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Archivo de noviembre, 2011
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Os presentamos LOS SENDEROS DE BHARAT, la nueva novela de Aura Tazón. Es la continuación de LOS GAMOPELÚSIDAS (Ed. Bambú 2009), obra incluida en la lista de los White Ravens 2010 (un reconocimiento de prestigio internacional que otorga cada año la Biblioteca Internacional de Múnich a los que considera los 250 mejores libros del mundo en el ramo). TÃtulo: LOS SENDEROS DE BHARAT Autora: AURA TAZÓN Ilustraciones: ENRIQUE V. VEGAS Edita: EDITORIAL KATTIGARA, Colección Fierabrás, 2011 ISBN: 978-84-939352-3-8 184 págs., encuadernación rústica con solapas. PVP: 12 € (comprar) Sinopsis: MartÃn y los gamopelúsidas llegan a la India. AllÃ...
Cuentan que deliraba delirios de locas pasiones que nunca sintió. Se estremecÃa con el roce de la brisa en las mañanas y por las noches cantaba canciones a la luna. SonreÃa a los pájaros en su delirio extenuado de encontrar la sonrisa de las aves. Lloraba delirando que habÃa perdido aquello que nunca tuvo en realidad. MantenÃa con las flores un loco diálogo en el creÃa ser comprendida. Delirantes sus ojos se mostraba ante las ajenas miradas que la tachaban de enajenada. Pero un dÃa, la loca de los delirios se topó con otro loco que fantaseaba con descubrir algún...
Quedó el aire cimbrando con el resonar de ese último grito, y un rayo de sol que entraba por la ventana suspendÃa astros de polvo que habÃan volado al cerrarse violenta la puerta, dos vueltas a la condena. Se habÃa estirado en la bañera y el caudal de la ducha moja espumando su pelo revuelto; el pecho desnudo de piel pálida, con huellas de manos como las que enrojecÃan su cara; los pantalones vaqueros aún ajustados por un cinturón coloreado por el arco iris que se va oscureciendo, apagándose como las aceras de un dÃa de lluvia; haciéndose pesado, un...
Durante mucho tiempo esperé a que volvieras. Fueron muchos dÃas, semanas pendiente de volver a saber algo de ti. Hasta me hubiera conformado con un escueto mensaje en el buzón de voz, pero ni eso tuve. De forma repentina, fuiste dejando de responder a mis llamadas, espaciando nuestras citas con excusas poco creÃbles. En los últimos dÃas, cuando ya no respondÃas a mis llamadas, llegué a quitarle importancia, escusándote yo misma para no preocuparme, para no ver lo inevitable. Mi última llamada sà tuvo contestación. Una voz de mujer me avisaba de que el numero que...
Aquel pasillo largo, con buena iluminacion y paredes blancas. Todo se hallaba en silencio, bueno si tener en cuenta las voces que se oian de megafonia (“Francisco Medina consulta 4″ dijo la voz de una mujer que se entrecorto al oir al decir el nombre)Toda aquella sala estaba en silencio. Podias parate a pensar sin ningun tipo de problema a que alguien te interrumpiera las pensamientos.De vez en cuando se habrian las puertas de la sala de espera de urgencias y entraba gente. Habia de toda clase de personas. Una familia de gente asiatica. La persona que parecia estar enferma...
Soledad No deseada, pero anhelada Que da y que quita, Hiriendo, Negando el estar a tu lado FrÃas noches, tibios recuerdos que vienen y se alejan Sufriendo y soñando sintiendo, a solas nostalgia y placer, La frÃa agonÃa del viento que aúlla me recuerda las noches con nieve y sin sol Donde tu ausencia se hace presencia en las heladas brisas en las frÃas manos en los blancos témpanos… donde se embarca mi amor...
Como un zarpazo. Duerme el sexo en mis recuerdos; diurnos y nocturnos. Despierta de un sobresalto en plena erección. El corazón tiene tatuado el filo de tus uñas, que histéricas, me amaron al esconderme entre tus piernas. Permitirme tu interior, tu calor, tus caricias, tu mirada deseándome, aterra. Empequeñece tu presencia. Me enfrento cobarde a tu piel tersa y desnuda. Me abraza y me embriaga la duda del hundirme o huir. Sus ojos ciegos de excitación. Lacrimosos; abruman. Me enredan las sábanas que desconozco al amanecer. Roja nuestra piel de enzarzarnos en un sexo ahogado. Nos gastamos tanto, que el...
—No puedo creerme que hayas mentido –le espetó en cuanto se alejaron unos pasos de la residencia. —Pero mujer, si el viejo se lo ha tragado de punta a rabo. El fulgor en su mirada y el cigarrillo apretado entre los dientes, señales inequÃvocas de la satisfacción que le producÃa conseguir dinero fácil. —¿Y si descubre que su sobrina no soy yo? —insistió. Necesitaba una respuesta que acallara, de una vez por todas, su conciencia. —Imposible. Sois como dos gotas de agua. Además —prosiguió desafiante—, me aseguré de dejarla bien enterrada. —¿QUÉ? Se paró en seco y con estupor le...
El botón de tu camisa. Hoy me he quedado mirando el botón de tu camisa; de esa camisa de rayas turquesas,blancas y añiles.¡Ay, ay, ay! El botón de tu camisa tan pequeño, tan redondo, tan coqueto y juguetón como el lunar que “ronea” al principio del sendero, de ese hueco de tu pecho.El botón de tu camisa que amenaza con librarse del ojal que lo atenaza, que lo oprime; que le ha colgado el marrón de ser siempre el carcelero de ese nacer de tu pecho; de ese canalillo estrecho que me tiene fascinado¡y tanto! que me falta voluntad para...
