Dos sonetos cada día más tristes

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Cuando sin queriendo querer quisiste
besar los labios de tu compañero,
dejaste un corazón enfermo y triste
mendigando besos de embarcadero,

de navío en tierra sin marinero
queriéndose ajustar la soga al cuello,
muriendo con cada sol mañanero.
Interpelando al viento el degüello.

Besar sin ganas al enamorado
es el más ardiente de los infiernos,
el más cruel de los castigos eternos,

pues el que se creía acompañado
de los labios tuyos de los avernos
descubre, que se le han emancipado.

***

Si alguna vez tus labios traicioneros
dañados por el imbécil de turno,
necesitan unos besos sinceros,
el mendigo que quedó taciturno

aún peligrando quedar en cueros,
desenterrará su corazón muerto
ofreciéndotelo envuelto en aceros
y consciente de su futuro incierto.

Arrojará a tus pies con sobresalto,
lo que una vez le arrancó su destino.
Mientras tanto, sigue rezando en alto

que el imbécil se cruce en tu camino.
Y aunque hoy tus labios se tornen cobalto,
peor quedaron los de este cretino

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