Con esa exactitud tan característica de la ciencia, el joven, incorporó las gotas: una, dos, tres, y media. Removió rápidamente para no dejar ni rastro....
Hasta chocarse contra una pila de maderos derrochó los humos. Un final trágico motivado por el desengaño y avivado por el fuego improvisado que emerge...
Todo ocurrió una noche cualquiera. Acérquese querido lector, no tenga miedo. Acérquese más y escuche a medida que lee esta historia. A lo lejos suena...