Era una mañana de perros, el frío insensibilizó los dedos de mis pies a pesar de que llevaba puestos un par de calcetines en cada extremidad. Llamé a la siguiente puerta con la esperanza de que me abriera una venerable anciana, que aunque no estuviera interesada en la palabra de Dios, se apiadara de mí y me diera un respiro, normalmente, las ancianas sacaban su instinto maternal ante mí, ofreciéndome una parada en el camino, y eso es lo que esperaba, bueno, más bien lo que necesitaba en aquel momento.
Pulsé el timbre de entrada y un ding dong subido de tono sonó. Desde el otro lado de la puerta se oyó la voz de un hombre.
- ¿Quién es?
- Soy un embajador de la palabra de Dios, ¿cree usted en Dios?
De pronto se obró el milagro, y tras el sonido de cerraduras chirriantes, la puerta se abrió. Un hombre de unos cincuenta años, despeinado y en pijama asomó la cabeza por el hueco que dejó entre la puerta y la pared.
- ¿Que si creo en Dios? ¿No es esa una pregunta demasiado profunda como para hacerla a estas horas de la mañana?
- Bueno, son las once, y puede que tenga razón en eso de que es una pregunta muy profunda, si tiene diez minutos me gustaría reflexionar con usted sobre tan profunda cuestión…
- ¿Las once? Pensaba que era más temprano, pero adelante no te quedes ahí, pasa y reflexionemos juntos si quieres sobre Dios, quítate el abrigo, aquí no lo necesitarás, está puesta la calefacción, siéntate si quieres en ese sillón.
- Muchas gracias, la verdad es que ahí fuera hace un frío de muerte.
- ¿Quieres café o prefieres un chocolate caliente? ¿Por cierto como te llamas? Yo me llamo Jean Aspirnot.
- Me llamo Simon Delayer, y si no es mucha molestia preferiría un chocolate.
- Eso esta hecho Simon.
Jean fue a preparar el chocolate y a voces desde la cocina me dijo:
- ¡Siéntate como en tu propia casa Simon!
Pasados cinco minutos, llegó con la taza de chocolate que gentilmente colocó delante de mí, salió y volvió con su café.
- ¿Ha leído la Biblia señor?
- Oh, desde luego que la he leído, soy escritor sabes, y un buen escritor, hay libros que no debería dejar de leer… y entre ellos por supuesto está la Biblia.
- ¿Entonces ha leído el Nuevo Testamento como un libro más y no como la palabra de Dios entregada al hombre?
- Bueno… veo que entras rápidamente en materia, pero antes de que me sueltes tu royo dime, ¿quieres que te conteste a tu pregunta de si creo en Dios?
- ¡Oh claro! Contésteme
- Te contestaré, pero por favor… deja de tratarme de usted.
- Lo siento, es la costumbre, pero adelante, no dejes que te interrumpa.
- Bueno, pues contestando a tu pregunta, tengo que decirte que creo en Dios al veinticinco por ciento.
- No entiendo lo que me quieres decir, ¿cómo que crees en Dios al veinticinco por ciento? O se cree, o no se cree en Dios.
- Si tienes tiempo y tus obligaciones no te lo impiden, estaré encantado de explicártelo todo al detalle.
- Adelante Jean.
Jean encendió un cigarro, inhaló una calada, y expulsando de forma continua el humo por la boca, creó en el espacio vacío de aquella habitación una espumosa nube de vaho antes de proseguir:
- Querido Simon, decirte, que según yo lo veo, hay cuatro explicaciones posibles a la existencia del universo, la vida, la inteligencia o el ser humano, como prefieras llamarlo. Son cuatro teorías que me convencen, creo sinceramente que una de las cuatro es la explicación verdadera a la existencia del mundo, pero hasta ahí llega mi ejercicio de fe, cada una de ellas tiene algo que me convence pero por otro lado también todas ellas poseen algo que me repele. Por eso creo un veinticinco por ciento en cada teoría. La primera de estas teorías, es en la que tú crees, la respuesta a la gran pregunta es que un ser supremo ha creado todo cuanto vemos. El problema de esta teoría es que el supuesto Creador, no ha dado ha día de hoy señales de vida, al menos a mí personalmente. Yo puedo creer en ti, es decir… puedo creer que seas una buena persona y que me ayudarías en caso de que lo necesitara, pero creo en ti porque sé que existes, porque te estoy viendo y estoy hablando contigo, además, otra cosa que me desconcierta de la teoría divina es… porqué Dios… no nos creó directamente en el paraíso, saltándose este innecesario paso, ahorrándonos toda esta incertidumbre y porque no decirlo, sufrimiento. Y no me salgas con lo del libre albedrío, si Dios no nos creó directamente en el paraíso, sólo me imagino dos razones por las que no lo hizo… la primera… porque no pudo, por lo tanto no sería omnipotente. La segunda… más preocupante… porque no quiso, por lo que no sería todo bondad, es como si disfrutara viendo como nos devanamos los sesos y sufrimos en vano.
Jean paró de hablar, inhaló dos caladas más de su cigarro y añadió:
- ¿Sabes por donde voy?
- Te entiendo perfectamente… pero para mí, este paso innecesario como tú lo llamas, es fundamental, además no ha de ser forzosamente sufrido, eso queda a elección propia, y digo que es fundamental porque es en este paso donde nacemos, en este paso asistimos a nuestra autocreación. Dios, en su infinita generosidad, nos da la opción de nacer a la existencia por nosotros mismos, a voluntad. Dios está en cada uno de nosotros, y nuestra única misión es aceptarlo, es ver lo que tan claramente se nos muestra… una vez que esto es aceptado, ya estás en el paraíso, pero si te niegas a verlo, entonces el miedo se apodera de ti… como tú has dicho, sufres… la vida se convierte en un drama, pero después de todo, Dios en su infinita bondad, no permite que el sufrimiento sea eterno, con la muerte, el ser humano queda liberado del miedo y del sufrimiento, ¿qué es una vida de sufrimiento en comparación con la dicha eterna? Es sólo un chasquido… hasta la peor de las vidas es tolerada y vista incluso con cierto candor cuando se accede a la gloria de Dios.
- Ya veo que no desperdicias una oportunidad para soltar tu rollo.
- Has sido tu quien ha preguntado, yo me he limitado a responder.
- Tienes razón, seguiré entonces yo con mi rollo.
Jean soltó una gran carcajada y apuntó algo sobre un papel arrugado, alzó la mirada y continuó hablando.
- La segunda teoría Simón, es la atea, con lo cual Dios no existe, el universo entero y cada átomo de materia contenido en él, es tan sólo producto del azar y no de la creación de un veleidoso Dios. No hay una explicación racional a la vida, y si la hay, el intelecto humano hasta el momento no ha sido capaz de descifrarla… o simplemente es inalcanzable a nuestra razón. El hombre queda aquí reducido a un mero juguete en manos del azar, sin derecho a saber el porqué de su existencia. Pero Simon, la ciencia, cuando estudia los fenómenos que suceden en la escala más pequeña del universo, cuando baja y pone su lupa al nivel de las partículas subatómicas, llega a conclusiones que se contradicen con las leyes que rigen el comportamiento del universo a gran escala. Las partículas subatómicas, los ladrillos con los que está formada toda la materia del universo… todo lo que vemos… atienden a unas leyes que el ser humano es incapaz de comprender… todas las teorías que tratan de explicar el comportamiento de las partículas son abstractas. Los científicos se afanan por elaborar la teoría de unificación, una teoría que lo explique todo, que reconcilie a la Física Quántica con la Relatividad General. Algunos científicos afirman haber encontrado la solución, la llaman “Teoría De Cuerdas” ¿has oído hablar de ella?
- No… es la primera vez que oigo esa expresión.
- Esta teoría propone… que todo lo que vemos esta formado por unas minúsculas cuerdas, más pequeñas aún que las partículas subatómicas, cuerdas que vibran. La teoría afirma que nuestro universo es una red de esas cuerdas que sometida a altas energías se extiende a modo de membrana hasta alcanzar el tamaño del universo que observamos y del que formamos parte. Las galaxias, las estrellas, nuestro amado planeta y nosotros mismos estaríamos hechos de esas minúsculas cuerdas. Según la teoría, hay dos clases de cuerdas, el primer tipo de cuerdas… tiene la propiedad de adherirse por sus extremos a la red, al universo, el segundo tipo… bueno, estas cuerdas se cierran sobre sí mismas formando un bucle… pues bien, este segundo tipo de cuerdas al que llaman gravitón, al no quedar adherida al universo… literalmente escapa de él, viajando por el espacio vacío hasta otras redes otros universos. ¿Sabes lo que me sugiere a mi esto?
- ¿Qué te sugiere Jean?
- Me sugiere, que nosotros, bueno, quiero decir nuestro cuerpo, está formado por el primer tipo de cuerdas, las que están adheridas al universo. Pero nuestra alma, sea lo que sea la esencia de lo que somos, está formada por el segundo tipo de cuerdas, los gravitones… una vez que morimos, liberados de la estructura adherida al universo que se descompone con la muerte, liberados de nuestro cuerpo, volamos hacía otros universos… en fin, como puedes ver… una interpretación muy religiosa.
La naturaleza hizo su llamada y tuve que interrumpir a Jean para ir al servicio. A mí regreso, Jean retomó la palabra.
- ¿No te estaré aburriendo? Sería una ironía que tú, que vas de casa en casa buscando ovejas descarriadas, tuvieras que tragarte este sermón, cuando tú mismo habrás notado la expresión de aburrimiento en las caras de la gente a la que asaltas.
- Oh… no Jean, todo lo contrario… a mí… las contradicciones de las leyes científicas no me sugieren lo mismo que a ti… a mí lo que me sugieren es que el diablo engaña y obnubila a los hombres, confundiéndolos. Para mí, la existencia del mundo, es una prueba en sí de la existencia de Dios. ¿Que más te hace falta para aceptar su existencia? Acaso no te basta con contemplar el mundo. Si no existiera nada, si no existiese la existencia, no habría duda, Dios no existiría… ni siquiera podría plantearse la cuestión de si existe Dios o no existe… por que no existiría nadie para planteársela…
Jean escribió de nuevo sobre el papel y dijo con aire solemne.
- El budismo es la tercera teoría de mi lista.
Jean hizo otra pausa, miró al techo como buscando inspiración y añadió:
- Las prédicas de Buda, dicen que el universo y todo lo que vemos, es decir… lo que comúnmente llamamos realidad… es una ilusión, más o menos sería como decir que la realidad es irreal.
- No me negarás que esta teoría es un poco absurda.
- No Simon, no puedo negarte que esta teoría parece sacada de una novela de ciencia ficción, pero piensa… el hombre es una criatura sumamente fácil de engañar, tú, al igual que yo y que todo el mundo, has creído cuando soñabas que realmente vivías. El mundo de los sueños esta construido de ilusiones, no es real, y aun así, en sueños… saboreamos el beso de un ocasional amante o lloramos amargamente la muerte de un familiar. El budismo convierte al ser humano en una suerte de criatura inmortal… inmortal pero que percibe la inmortalidad, la eternidad, de forma fraccionada… habitando el sueño sin soñador creyendo ser un perro, un saltamontes o un hombre. En definitiva lo que dice el budismo es que la vida es un sueño del que hay que despertar… despertar para dejar de ser actor dentro de la ilusión y convertirse en espectador, alcanzándose en ese momento el nirvana… admirando el sueño sin soñador en su totalidad.
- Jean, yo sé cuando estoy despierto y cuando estoy dormido. Qué quieres que te diga, esta opción no me dice nada, dudar, entre si Dios existe o no existe todavía lo veo normal, después de todo para creer hay que tener fe, un don divino… pero esto que me cuentas de confundir los sueños con la realidad, después de escuchar esta teoría, estoy ansioso por escuchar la cuarta… que no creo que supere en extravagancia a esta.
- La cuarta explicación de mi lista es la más terrorífica, condena al hombre a vivir en la ignorancia eterna, sin descanso, lo condena a vivir su vida infinitas veces, muriendo y naciendo para repetir uno por uno todos los gestos y acciones que componen su vida una y otra vez, eternamente, sin posibilidad de variar nada, sin posibilidad de aprender, de progresar, de rectificar, de hacerse más sabio, viviendo siempre la misma vida, teniendo siempre las mismas dudas, de ser esta la teoría correcta, el Eterno Retorno… es cuando la verdad sólo puede ser planteada como hipótesis… hipótesis indemostrable e increíble. Esta teoría, existe desde que el hombre es hombre, pero como dejó escrito Borges en su “Historia Del Tiempo”, Nietzsche se la apropió bautizándola como la teoría del “Eterno Retorno”. Nietzsche argumentó para demostrar la validez de su teoría, que si el tiempo es infinito tanto hacia detrás como hacia delante y admitimos que una persona no es más que el producto de una determinada ordenación de la materia en el espacio, esa determinada ordenación de la materia en el espacio, siendo el tiempo infinito, debería haberse repetido tanto en el pasado como en el futuro, dando lugar a una repetición infinita dentro del tiempo infinito. Si nosotros somos únicamente lo que es nuestra vida y no tenemos ningún origen trascendente, siendo el tiempo infinito, es harto probable que nuestras vidas tiendan a repetirse también de forma infinita.
- Yo creo que esta teoría del “Eterno Retorno” es fácil de refutar.
- Soy todo oído.
- Pues es bien fácil, si el tiempo es infinito, las posibles combinaciones de la materia infinita en el espacio son también infinitas, eso vuelve a convertir la vida de una persona en algo original, irrepetible y único.
- ¡Ja ja! ¡Tu razonamiento me ha convencido! Ahora, sin duda, mi respuesta a tu pregunta de si creo en Dios, es que creo en Dios a un treinta y tres por ciento ¡con gran alegría me despojo de la teoría del Eterno Retorno!
Jean rió exageradamente y haciendo aspavientos.
- Bueno Jean, me conformo con haberte acercado a Dios aunque sólo haya sido un ocho por ciento. Ha sido un placer hablar contigo… ahora… debo disculparme no sin antes agradecerte tu hospitalidad, he de continuar con mi misión, pero antes de irme, te advierto que si usas algo de lo que he dicho en uno de tus libros, te demandaré por plagio.
Le dije en tono burlón guiñándole un ojo y levantándome del sillón.
- Simon, el placer ha sido mío, y te aseguro que si utilizo algo de lo que has dicho, te dedicaré unas cariñosas líneas en el prologo…

NicolasMattera
Si bien es un cuento largo para leer online no se me ha hecho largo para nada, lo cual indica claramente la calidad del material.
vas con maestría por un tema que puede ser trillado pero esos pequeños toques de humor lo renuevan, mis felicitaciones!
jon
Gracias por comentar Nicolas. En realidad no es un cuento, es un estracto de una novela corta.