Es verdad que si a los niños los dejas solos con sus juegos, sin forzarlos, harían maravillas. Usted vio cómo empiezan a dibujar y a pintar; después los obligan a dibujar la manzana y el ranchito con el árbol y se acabó el pibe.
Julio Cortázar
«O me lo devolvés o te rompo los dientes». Era la primera vez que hablaba en clase y a partir de entonces lo dejaron en paz: se había ganado el respeto. Pulverizaba libros, no los leía. La señorita Beatriz estaba contentísima, ya había hablado tres veces con Raquel, su madre, y cada vez le insistía con lo mismo: «que siga, que siga, déjelo, es innato. El chico apunta alto». Eran tiempos sin pedagogía: se era o no se era. Temas de familia. Raquel lo pensó médico, abogado, diputado y si no, aunque sea, buena persona. Había empezado con una enciclopedia Larousse a los cuatro años: Las 7 maravillas del mundo antiguo con gráficos pastel y ya no paró. Tenía una fascinación increíble por la literatura, jamás se lo veía acompañado pero siempre con un libro en el sobaco. Después vinieron los tiempos de la Biblioteca Popular «José Ingenieros» de Chacarita porque los cinco libros que naufragaban en casa se habían terminado en la nefasta edición de «San Agustín de Hipona» con bordes dorados. Se comió la Biblioteca Popular empezando por ediciones de hasta trece años —Verne, Kipling, Grimm, Carroll, Stevenson, Defoe— y siguió por lo que había: Bakunin, Godwin, Anselme Bellegarrigue y ediciones antiguas de Acción Libertaria. No los entendía, le daba igual. Raquel lo seguía soñando médico, abogado, diputado pero ahora dudaba si sería una buena persona: no jugaba al fútbol, lo creyó maricón. Se lo llevó al párroco. El chico llevaba un voluminoso Guerra y Paz de un tal Tolstói en cuero de sinople. Al párroco le preocupó menos la orientación sexual que la ideológica —aunque tal vez fuera lo mismo— y cuando se quedaron solos le revoleó tres cachetadas y lo mandó al confesionario. Ni una paja «normal» confesó, lo suyo era otra cosa. Sin embago el párroco insistía: hay gente que está llamada a la castidad mediante la virtud del dominio de sí mismo y se educan mediante la libertad interior… Si lo descubría en pajas homosexuales lo molía a palos. Además, se iba al infierno. Le dio dos trompadas más por las dudas y lo llenó de libros tales como A través de las puertas del esplendor o Enciclopedia Católica —ilustrada— o Canon bíblico o Camino recto y seguro para llegar al cielo. Le prohibió a su madre que lo dejara ir a la Biblioteca Popular y cuando ella —que apenas recitaba el abecedario marcándolo con los dedos y de memoria— se aclaró diciendo que era lo único que había en el barrio, el párroco le dijo que mejor burro que marxista. Él los leyó todos: le daban igual las recomendaciones morales de Antonio María Claret o la Revolución Permanente. Lo suyo era leer, no interpretar. Creció entre esos libros y cuando se zafó del párroco buscó otros horizontes: Boris Vian, Neruda, Rimbaud, Rousseou, Borges… pero seguía sin novia y la madre le dijo «se va usted al servicio militar, donde se hacen los hombres», que era un año y era obligatorio. Le dio lo mismo, ya había descubierto que, como insistía el párroco, la libertad estaba adentro. En la marina solo encontró miles de Osprey, algunos libros de Carl von Clausewitz, Gerhard Muhm y un tomo destrozado sobre la batalla de Wavre. Se los comió todos y volvió a casa. Seguía entre los libros, ya no salía. Eran tiempos particularmente «morales» como solía decir Raquel, que se alegraba con la «Fuga del Tirano» y se había vuelto a casar porque una mujer no puede estar sola. Menos un hombre. La marina y su prusiana disciplina lo llevaron a descubrir el naturalismo de Hauptmann y el simbolismo de Rilke, Mann, Musil y Kafka pero ya era mucho: su madre se lo llevó al médico. No eran tiempos de pedagogías: se era o no se era. Ciertos profesionales —tal vez inspirados en el norteamenricano Abram Kardiner— consideraban la orientación sexual como el resultado de algo aprendido —¡Los libros!, insistía Raquel, ¡los libros de la Popular!— y por lo tanto adoptaban metodologías para modificar los comportamientos. En los primeros tres meses le indujeron técnicas de reacondicionamiento de la masturbación y visualización de aptitudes sociales. A los seis una terapia de aversión. A los ocho electroshock en los genitales junto con la proyección de imágenes de heces y lesiones de sarcoma de Kaposi. Al año, finalmente, le hicieron una pletysmografía: unos simpáticos sensores eléctricos iban unidos a los genitales y median el ardor sexual mediante shocks eléctricos sobre el pene cuando, supuestamente, se excitaba con imágenes homoeróticas. Le prohibieron los libros. Al año y medio, cuando se hablaba de extirpar el nervio pudendo de la región pélvica, se casó con una enfermera que le metía ungüento dérmico antibiótico en las bolas: tenía veinte años más que él y pesaba ciento tres kilos. Ya estaba listo para regresar al ejército y hacer carrera. Raquel volvió a imaginarlo capitán de navío, brigadier. La enfermera, en cambio, comandante. Leía cada vez menos y a escondidas y tal vez porque la morfina le hervía las venas se interesó por la enciclopedia de Diderot, se obsesionó con Las flores del mal de Baudelaire y quedó definitivamente cautivado con La piedra lunar de Wilkie Collins. Pero seguían tiempos «extremadamente morales» y un general de bigote americano gritó en los balcones rosados que era propicio salvar la patria y Raquel y la enfermera querían salvar la patria. Y él, finalmente, estaba salvando la patria haciendo lo que tanto había aprendido: triturando con picana eléctrica los huevos de un «subversivo» mientras fumaba y recordaba aquella vez en que amenazó con romperle los dientes a un compañerito que quiso quitarle un libro. Ya no leía: lo estaban por ascender a teniente coronel.

Julieta Vigo
¡Vaya con la terapias! El final de tu cuento me ha recordado la película de Polanski, La muerte y la doncella. Esas prácticas de tortura ponen el estómago del revés.
¡Buen trabajo, Nicolás!
Pasa un buen día.
Falsaria
Hola Julieta, gracias por la lectura y tus comentarios. No he visto la peli, la voy a buscar!
Saludos, nos leemo!!!
xailluz
¡Qué buen relato! El ritmo de la narración es intenso y el final es desbordante. Buenos dardos contra aquellas instituciones que dicen buscar el desarrollo humano y sólo cercenan el intelecto en favor de sus objetivos. En cierta manera me siento identificado ¡Me gustó! ¡Felicidades amigo!
Nicolas Mattera
xailuz, me alegra profundamente que te haya gustados, pues si, de aquellos polvos estos lodos!!
Un abrazo, nos leemos!
nanky
Me gustó demasiado, tiene mucha polenta!! Saludos
Nicolas Mattera
nanky, gracias por tus palabras y tus animo,
nos leemos amigo!
Saludos
Felipe Ferrante
Al leerlo me imaginé las vidas de Lope de Vega y Cervantes, ambos militares…jejjeej.
Felicidades!!
Nicolas Mattera
Felipao!! gracias por leer!
Abrazo!!
Paulanek
Un gran cuento, una gran narración. Preciso sin detalles de más. A veces las terapias son peores que las obsesiones.
Lilix
Hola Nicolas, me gusto mucho tu relato, cuando algo no se entiende o sale de los cánones normales, tendemos a buscar respuesta a donde no las hay.!!!!!!!!!
Paloma Benavente
Me gusta mucho la repetición de se era o no se era, y cómo va avanzando en sus lecturas, la evolución en el conocimiento de autores… hasta que a alguien se le mete en la cabeza que leer es de maricas y lo convierten en un machorrón torturador.
¡Muy buen cuento, rápido y directo!
Nicolas Mattera
Paulanek, Lilix y Paloma, muchas gracias por la lectura y por los comentarios.
-Lilix: totalmente cierto, no hay nada más terrible para el hombre que no comprender aquello que teme
Saludos, nos leemos!
volivar
Nicolás Mattera: excelente crítica a aquellos que piensan que leer, o es malo, o para nada sirve, o que, convierte en marica al que tiene el hábito de la lectura.
A pesar de la gran erudición que denotas, has logrado que el lector entienda, y siga hasta el final, un final feliz.
Atentamente
Volivar Martínez. Sahuayo, Michoacán, México
Nicolas Mattera
Estimado volivar, gracias por tus comentarios, por tu atenta lectura, aunque debo decir que terminar siendo torturador noe s un final muy gratificante!
Saludos, como siempr enos leemos!
volivar
Nicolas Mattera: mereferí no al tema, sino a acierto en lograr un final que llams la atenci´n.
Atentamente
Volikvar Martínez
Sahuayo, Michoacán, México
Jacobo
Excelente relato. Como psicopedagogo profesional te recomiendo que abordes el tema de otras terapias más modernas para los niños, aunque tan peligrosas como las que mencionas, destinadas a “curar” el mal de moda durante la segunda mitad del siglo XX (la dislexia) y el de la moda actual (trastorno de atención con hiperactividad). Gracias.
Nicolas Mattera
Jocobo, muchas gracias por leerlo y tus comentario.
Nos leemos, saludos!
rosemarie s. torres
Muy bueno a comenzar por la premisa cortazariana. Me identifiqué con el protagonista…fui una de aquellas niñas extrañas que piensan que el libro es un juguete y tuve problemas en la adolescencia. La conclusión es asustadora y hace pensar en el papel de la educación. Seria un tipo de programación mental? Lectura muy interesante.
Nicolas Mattera
Gracias por la lectura rosemarie, curiosamente fue justamente la cita de Cortázar lo que me dio la idea.
Saludos!
Natalia Villalva
Excelente, buenazo, me he quedado satisfecha con este cuento, no tengo comentarios.
Un abrazo, adelante.
Natalia- Ecuador
Nicolas Mattera
Gracias por tus comentarios, Nati!!
Nos seguimos!
TAIKU TAO
A los que somos adictos a la lectura, tu relato despierta una sonrisa y un estremecimiento. MUY BUEN RELATO.
violeta veleta
extraordinario!me ha encantado!
Nicolas Mattera
Violeta y Taiku, muchas gracias por leer el cuento, y por comentar aquí que es, en definitiva, el mejor combustible de quienes amamos esto de las letras!!!
Nos leemos por aquí!!
Saludos
John Fuentes
Excelente, Nicolas.
horacio parra
NICO me pareció excelente ,intenso y real
Nicolas Mattera
Horacio!!, qué grande!, gracias por el comentarios, un abrazo!!
Gabriel Rodriguez-Paez
“Eran tiempos sin pedagogía: se era o no se era.” “Raquel lo seguía soñando médico, abogado, diputado pero ahora dudaba si sería una buena persona: no jugaba al fútbol, lo creyó maricón.” “Le prohibió a su madre que lo dejara ir a la Biblioteca Popular y cuando ella —que apenas recitaba el abecedario marcándolo con los dedos y de memoria— se aclaró diciendo que era lo único que había en el barrio, el párroco le dijo que mejor burro que marxista.” Eres hábil como narrador. El ritmo nos lleva a seguirlo y la cita de los autores es abrumadora: apenas pude seguirlos. Un gusto leerte. Saludos.
caballerorojo
me gusto mucho, en especial esa muletilla ” No eran tiempos de pedagogías: se era o no se era. “… muy bueno.
Nicolas Mattera
caballerorojo, Gabriel, muchas gracias por tomarse el tiempo de leerlo y encima comentarlo. Es un placer subir cosas a la red social con lectores como uds!!
Un abrazo!
Nicolas Mattera
Gracias!
Xailluz
Gracias Nicolás por compartir ese maravilloso relato. Luego de leerlo -y releerlo- he llegado que estoy con un antes y un después en lo que se refiere en esta “aventura” de escribir… ¡Muchas gracias!
Nicolas Mattera
Xailluz gracias por tus palabras tan alentadoras y sí, totalmente de acuerdo, esto de escribir es una aventura… a veces peligrosa, por lo menos para los estados de ánimo!!
Un fuerte abrazo!
Pedro Gda
Una muy agradable sorpresa. Felicidades.
Nicolas Mattera
Pedro, gracias por tu dedicada lectura y por tus palabras.
Un abrazo!
Shu
Magnífica la intensidad con la que te comprometes en el transcurso vital de tus personajes. La frasecita de presentación del muchacho presagiaba su vocación penúltima. Tras la amnistía descubrirá los negocios, refugiado en la “obediencia debida”, opino.
Nicolas Mattera
Y tanto más descubrirá… Shu, para mi es un placer y un horgullo tu dedicada lectura.Nos leemos!
Saludos
Mariana
Brillante! Me encantó!!
Nicolas Mattera
Gracías, García. Un beso!
Nico