“Para besarte, mírame”. Así sabía Gabriel que era ella, poseedora de todas sus alteraciones, deseos, risas y pasiones. La evocaba como gemido matutino de horas inconclusas, producto...
Seiisss, dossss, sesenta y dos. Susurras en las tibias cuevas detrás de mis rodillas… Los gigantes se encontraron, los océanos se juntaron, hicimos ruido en...