El reloj del móvil marcaba las 2.36 de la mañana. “Ya nadie tiene relojes de muñeca”, pensó, haciéndose imagen de los únicos relojes propiamente dichos:...
Dieron la vuelta tras despedirse. Dejaban atrás uno de los edificios del complejo residencial de la universidad. Con un “venga, te acompaño” en un más...