La sirena quimérica

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    dali_mermaid_in_africa

    Incapaz de olvidar a Odiseo, Penélope acudió a Dédalo, para que le forjase un traje de recuerdos. Con cada objeto que le ayudaba a evocar al rey errabundo, la nostálgica se fue cubriendo de una armadura increíble: conchas marinas, trozos de espadas, redes de pesca, pieles y oro. Y así pudo Penélope soportar de mejor modo la espera ardorosa. Cuando el viajero volvió por fin y deseó tomar en sus brazos a su anhelada consorte, fue retirando los elementos de esa sorprendente cubierta. Al final no halló nada allí, pero el suspiro anhelante que brotó de sus labios, le supo tanto a ella- canto de sirena consciente de su propio imposible- que nunca más dejo de estar en él.

    Comentarios

    1. jesusademir

      5 febrero, 2012

      Muchas gracias Hessellius. Igualmente, muchos saludos y quedamos en contacto.

    2. Gudea_de_Lagash

      8 febrero, 2012

      Sigue con la historia,porque tú puedes sacarle más.Sigue con Penélope…
      Un abrazo en la distancia.

      Gudea

    3. jesusademir

      8 febrero, 2012

      Muy gentil Gudea. Por supuesto que se antoja una continuación. Voy a intentar una prolongación de la triste historia de Penélope.

      Es muy gratificante que me leas, te lo agradezco mucho :)

      Un cordial abrazo!

    4. JANIAL

      12 febrero, 2012

      No sé por qué los llaman breves, si dan para un par de horas, así, para empezar a saborearlos.
      … “le supo tanto a ella”…, a eso se le llama “dar en el blanco” , llegar a lo más íntimo del lector.

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