Mitómano
22 de Febrero, 2012 6
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mentir

Para un demente (crazzy horse sin implicaciones indo-mitomágicas) es imprescindible la mentira. Lo primero es autoafirmarse negándose a creer que sobrevive en un marco de irracionalidad convulsa (loco de la testa, en argot vandálico-vulgar, con la intención de no desentonar en el ámbito de la actual narrativa tipo show mediático) Es claro que no me refiero a la mentira que manejamos por la diaria necesidad de relacionarnos como individuos de una misma especie: ¿cómo estás? De lo mejor (y tienes una bola repleta de tumores o el útero deshecho por el cáncer) me refiero a la mentira llevada al clímax de la mejor historia hollywoodense tiempos de la nana y todos felices (mil añicos de casados y aún son fieles  el falo para la loba y viceversa) o la que se inserta en la cúspide pragmática de la sordidez nocturna (putas, coca, tragos, látigos, y berenjenas: siempre con un distinguido toque de soledad maldita, canas, y cojera real o provocada que amerite el uso de un bastón preferiblemente tallado en ébano) De lo anterior se descuelga (o cuelga, porque es más o menos un Split de horca mental ineludible) que en realidad no hablamos de un demente. Tampoco es posible llamarlo redondamente frito o loco de atar, dado que frito incluye como condicionante el abuso de sustancias alucinógenas (lo que no es requisito ineludible a la hora de guillotinar éste u otro estado patológico) y en cuanto a loco (locura) no se corresponde con ningún parámetro médico: es simple terminología legal, necesaria para encerrar al marido y quedarse con sus bienes. ¿Entonces? ¿De qué coño hemos estado hablando sin parar? Déjame releer y vemos si le encuentro una salida. Creo que podemos llamarle esquizo (frénico, pero es muy largo y todo junto fomenta el hábito de la indolencia en el hablante) aunque vale decir que no se trata del esquizo que sufre realmente tan terrible padecimiento, y que solo puede controlarlo mediante la rigurosa ingestión de hierba, cerveza, y demás compuestos de novedosa e incomprensible mitología salutífera. El mitómano (llamarlo Mitoesquizo sería lo ideal) se finge esquizo ante sí mismo, lo que sin duda tiene su justificación de cara al compromiso diario de las relaciones sociales: aceptar la innata locura (incluso esgrimirla como pilar de una personalidad propia de irrepetible origen) fascina a las damas ancladas en el Art Noveau, La Gaviota de Chejov, y la   incuestionable lata de tomates de Andy Warhol . Por otro lado, aceptar que se es un mentiroso adicto dejaría al declarante inmerso en el delicioso pero inestable reino de la paradoja: ¿Dice la verdad o miente al aceptar que es un mentiroso adicto? ¿Miente al decir que miente o dice la verdad al decir que miente? (ya Zenón anduvo por estos lares, y son clásicas las palabras que a Fausto dirige Mefistófeles: “Todo lo que te he dicho hasta ahora son mentiras…incluso esto último.”) Por otra parte, y no por ser un “por otra parte” es de menor importancia, nadie concuerda jamás con un mentiroso sin remedio que se reconozca como tal. Si manejas el espacio gris con la suficiente astucia y un poquitín de ingenio (algo parecido a tener el sombrero siempre a punto de conejos) puedes darte la gran vida a costa de quien sea: comida, tragos,  y putas sin poner un céntimo (las caladitas de porro entre amigos son usuales, no necesitas mentir para obtenerlas: al drogo (a) le agrada fumar en compañía de alguien) siempre y donde (el cuándo es lo de menos) evites el error de hacerle comprender su irremediable estupidez congénita (supone que impresiona al sacar un fajo de billetes y pagar todas las cuentas entre fume y fume) Lo que importa es entender que confesar ante otros la propia mitomanía (recuérdese que la esquizofrenia es la máscara a la que el mentiroso recurre para ponerse a salvo del dedo que acusa) puede conducir al pecador arrepentido hasta los oscuros e indeseados límites de la debacle social, condenándolo a convertirse en escritor, poeta, o solitario contemplador de filmes porno (en este último caso la musculatura de la mano derecha suele desarrollarse con impresionante rapidez)

No se requiere de una gran claridad mental para notar que desarrollo el tema desde el punto de vista masculino. Lo hago no por sufrir yo de tan dolosa inclinación a la mentira , sino por mi harto y casi infantil desconocimiento de todo lo relacionado con los hábitos mentales de la hembra (aunque no por ello dejo de ser  modernamente admisible: he colocado unos cuantos lavados, supositorios, y tampones, lo que me convierte en un conocedor medio de las intrincadas cavidades femeninas) generalmente habituada a reservar para sí el papel de caperucita ad infinitum (conozco un par de caperucitas de cinco décadas y semen hasta en las orejas) dejándole al macho el rol de lobo malo devorador de sus virginales sueños (casita con tejado a dos aguas, jardín, perro, y columpios: infaltable cerca de estacas blancas a lo made in Usa o Tom Sawyer saca la basura y repinta esa maldita mierda de una vez) Y toda esta caca comienza con un delicioso polvo que hembra y macho se empeñan en estirar hasta la frontera de lo insostenible. Tal vez te ubiques mejor si cambio la imagen gringa: en lugar de casita piensa en apartaco mínimo 200mts, cuatro habitaciones y tres baños, terraza, bar, piso de parquet, jacuzzi, dulce agua burbujeante para tu falo erecto esperando a la chica en babydoll  (¿nena-muñeca?, ¿chiquilla-muñeca?: se intuye algo de perversión en el término, pero su análisis me llevaría páginas y páginas de una aún mayor- si fuera posible-  idiotez galopante) Lo cierto es que no me atrevo a decir ni pio sobre la fémina Mitoesquiza. Solo a manera de curiosidad, y nunca con intenciones de pretenderlo un juicio de faz irrevocable, quisiera señalar que el Mito (obsérvese la presencia de la raíz Mito en todo aquello que huele a mentira o a tu amante en el closet perrita embustera) de la mujer multiorgásmica  parece devenir de la interpretación Mitoesquiza de un antiquísimo silogismo aristotélico, el que a su vez tiene su origen en una reciente combinación de jeroglíficos egipcios, cruces celtas, burdeles con bombillito rojo, gulags, trincheras, gas mostaza, y un tanto así de opio para soportarlo. Cualquiera que haya puesto atención puede entender lo que digo: no existe la mujer multiorgásmica. Lo que en realidad existe es la mujer multigritos, multitemblores, multi ¡Oh my God!, multi ¡yes, yes, yes! y etc (no olvides la cartera y ve saliendo) La cara Esquizo es la que juega a multiplicar los orgasmos hasta proporciones insospechadas y francamente sospechosas. Otro caso, que presumo por lo menos de análogo interés, nos ubica en las antípodas de la mujer multiorgásmica: me refiero a la Ninfa que evade todas las reglas de la castidad mitológica y corre tras cuanto Sátiro se le pone a tiro. El placer de la ninfómana ( de Ninfa ninfo y mana de no sé) es brevísimo: un fogonazo que nada deja (o si algo deja es una hembra en soliloquio frente al espejo y tomando brandy) Nunca le será dado a este tipo de mujer acceder con soltura al cálido relax orgásmico del cigarrillo post sudores compartidos: vive en una constante y solitaria búsqueda del éxtasis sublime que abata sus ardores, que le permita – por fin-  suspirar un prolongado Ahhhhh y hundirse en el delicioso reposo del abrazo a dos o a menage a trois o a según sea su estilo y/o conveniencia, situación, u otros (deditos sucios jugando un solitario a flor corrida y no va más) El desgaste que provoca este tipo de obsesión es fácilmente observable al microscopio: ojeras profundas, costillas quebradizas, párpados inquietos, dedos temblorosos, afición  monosilábica, imposibilidad para alejar ambas manos de sus nalgas, entrepierna y pezones, dureza contínua de éstos últimos, interacción rápida y sorpresiva con cualquier macho cercano, sin importar sus condiciones físicas, espirituales, o mentales (los acepta limpios o sucios, gordos o flacos, negros o blancos, chiquitos o grandotes, sin venas o con ellas, de cabeza descubierta o capucha monacal) lo que en modo alguno es benéfico para la susodicha o para el falo requerido con premura: aquí no hay rastro de nada que tenga que ver con habilidad o putería, se trata de una maldición y no del premio mayor en un concurso de exposición vaginal.

Concluyendo este renglón, es por ende inevitable comenzar el otro (aún veo en sus rostros esa ingenua, freudiana expectativa) con la insostenible disección del hombre Mitoesquizo, que tampoco es un trago nada fácil de bajar (tal vez intercalando Quevedo y vodka entre buche y buche) ni en ninguna de sus presentaciones un regalito de Dios padre.  Al suponer que tengo un público por encima del coeficiente mental medio, supongo también que habrán estimado sin esfuerzo cada uno de los dos factores  -determinantes y excluyentes- que impiden formular una teoría básica de la Mitoesquizofrenia como injerto atípico de la persona humana: los supuestos comparativos y las generalizaciones son del todo inútiles, ergo: no existen Mitoesquizofrénicos (as) modelo a seguir en toda ocasión (evento de caridad, show bailable, burdel, o carretera) solo existen tipos de, que se suceden y transmutan en el cálido crisol diario de alquímicas irrelevancias, lo que es igual  para ellos (as) mismos (as) como para quien o quienes les (¿los, las, me?) observan sin reconocer su condición hasta nuevo aviso o la máscara se cae.  Digamos entonces (en realidad usted no dice nada. Se trata del uso y abuso del plural mayestático: una forma elegante de alinear sus pensamientos con mis palabras, para que transiten por la línea de puntos sin resistencia de ningún tipo, delicada -pero inexorablemente-  extirpados de usted y sin que apenas lo note  (es importante no confundir alinear con alienar. Este último término solo es viable en el contexto del lenguaje técnico psiquiátrico,  erróneo  de suyo ( y además de mío en este caso) cuando se lo dota de un contenido político, sociológico o literario: implica que el afectado es  -como mínimo-  un obseso cuasi paranoico, material y espiritualmente imposibilitado para hacerle frente por cuenta propia a cualquiera de los tres dioses reinantes: azúcar, moda, e ideología) Visto y explicado a mi conveniencia (ejusdem) todo lo anterior, digamos: El ejemplar masculino u homo sapiens erecto pene (del latin penis: cola de los cuadrúpedos) es un Mitoesquizo de temática sexual en el 90% de los casos analizados. Tan astronómico porcentaje no se refiere a los medios, recursos, o imaginaciones,  sino más bien a la motivación que da origen a la mentira (intento de conquista o anzuelo) y el deber de sostenerla contra todo evento, a fin de no quedar desnudo y expuesto ante la dama de su interés. Veamos (idem a digamos, que debería escribirse “digamos”, pero el uso de las comillas se restringe terriblemente cuando eres egocéntrico, lo que a su vez provoca una neurótica recurrencia a los paréntesis explicativos y a los dos puntos del mismo tenor): casi todo hombre acude alguna vez, o muchas, o medio siempre, al uso  de uno de estos síndromes (no son pathos ni mucho menos imitaciones heroicas, son excrecencias de la personalidad que encubren lo contrario de lo que afirman) el tipo rudo y peligroso a toda prueba vs. el tipo sufrido y misterioso que oculta un dolor insoportable. El hombrecillo adscrito a la teoría del man rudo suele ocultar su mutilado narcisismo hablando de motores, hembrotas y armas de fuego. Camina con paso firme y lleva el ceño fruncido, escupe a cada rato, golpea las paredes, juega el papel de mono dominante enrojecedor de sexos intocados, ama los deportes de esfuerzo físico extremo (la palmadita en los glúteos de los camaradas parece ocultar el deseo de aferrarse al bate) Cuando lo agarran con el culo en popa  (verbigracia: queda al descubierto) se evidencia que su pretendida dureza no pasa de una triste aproximación a la ferocidad más estúpida: la que solo vocea y gesticula al comprender la indefensión de su rival. Lo más lamentable de éste espécimen es su incapacidad para darse de golpes con sus iguales, lo que suele llevarlo a practicar boxeo de sombra con intelectuales de cafetín o con la mujer que tenga más a mano (es bien conocida la propensión a utilizar señoritas como sacos de arena: puño-cara-pared-rebote-puño) Un original hombre rudo no desata su furia con personas que se encuentran en inferioridad callejera o en superioridad espiritual (casi siempre ambas cosas van juntas): los mira de medio lado, sonríe, y se aleja con cara de perdonavidas. En realidad no es violento, a menos que se encuentre ante una situación límite que no le permita otra forma de reacción. Varios datos: no tiene afición a las fiestecitas de cumpleaños, aniversarios, ni bautizos: anda solo porque le gusta hacerlo y no porque le obligue algún tipo de cliché cinematográfico (aunque de cuando en cuando se deje mojar por la lluvia, encienda un cigarrillo, suba el cuello de la gabardina, y se aleje lentamente hasta salir de cámara: irremediable Humphrey Bogart pragmático e indoloro a simple vista) o tal vez la frase de Mailer que parece condensarlo en sepia: “Los tipos duros no bailan”  (tampoco los que tenemos dos pies de ebrio irreflexivo, pero no viene al caso el análisis de una variante ajena al tema, bastará con citarme para ilustrar la idea en todo su esplendor vital: “borracho viejo baila con su trago” Las comillas pretenden atenuar un poco la falta de modestia inherente a toda autocita) Pasemos ahora al otro gran grupo de Mitoesquizos masculinos, ese que de alguna manera podríamos denominar místico u oscuro (el Darkman substituye al Hardman) enraizado en la tradición poético maldita de la Francia opiófaga y amargo ajenjo para beberlo en cántaros convexos de vello depilado. El que se suscribe al grupúsculo infame que pretendo desenmascarar (dejar sin cara, persona, ego, yo, BMW, pipa y zapatos) suele ser un individuo que viste de negro seis días a la semana y al séptimo descansa más por pereza que por bíblicas implicaciones teologales. Tiene en su haber una larga colección de gestos a toda prueba: miradas inmutables o póker de ases, lánguidas y torturadas fijaciones oculares, ojitos llorosos de perro callejero, lágrimas recias en do mayor (reciente viudo, reciente huérfano, reciente el muerto o muerta que sea y que más convenga), amante incondicional de Rimbaud (nalgear a la Belleza tiene su encanto) práctico ejecutor de la doble vida segmentada en luz y sombra: por el día puede ser cualquiera (desde bibliotecario hasta ingeniero, pasando por lustrabotas o entomólogo) por la noche es un artista del sufrimiento que se confunde entre las sombras: ofrece mescalina, cuenta historias tristes, recita poemas doloridos (plagiados, porque los propios son más bien sucios), fomenta el femenino anhelo de libertad y avala toda crítica del yugo matrimonial (nunca el patrimonial, algo debe tener la nena para pagar tragos, hotel, y regalitos) se torna hipersensible admirador de atardeceres, pajaritos, y luciérnagas: vulnerable poeta de inéditos versos, creador incomprendido, sonámbulo aislado en la cuerda floja, siempre por encima de ese cochino mundillo de poetastros que garabatean sus versículos de mierda en correcta formación alejandrina. Una vez que la estrategia mistérica de lo nocturno (fijación suicida, Edgar y su Cuervo, la bella negra de Baudelaire, y algo de Bakunin) le facilita elegir la táctica más conveniente para rendir la plaza (recordemos a Sade y su metáfora del ariete ) hace suyo cada centímetro epitelial de la presa que ha sabido confundir con húmedas artimañas. Satisfecho su tierno anhelo testicular  se retira gallardamente (sale de aquí, ¿te ofrecí matrimonio?, vete al carajo y no me chinches) a su  sombría y doliente labor de poeta condenado al cadalso por confesiones y hastíos (deja de llorar, pendeja, que cada quien se gozó lo suyo), de finísimo estratega manipulador de calmas y tormentas,  artífice de la calibre 22 un tiro en la testuz y derribada, irremediable cowboy de espaldas al sol oteando un horizonte de oscuros devenires (trozo e culo tiene esa negrota),  jinete solitario sobre el pálido corcel de la desesperanza, caballero inglés en pos de la próxima, inevitable zorra. O bien como diría Oscar de visita en Oxford: “Lo impensable persiguiendo a lo incomible.” Por último (merma de voz, tinta y papel, más que cese abrupto de las categorías) es usual para el Mitoesquizo macho recurrir a la postura épica del antihéroe Mítico y galante (Taurus inexplicable detenido en la desgracia de sí mismo) que subyace en despierta retaguardia, siempre dispuesto para la pronta ejecución de sacrificios rituales, o salvar la honra de la dama que tiende peldaños de rubia cabellera, o dejar a Medusa limpia de cabeza y ausente de peluquería (regocijo de Hera conservar los párpados cerrados de la mutilación infame:  humo  y  espejos generando incautos labrados en piedra.

No quisiera finalizar la presente disertación, sin antes orientarles un poco en la finalidad que la motiva: toda mujer y todo hombre deben conocer -como mínimo- la tipología general de los Mitoesquizos básicos, tanto del propio sexo como del otro que no lo es o quizás lo fue, ello con la obvia intención de sanear un poco la proverbial idiotez que suele embargar a  todo el que se enamora, sin distingos de raza, credo, sexo, color, o apetencia culinaria. Mentiría en grado sumo si afirmara que tal conocimiento permitirá que nos libremos de los Mitoesquizos (¿quién puede impedirle a Cupido lacerarle las orejas con flechas incendiarias?) lo que pretendo es mucho más simple: cuando caiga saber que estoy cayendo. Coincido en que tal conocimiento requiere de un cierto grado de masoquismo para degustar sin complejos patadas y grilletes (también algo de risa lúdica y mucho de bondad canina) pero cualquier rajadura de bisturí (zarpazo vulgar o limpia extracción quirúrgica) es preferible a la ignorancia, sea ésta última docta o inculta, agraciada o desgraciada, con o sin sonido, visión 20-20 o estrabismo inevitable, absurdo querubín o lápida grabada en fe de  erratas. Dicho esto último sin haber digerido  lo primero (al revés sería una alteración cronológica inexcusable, que daría por resultado un texto de equívocas irreverencias, un dar el salto sin enredarse los pies en la cerca de púas o de boca al suelo y dientes fuera) no me queda otra cosa (casa, causa, thing) que dar a ustedes mis más sinceras gracias por su paciencia infinita y sus decorosos aplausos. Recuerdo a todos (as) que pueden participar en cualquiera de nuestras múltiples actividades informativas o no, previo pago de su cordura u obsequio genital sin consecuencias ni reclamos anteroposteriores (algún culo echa sangre): 9:00pm espléndido cóctel de bienvenida: Margaritas, Eneidas, Odiseas, Blodymarys, aquelarres, y lo que guste, pida, o simpatice con su natural  rutina o corrupta efervescencia /10:00pm reventa de fotos autografiadas: colección erótica que abarca 30 años de ejercicio (didáctica y educativa)/11:00pm implantes de tequila y tryptanol a corazón abierto (solo adultos: posible y probable cirrosis cardiovascular hepática)/12:00pm ardiente revisión ortográfica de Justine y los 120 días de Sodoma (frenético puzzle repetido en inusitadas acrobacias: coitos bellacos de periferia urbana)/3:00am despedida: se visten y se largan como quieran o puedan o ya voy no me empuje (confusa colección de sumisos ególatras y cándidas creyentes: multitud de Quimeras y Acertijos persistiendo en desmemorias)

Apostilla (con bala para Elefantes): deposite su óbolo en cualquiera de los buzones dispuestos en cada una de las tres salidas: no se viaja de gratis en mi barca (efectivo, cash, de preferencia libras, o un beso de mujer que alguna vez fue amor. Se acabó: final de foto y no te veo / tal vez un ósculo dormido en tus pezones)

 

 

 

 

 

 

6 Comentarios
  1. Deconstrucción profusa y extrovertida de cierta imagen del erotismo que se evidencia como parapeto insuficiente, ante los ímpetus más naturales de uno.

    Lúcida disertación que más que ensayar, explora, con tono culto, despiadado e irónico, ciertas microhistorias de la sexualidad y las formas en las que sus “verdades” son construidas.

    Crítica y mordacidad liberadas al puro arbitrio de su despliegue genial.

    Muchas gracias

    Saludos!

    • Gracias a ti Jesús: Contar con un lector de tu talla -que además escribe con excelencia- es una doble motivación para seguir adelante.

      Saludos!

  2. Lobojejano: eres el maestro en esto de la hermosa y linda narrativa; se nota tu amplia preparación académica; te la sabes de todas todas en este arte tan interesante.
    Y esto, lo que tú haces, escribir como lo hacen los grandes escritores, a muchos les ha de parecer aburrido, pero, , lo que pasa, es, como hace unas horas dicjo, aquí, en México, el Secretario de Educación Pública, al preguntarle a un grupo de alumnos universitarios sobe la cantidad de libros leídos por alumno, y al obener tremenda decepción, expresó: el lector no entiende, y no entiende porque no lee. Y si lee, lo hace con la mente facmentada: escuchando música, y por eso mejor no lee.
    Eh ahí por qué los grandes de la literatura no se leen (masivamente, digo): se sabe de Homero, de Virgilio, de Dante, de los grandes de España, como José Mría de Pereda, pero pocos saben lo que escibieron porque no los leen, y no los leen porque no los entienden.
    El ejemplo perfecto de lo anterior es el Quijote.
    Tú, lobo}lejano, debes de estar entre los más leídos de esta red que amabemente ha puesto a nuesra disposición Falsria… deberías ser muy leído en todo tu país, empezando por la ciuad donde radicas.
    Y debes, y creo que así es, de tener publicaciones en diversas editoriales de habla hispana. Si no es así, qué desperdicio, amigo..
    No pretengo darte un cebollazo (así se dice en méxico -no se por qué, cuando se alaga a alguien-. Quiero nada más decirte que lo que escribes, yo de inmediato lo analizo (poco se me pega, pero de que intento, lo intento), para saber algo, un poquito de este arte, del que tú eres experto, todo un maestro, lo repito.
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

    • Gracias Volívar, y de verdad que no tengo proyección en mi país, ni nada publicado fuera de lo que es el mundo virtual (tampoco en editoriales de red, solo en portales como Falsaria). Lo que sucede en tu país con respecto a la lectura también sucede aquí. La gente lee por leer y se complace en terminar un libro velozmente, como si eso tuviera algún valor cuando lo hacen sin que medie la comprensión de lo que leen. Pienso que tú eres un escritor de muchos recursos, y que tu prosa es clara así como tu forma narrativa, lo que resta es seguir escribiendo y leyendo (leer es indispensable) hasta dar con lo que verdaderamente llene tus expectativas.

      Saludos!

  3. Lobo, el reconocimiento es mutuo, mil gracias!!

    Concuerdo en esencia con un comentario del buen Volivar, mi paisano.

    Eres un escritor muy fino y vanguardista. Es una pena que tu trabajo no tenga la proyección que amerita, por su calidad y altura.

    Te sugiero que ensayes esta prosa excelente en aforismos, congregando cada idea o imagen en párrafos separados, a manera de breves observaciones.

    De esta manera, los lectores tendrán un atajo para comprender y disfrutar las muchas intuiciones brillantes que manejas.

    Te aseguro que si procedes de esta manera, en aforismos o textos breves, tendrás tan buenos resultados como, por ejemplo, Maurice Blanchot o Emile Cioran. Tienes la sustancia en tu prosa y el talento visionario de estos maestros, amigo.

    Estamos en contacto

    Gracias de nuevo.

    • La sugerencia es buena y me atrae, tal vez lo intente. He leído bastante a Ciorán pero de Blanchot no conozco nada, voy a leerlo. Agradezco y estimo tus palabras.

      Saludos!

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