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Archivo de septiembre, 2011
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Tembloroso y aturdido, el perinquén acudió a la Plaza de Santa Ana para contarle sus miedos al perro. —Estoy asustado con estas obras que parecen no acabar nunca —dijo suspirando. No temas —respondió el perro—. Quédate conmigo, yo te protegeré. Estoy aquà desde hace más de cien años y conozco tantas historias que ya no me asusta nada. Verás cómo esta tarde vienen los niños a jugar con nosotros. —¿Niños? —preguntó el perinquén....
Siento cómo avanzan las lágrimas por la hondura de mis ojos, cristalinos se tornan, rojos, llenos de cicatrices , amando o tratando de hacerlo te odio, te aborrezco, el sufrimiento , el dolor, los suspiros, la sensación de vacÃo que jamás es saciada, el ardor por dentro cuando se es olvidado, cómo te odio, pero como una niña caprichosa que lo quiere todo, te extraño, te siento, te espero, ¿algún dÃa podré escupir todo lo que siento? o seguiré siendo solo otra sombra que se desvanece en el tren de tu vida…...
Hola amig@s de Falsaria: Aprovecho la ocasión que brinda la red social para presentaros mi última novela histórica El Maestro de Jarcia. En ella abordo una trama de espionaje en el seno de la Armada española del siglo XVIII. Utilizando la fabricación de la jarcia (cuerdas) de los barcos, imprescindible para los buques de la época, un joven guardia marina tendrá que infiltrarse en una poderosa compañÃa comercial catalana. Los ingleses han hecho lo propio y tienen un agente introducido en un puesto de gran responsabilidad en el arsenal de Marina de Cartagena. La labor de nuestro protagonista se moverá...
Era la primera vez, después de mucho tiempo, que nadie despedÃa a Ana en la estación. Sin embargo, ella lo tomaba como una situación normal. Parada junto a sus bolsos, esperaba pacientemente que su ómnibus hacia Córdoba estuviera listo para partir. Mientras tanto, observaba a su alrededor a los que podrÃan ser sus compañeros de asiento; mirando a un flaco musculoso de pantalones ajustados y con estirpe de muchachito de pelÃcula americana, que esperaba cargar el equipaje, podÃa imaginarse toda una historia que iba desde un fluido y atrevido diálogo durante todo el viaje hasta terminar durmiendo entre sus brazos,...
Era noviembre, los dÃas parecÃan mucho mas cortos, hacÃa un frÃo que quemaba como hielo seco y todos matábamos por un trabajo. Eramos desempleados. HacÃamos largas filas buscando solución a nuestra desesperación económica. La renta y los alimentos no daban tregua jamás. El sistema nos habÃa vuelto a joder. El sexenio terminaba, un presidente suplantaba a otro, el peso perdió fuerza y las fábricas cerraron dejándonos en las banquetas con los ojos, los bolsillos y las mentes en blanco. Los pocos que conservaban su trabajo se aferraban a él como a tablas en medio del océano. Era la devaluación del...
Necesitaba escapar. Necesitaba que todos los problemas, por pequeños que fueran, se desvanecieran por un minuto. Poder respirar, sin la asfixia de pensar en volver a casa con unos extraños, gente que querÃa pero que ya no conocÃa. Tampoco querÃa volver a un trabajo que aborrecÃa hasta el infinito, donde las sonrisas falsas se sucedÃan como una miriada de puñaladas por la espalda, teñidas de blanco satén. QuerÃa ser un anónimo transeunte al que no pudieran captar su espiritu desahuciado en la mirada, sin tener que soportar la compasión de ojos ajenos que se asomaban a su triste vida por...
III Empecé a despertarme. Me encontraba echada sobre mi cama. Recordé lo que habÃa pasado y abrà los ojos de golpe, totalmente confusa. ¿HabÃa sido todo un sueño? Miré el móvil, eran las once y cuarto de la noche y tenÃa tres llamadas perdidas y dos mensajes. Mierda. Las llamadas eran dos de Noa y una de Christian. Miré los mensajes, los dos también de Noa. Abrà el primero: “tia, dnd estas? Te e llamad y no contests y llevo sperando 20 minuts†Mierda, mierda, mierda, hoy quedaba con ella y no habÃa podido ir. Abrà el...
No se dice gran cosa, pero la gente habla demasiado. Chapurrean demasiadas palabras inertes, los llamados “Conceptos vacÃos†de Nietzsche rigen nuestras vidas y sin embargo aún seguimos en guerra con el mundo como si fuera nuestro enemigo. El sabio Hobbes ya lo advirtió en sus tesis “El hombre es un lobo para el hombreâ€; la llamada guerra de todos contra todos no solo existe hoy en dÃa; sino que a cada momento que pasa nos acercamos un poquito más a la prehistoria. No ponemos la máscara de la tecnologÃa, del desarrollo, pero no hay evolución. Nos hemos quedado estancados...
El trabajo era algo importante en su vida, y ese nuevo proyecto la tenÃa obsesionada. No serÃa otro dato en su curriculum, serÃa el despegue que siempre habÃa buscado. Trabajaba mano a mano con su jefe: un hombre carismático, que siempre la habÃa tratado con respeto y cordialidad. Pero la empresa decidió relevarle de su puesto y colocar en su lugar a un hombre que a Elisa no le inspiraba ninguna confianza. Su nuevo jefe empezó a trasladar tiempo de trabajo fuera del horario laboral, y las reuniones en la oficina hasta las tantas se hicieron algo habitual. Elisa no...
Desperdiciando el sentido que las palabras discurren por el viento donde una flor marchita, las palabras que embellecen el sentido de tu mirada. Tres folios pintaste en una guitarra que el sentir de una cuerda experimenta una letanÃa silábica que ennegrece la polución del alma. En los torbellinos de tu corazón aplastan mi mano que embrutece el dedo que escribe el silábico de la lengua que habla. Te vas como si dijera que eres un reloj que pinta los segundos como el fondo de tu piel marchita que amablemente escucha la vida. No entiendo el paso de tu sintonÃa que...
