Incapaz de olvidar a Odiseo, Penélope acudió a Dédalo, para que le forjase un traje de recuerdos. Con cada objeto que le ayudaba a evocar al rey errabundo, la nostálgica se fue cubriendo de una armadura increíble: conchas marinas, trozos de espadas, redes de pesca, pieles y oro. Y así pudo Penélope soportar de mejor modo la espera ardorosa. Cuando el viajero volvió por fin y deseó tomar en sus brazos a su anhelada consorte, fue retirando los elementos de esa sorprendente cubierta. Al final no halló nada allí, pero el suspiro anhelante que brotó de sus labios, le supo tanto a ella- canto de sirena consciente de su propio imposible- que nunca más dejo de estar en él.
La sirena quimérica


hessellius
Precioso. Saludos.
jesusademir
Muchas gracias Hessellius. Igualmente, muchos saludos y quedamos en contacto.
Gudea_de_Lagash
Sigue con la historia,porque tú puedes sacarle más.Sigue con Penélope…
Un abrazo en la distancia.
Gudea
jesusademir
Muy gentil Gudea. Por supuesto que se antoja una continuación. Voy a intentar una prolongación de la triste historia de Penélope.
Es muy gratificante que me leas, te lo agradezco mucho
Un cordial abrazo!
JANIAL
No sé por qué los llaman breves, si dan para un par de horas, así, para empezar a saborearlos.
… “le supo tanto a ella”…, a eso se le llama “dar en el blanco” , llegar a lo más íntimo del lector.