Playopping

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Bolas de fraile, churros y tortas fritas.

Pulseras y anillos.

Vestidos a los que les ves un montón de usos, pero sólo los vas a sacar del placard 3 veces

al año.
Tapercitos. Si, tapers en playopping. ¿Que quien los compraría? Se los sacaron de las manos

al vendedor a pesar de que fue sincero y declaró no poder garantizar que cerraran bien.

¿Los colores? …Horribles, pero pocos pueden resistir a las inusuales ofertas reales que se dan

en este espacio ad hoc. Mas allá de su alto déficit estético, su no garantizada efectividad, y a juzgar

por el éxito del producto, la cuenta que pareciera hacer el consumidor es: con que dure 1 sólo

uso ya se amortiza la inversión.

 

El playopping continúa carpa a carpa con su oferta variada y suculenta: ensalada de frutas,

gorras, bolsitas para el celular, palos de selfie, collares. Lentes que te dejan ciego en la

segunda probada, a los 2 días o a los 2 meses, dependiendo de cuán optima sea la sanidad

ocular del usuario. Y si se zafa de la no videncia igual se dejan de usar, porque es difícil

resistir la tentación de patear el tablero y comprar los más estrafalarios. Está bueno ser

por unos días una estrella de rock.

 

Helados.

Pan relleno y calentito, ideal para 36 grados de temperatura.

Agua mineral que cotiza en la bolsa de valores, pero la comprás sin objetar nada y la tomás

toda porque te morís de sed y tu boca sabe a la sal de las papitas que te venden en paquete.

 

Cerveza helada.

Pelotas.

Barriletes.

Paelleras. Si….paelleras.

 

Aparecen los relojes cuando ni de casualidad querés saber la hora, ni el día, ni el mes, ni nada.

¡Hasta hay puestos de ropa con espejo y todo!

Pero la estrella de los negocios es el agua caliente para el mate. Un genio el flaco. Un

sobreviviente que armó un negocio con una pava eléctrica y agua de la canilla. Aplausos.

Baldecito, rastrillo, palita y moldecitos con formas de peces y pulpos, para niños de hasta 10

años con suerte, tiempo tras el cual abandonan esos utensilios y te piden una tabla. Pero

hasta que ese momento llega, comprás el juego completo bi anualmente porque siempre se

pierde algo. Entonces terminás con 3  baldes,  2 rastrillos y 5 o 6 moldes que empiezan a

usarse en la casa con otros fines. El perro al menos, agradece el balde que de vez en cuando

y sobre todo en invierno, tiene agua fría.

 

Y al playopping no le falta música. Consumidores que buscan imponer el tema del verano

pelean en una batalla de cumbia free style.

Dividido por los límites de las carpas, las sombrillas o las sillas de patas oxidadas, en el

playopping de vez en cuando sopla el viento. Y a veces es tan fuerte que te ligas un pelotazo

o se te clava un frisbee en el lugar más inesperado.

Al atardecer ya se van las palitas y las sombrillas. También las pelotas que la rompieron toda

la tarde.

Los vendedores se preparan para contar su recaudación.

 

A contraluz y bajando hacia la playa avanza la tercera edad que con toda su sabiduría se

dispone a recibir la guiñada de luz solar con tejos y mates.

Comentarios

  1. Mabel

    13 febrero, 2019

    Muy buen relato. Un abrazo Trinita y mi voto desde Andalucía

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