahora le tengo cariño, la gente no abre la puerta para que no se les escape el gato, yo la cerraba para que no entrara, un día entró y se quedó, poco a poco fue ganando confianza, yo la fui perdiendo y con ella la esperanza de que se fuera. Por lo visto el gato se llama Lennon, eso me dice el casero, que también se lo podría haber quedado, pero no tiene mucho interés, yo tampoco tenía interés en tener un gato, pero el gato sí quería tener un humano y llegué yo. Yo lo llamo Viriato, una vez le di un trozo de un queso con ese nombre y se le fue la olla, desde ese día se llama como el queso, “Viriato, el queso de los gatos“, hay que reconocer que como eslogan no tiene desperdicio, se venderían como rosquillas, todo el mundo con gatos debería de darle a probar este queso, tiene algo que les encanta.

Aquí copio parte del diario que estaba escribiendo cuando conocí a Viriato.

Día 1

Hoy ha venido un gato y le he dado un trozo de queso, se ha puesto tan contento que casi no se va.

 

Día 2

Creo que darle de comer queso al gato no fue buena idea, ahora viene TODOS los días a reclamar su alimento, es lo más parecido a que un niño pequeño se siente en tu puerta y no pare de llorar hasta que se cansa (que pueden ser horas), cuando por fin se marcha, lo hace mirando para atrás como diciendo: En un rato vuelvo.

 

Día 3

El gato ha añadido un poco de movimiento a sus esperas y está arañando la puerta por fuera, ahora me da miedo salir.

 

Día 4

Hoy le he dejado entrar porque hace frio, ha estado aquí el tiempo justo para sacar sus uñas y rajarme la única camisa que tengo (soy como camarón, solo tengo una), lo he intentado sacar de la habitación echándole aire con el secador de pelo, esa técnica no es mala, pero tienes que tener cable suficiente como para llegar a la puerta, sino, solo consigues que se vaya al otro lado de la habitación y que se ponga de  mala leche. Creo que si compro 60 metros de cable puedo hacer que salga del pueblo y abandone mi habitación.

 

Día 5

El gato vuelve a estar aquí, como el otro día pudo comprobar que tocar mi camisa es síntoma de nominación directa a que lo peinen para atrás con el secador, ha preferido levantar parte de la moqueta haciendo que no pueda abrir la puerta de la calle, ahora llegaré tarde al trabajo o tendré que salir por la ventana.

 

Día 5 (por la tarde)

Salir por la ventana no fue del todo buena idea, me ha costado la misma vida entrar, se me ha enganchado la camisa y la he vuelto a rajar, la coseré como pueda y diré que es de la marca Desigual (desde que salió esa marca nadie sabe lo que está roto y mal cosido por uno mismo, o es “moda“).

 

Día 6

El gato ya vive aquí oficialmente, ayer mientras me estaba duchando lo vi rascándose el culo con mi almohada, me encanta este gato, ¿qué hará cuando no lo veo?. El otro día le di un poco de Maíz dulce y me miró raro, se lo moví con una cuchara por eso de darle movimiento, como se supone que son cazadores y tal, me miró y se fue de la habitación, creo que le doy pena.

 

Día 7

Ayer rescaté una rodaja de calamar del bar y se la dejé en la puerta para cuando viniera, esta mañana el calamar estaba siendo arrastrado por miles de hormigas y alguna que otra araña. El hijo de puta solo viene cuando le da la gana, ya no le traigo más comida.

 

Día 8

Los gatos, son raros, pasan de estar tranquilos a la euforia sin razón alguna, prefiero un perro. Hoy le ha dado por sentarse encima del teclado del ordenador, he tenido que iniciar la operación “gato vete al carajo”, la idea era cogerlo como se cogen los cachorros de san Bernardo, trincándolos por la pelleja trasera como hacen sus madres al nacer. Ahora tengo las manos llenas de Betadine y el gato sigue aquí.

Hace días intenté echarlo acercándole un cojín y se abrazó a mi pierna izquierda haciéndome cosquillas de dolor y sangre. Esta técnica es dolorosa y tampoco funciona.

 

Día 9

Hoy he dejado la puerta abierta y ha entrado otro gato distinto, creo que voy a tirar el queso, solo me trae problemas y gatos, posiblemente sea el único gilipollas del pueblo en tener gatos sin quererlos.

 

Día 10

Hoy me he cruzado con el gato por la calle y ni me ha mirado, creo que si no estoy cerca del queso no me conoce, también cabe la posibilidad de que no quieran que lo vean conmigo, iba cerca de una mujer mayor, igual también vive con ella, ahora entiendo eso de las siete vidas de los gatos, hoy no le abro la puerta.

 

Día 11

Esta mañana había en la puerta los restos de un gorrión, creo que es una advertencia.

 

 

 

 

Comentarios

  1. Esruza

    13 febrero, 2019

    Muy original, a mi me gustan los gatos, pero no los dejamos salir.

    Mi voto y un abrazo

  2. The geezer

    13 febrero, 2019

    Jajaja, qué comlicados son los gatos!! Un saludo, Naúfrago y suerte con estos terribles felinos

  3. Sosias

    13 febrero, 2019

    Siempre dando lecciones de creatividad.

    Maravilloso, mi voto.

  4. Mabel

    13 febrero, 2019

    Muy bueno. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  5. Naufragoenlaluna

    14 febrero, 2019

    Gracias @estelarz39hotmail-com, supongo que los gatos normales no salen mucho del piso, pero este es un gato con muchos dueños, por lo que no puede permitirse el lujo el estar todo el tiempo en la misma casa, tiene una agenda apretada jiji. Un saludo

  6. Naufragoenlaluna

    14 febrero, 2019

    Hola @cesarholgado, yo no creo que sean complicados, creo que son unos cabroncetes muy listos que se aprovechan de los humanos, a mi me gustan, soy más de perros, pero me gusta la elegancia de los gatos y su no respeto hacia nosotros jijii Un saludo y muchas gracias por pasarte a comentar.

  7. Capitán Carallo

    14 febrero, 2019

    No me fío ni un pelo de un animal que es capaz de lamer sus propios testículos. Me refiero al gato.
    Sacándome carcajadas, como siempre 😀 Un abrazo, amigo!

  8. Naufragoenlaluna

    15 febrero, 2019

    @justino no hay que fiarse de ellos, hay que tenerles envidia jajajaja 😉 Hay un chiste malo y antiguo que dice algo así:
    -¿Por qué los perros se chupan las pelotas? Porque llegan. jijij

    Un saludo y gracias por tu comentario

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