De almas miserables (I / V)

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    De almas miserables

    Crecer. De internalizar cosas al paso de la caída de la moneda, en varios sentidos. Le toca recordar que a los siete le era rutina escuchar gritos entre padre y madre cual música de fondo, mientras le ponían las medias panty del disfraz de príncipe; para el carnaval, claro está. Hace ya más de veintiocho años de aquel episodio y hoy, en la parada de autobús, Johnny llevaba colgado del brazo el traje de novio a estrenar en unas 68 horas. La remembranza se diluía entre la lluvia espesa y la espera. Había un nuevo traje para lucir; uno escogido esta vez.

    -Soy inteligente, sí, soy un tipo listo, sin duda,- se decía a sí mismo. ¿Habría variado todo si hubiese sido un poco más flaco a los 15, o con el cabello más liso?

    Requisa dura a gavetas mentales para compensar la pérdida del libro y el tiempo libre y azaroso. El tiempo. El que habría que vivir y quemar; esa cosa amorfa. Qué habrá pasado con aquel primer amor, - se preguntaba -. ¿Cómo carajo eres, simple y llanamente, otra cosa distinta a la que eras, a la que imaginabas ser? Nada más que esperar y la lluvia que comienza a ceder. Las luces de un gran auto se aproximan y un cigarro deberá ser postergado. Johhny, que no era para nada un hombre que planificase el más mínimo detalle de su vida, sabría exactamente qué hacer tras media hora de tránsito y dulce llegada a casa. –Aló, diría-. – Sí, quién es - recibiría de una dulce voz desconcertada. - Es Johnny Fulop, ¿te acuerdas? -. A él no le importaría demasiado qué habría sido de aquella señorita, tampoco le afectaría que fuera una mujer que profesara la libertad de los cuerpos, sólo quería indagar sobre asuntos pendientes y por eso después del aló y de quizás una buena conversa, la citaría en un hotel bonito del este de la ciudad.

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