Cazadora de leyendas, Cap. 3 La muerte blanca

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La maleta no había vuelto a abrirse desde que el caso de Cave Caddle quedó cerrado, aunque tampoco hice muchos esfuerzos por forzar el cierre, simplemente por alguna extraña razón, sabía que se volvería a abrir sola, y sería la hora de leer otro expediente.

Pero mientras ocurría, me ocupé en acomodar la casa de mi abuelo a mi antojo y comodidad, disponiendo del escritorio para instalar mi humilde despacho.

Fue entonces cuando una tarde luego de terminar con las tareas de aquel día y me disponía a relajarme un rato, el chirrido del cierre y el sonido del resorte soltándose se dejaron escuchar arrancándome un ligero sobresalto, claro, luego de aquella experiencia con el esquelético Robapieles, no estaba segura de soportar otro fenómeno paranormal o de tener la misma suerte.

Aún así me adelanté hasta la habitación donde había dejado la maleta. Efectivamente estaba abierta, los expedientes ordenados por números, aunque las carpetas estuviesen en blanco.

La muerte Blanca, rezaba el título del expediente.

Una maldición que se trasmitía de boca a boca, todo aquel que escuchase de ella quedaba condenado a una muerte a manos del blanco espectro aterrador.

El chico la había escuchado de su amigo, al que encontró muerto un día después.

No se supo de dónde la escuchó el primer joven, y el segundo, preso del pánico decidió escribir la carta, la cual encontraron junto a su cadáver, mutilado y en lo que se podía distinguir de lo que alguna vez había sido su rostro había sufrido hasta el último segundo de vida una inimaginable tortura.

En el escalofriante relato del muchacho contaba que luego de enterarse de la muerte de su amigo, se encerró en su cuarto y recibió un llamado en lo que lo único que escuchó, en medio de un silencio sepulcral, fue la palabra “Testigo” en un susurro bajo, tan bajo que no pudo distinguir si era una voz de mujer o de hombre… y luego la comunicación se cortó. La Muerte Blanca le había marcado como su próxima víctima.

A la hora empezó a sentir un golpeteo en el espejo. Según la leyenda, la Muerte Blanca golpea tres veces en el espejo por cada puerta que está entre ella y su nueva víctima.

La carta terminaba con una despedida a sus seres queridos, y que rogaba que con su silencio de no haber contado nada a nadie sobre la Muerte Blanca, pudiera evitar más masacres…

Suspiré y guardé la hoja del informe, para revisar las fotografías. Unas eran de una habitación con grotescas manchas de sangre. Seguro habían sido tomadas por el perito forense de la policía. Otras eran una serie de fotografías en acercamiento. La primera mostraba una puerta de lo que parecía ser el baño de la habitación del chico, luego una más de cerca, o quizás una ampliación de la misma, que enfocaba apenas un tramo del interior del lugar, y se podía ver el espejo del botiquín sobre el lavamanos. La siguiente mostraba un punto blanco en el espejo… y la última y fue la que me dejó con una extraña sensación de escalofrío… era apenas una aureola blanca, pero podía distinguirse perfectamente sus manos apoyadas en la superficie del espejo…

Dejé caer las hojas y suspiré. Volví a echar un vistazo a la carta redactada y ahora noté que bajo la firma del joven había solo una palabra marcada con tinta roja oscura y prolija, solo una palabra… testigo…

Fue entonces cuando, en el espejo del viejo tocador de mi abuela, que estaba en el mismo cuarto de la maleta, sonó.

Toc… Toc… Toc…

Tenía tres puertas antes de que la Muerte Blanca llegase a mí.

 

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