El diablo de Humahuaca

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Es solo durante el transcurso de las fiestas de carnaval que los demonios pueden subir a la tierra y hacer toda clase de travesuras sin ser descubiertos. Inclusive en el inframundo, aquel lugar abandonado donde las almas miserables arden en la eternidad, las alimañas infernales pasan su tiempo entre preparativos para los carnavales de la tierra, inventando bromas, preparando disfraces y buscando a sus futuras víctimas.

Los diablos más viejos son reacios a estas festividades y prefieren quedarse allí abajo atormentando a los que cometieron suicidio o simplemente conspirando tras las sombras para hacer del mundo un lugar cada vez peor. No están de acuerdo con el mero concepto de la diversión, y mucho menos con andar paseando y mostrándose sobre la tierra, como lo hacen los demonios más jóvenes y de menor rango.

El diablo de Humahuaca, uno de los más veteranos, y la excepción a la regla, siempre fue conocido por tener un rol más que activo en los carnavales. No solo se concentraba en las clásicas bromas de siempre, como la de hacer tropezar a las tiernas abuelitas y beberse apuradamente las tinajas de chicha para que nadie pueda disfrutarlas, sino que, al igual que otros de su calaña, también aprovechaba su corta estadía en la superficie para conquistar mujeres, un reto más que interesante para los demonios, ya que ellas son el único ser al cual no pueden sugestionar ni doblegar con sus poderes espectrales.

Mientras sus sirvientes correteaban entre las llamas y los ríos de azufre, nuestro querido diablo norteño se encontraba zurciendo un traje con los siete colores del cerro. Su habilidad y empeño en tal tarea era sorprendente, tan así que todos en el aquelarre procuraban no molestarlo. Él, abstraído en su obra, no podía evitar pensar en las cholitas y sus adornos dorados que lo atraían como un mosquito hacia la luz; la chicha, ese brebaje mágico que hacía valer la pena la pérdida total de juicio, y la música puneña, que tanto disfrutaba bailar revoloteando los brazos como cóndor y dando saltos en círculos. La fiesta de la quebrada estaba por comenzar y sus ansias aumentaban a cada minuto.

Faltando apenas dos días para el gran acontecimiento, y ya con su traje adornado con pequeñas incrustaciones de oro listo para usar, el diablo de Humahuaca, ofendido por la cantidad de turistas europeos y norteamericanos que asistirían al carnaval, que no lo conocían ni le temían, decidió pasar esas fiestas en Buenos Aires, más precisamente en el barrio de La Boca, antro elegido por muchos demonios por sus oscuros recovecos y calles inundadas de sombra que oficiaban de escenografía perfecta para llevar a cabo sus maldades.

Es así que tras más de cinco siglos sin dejar la quebrada, el diablo llegó al puerto de La Boca una noche de pleno carnaval. Embriagado por el redoble de los tambores rioplatenses que se escuchaban a lo lejos, bajó por una eterna calle adoquinada y se encontró cientos de personas bailando al son de una murga.

El espectáculo era tan distinto a la de su Jujuy natal pero al mismo tiempo tan colorido y vivaz que no podía salir de su asombro, por lo que se unió a los festejos y se dejó naufragar en un mar de platillos, redoblantes y bombos.

También le llamaron la atención las mujeres. Ellas, eran altas, hermosas, resplandecían con colores sorprendentes y bailaban sensuales dejando una estela de brillantina a su paso.

Ya entrada la madrugada, y víctima de un estado de algarabía solo comprensible para quienes viven el carnaval apasionadamente, encontró entre la multitud la bailarina más bella que jamás había visto. Tenía un pelo rubio platinado largo hasta la cintura, unas piernas quilométricas y piel diáfana que resaltaba sus ojos azules y sus labios carnosos.

El ya negro e inerte corazón del diablo de Humahuaca estaba a punto de explotar. Nunca había sentido semejante atracción por una mujer, así que decidió acercársele y conquistarla. Si bien los demonios no son expertos en cortejar señoritas, esta vez él mismo se sorprendió por la facilidad con la que logró que ella caiga en sus brazos.

Cuando la besó en un callejón cercano a donde transcurrían los festejos, olvidó por un segundo su desgracia y lo invadió la felicidad, sentimiento poco frecuente en esta clase de bestias demoníacas. Todo finalizó abruptamente cuando ella lo apartó y, acomodándose el escote, le dijo:

—Perdoname viejo, pero me tengo que volver. Es mi turno de tocar el bombo en la comparsa “Los mimosos de La Boca”. Buscame más tarde por ahí, me llamo Sergio, pero me dicen “Lulú”.

Estupefacto hasta el punto de no poder reaccionar y dejar que su amiga, o amigo, o lo que sea, escape de sus reproches y retorne a la fiesta, el diablo de Humahuaca se sintió humillado y avergonzado. Él, experto en bromas pesadas, había sido presa de la peor jugarreta de todas, que no solo ponía en duda su orientación sexual, sino que también lo convertía en el hazmerreír de todos los demás demonios. Ni siquiera podría ahora encontrar paz en su propia guarida o entre sus pares. Su vida como temido ser de las tinieblas estaba acabada, jamás podría volver siquiera a su bella quebrada, testigo de sus años de gloria y maldad.

En la actualidad nadie sabe de él. Nunca más se lo volvió a ver en los carnavales de Humahuaca ni en los alrededores de su tierra. Algunos dicen que murió de dolor esa misma noche, rodeado de brillantina y espuma. Otros dicen que lo han visto en La Boca junto a Lulú, sacudiéndose al ritmo de la música y liderando la murga que año a año llena de color el barrio.

 

CxF

Comentarios

  1. NicolasMattera

    26 octubre, 2011

    ¡Está bieeeenn!!, jajj, pobre Diablo, el que las hace las paga!
    Felididades mi amigo, muy bueno!

  2. marcof

    26 octubre, 2011

    Nico! Paloma! Gracias por comentar siempre! Son grosos.
    Uds son administradores (o alog asi) de falsaria no? Bien ahi! felicitaciones por la pag y aguante!

    salud!

  3. Felipe Ferrante

    27 octubre, 2011

    Muy bueno…el pobre diablo enamorado de un ser androgino. Me ha gustado Marcof !

  4. marcof

    27 octubre, 2011

    Grande fipo! gracias. me alegro q guste!

  5. Letra digital Uruguay

    20 noviembre, 2011

    Muy bueno es entretenido y el humor está bien manejado, algo muy difícil. Estos diablos son de poca monta, si su maldad se limita a hacer tropezar viejas, que deja para los hombres con las cosas que hacen actualmente, que vemos en la televisión y leemos en los periódicos. Tu texto me recordó a Alejandro Dolina, fue un gusto leerte y te estoy siguiendo. Un abrazo y saludo desde Uruguay

    Pd: Quién no se confundió alguna vez, entre tanto barullo, oscuridad y unas copas encima jaja. “Los mimosos de la boca” me maté de la risa

    • marcof

      21 noviembre, 2011

      gracias por tan lindo comentairo amigo. Uruguay noma’ ! El 8/12 ando por ahi. voy a visiar amigos.

      saalud!

  6. Alejandra Girado

    29 noviembre, 2011

    Jajaja, que sorpresa se llevó el diablo…me encantó!!

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