Putos breves (ficción jedionda) I

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    Cuando un puto coge, no solo está cogiendo con alguien sino también con algo. O sea, dejémonos de joder un rato con la búsqueda de una definición posible y única de la palabra “chongo” y que las pasivas del mundo breguen cuando es más gentil la mitología y no se afecta tanto el autoestima del sacrificio. Acá está la cuestión, acá hay algo que raspa hoy por hoy. En algo hay un problema que más de uno disimula en el acto en cuestión y le da para adelante como quien dice, casi con caridad cristiana, con esa intención, con ese afán reparador de la definición sensorial que hizo posible la cogida, ahí, en cualquier lado. Lo de la cogida, entrando en tema ya, no es una generalización de todas la cogidas del puto, sino más bien las referidas a aquellas en las cuales, ya lo dije, el puto se cogió un chongo. Y no al revés. O sea, un chongo cogido es un falso amigo lingüísticamente hablando, implica una decepción sobre la ficción verdadera del otro pero, al mismo tiempo, un empeño del puto por no ablandar digamos, por no cederle terreno a la encuadernación de lo real, de lo que parecía una maquinaria hormonal que encajaba perfecto en lo que siempre se supo en poder de otro más poderoso, más intenso, más intervenido en lo real, como los albañiles, los vendedores ambulantes o ciertos jugadores de las inferiores. Los jugadores hacen el deporte y los putos construyen al chongo. El gran problema del teatro argentino quizás sea un problema de actuación que no encuentra un conjuro más o menos creíble en lo material porque éste, de alguna manera, se sabe pero se sigue, está deteriorado. Un chongo cogido, también.

    Comentarios

    1. Nicolas_Mattera

      18 noviembre, 2011

      Che, no entendí nada ¿de qué va esto?
      Es algo sobre lo gays o contra los gays??

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