A la juventud perdida

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(Delgadez, jerséis anudados a la cintura, frío y húmedo

Bilbao, y la plaza de Zabálburu, y el tren y el Corte Inglés

Y caminar si hacía falta toda la noche hasta Begoña

Desde bien lejos, desde la sola ilusión haciéndose a cada paso)

 

Te marchabas poco a poco hasta ayer mismo,

Tan despacio que nunca te ibas del todo,

Siempre tu olor y tu mirada quedaban en el aire

Como el reflejo dorado de un mundo por venir

 

Ahora que te busco es ya solo en el recuerdo

¿Donde puedo sino responder a tus vivaces palabras

y a tus gestos de inocente regocijo, sino es allí,

Donde quedaron para siempre, ya sin manos, sin rostro?

 

Cuando tú bailabas en torno nuestro, en aquellos días,

De clara y pura felicidad, yo apenas notaba tu presencia

Los corazones hinchados y las esperanzas sin abrir

Eran lo que significaba el aliento que nos brindabas

 

Y ahora que eres ya solo una estela en el recuerdo

Ahora que la música cesó y que el fulgor de tu mirada

Quedó ya para otros, para los nuevos amantes entregados

Te miro aún, y te oigo, y te echo de menos, porque fui en ti

 

Y te lo agradezco

 

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