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Archivo de marzo, 2012
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Gastada, ya, la noche, en la madrugada, pongo en ti mis peores pensamientos, voy y vienes, subo y bajas; al afán de mis negros nubarrones un placer entre las sienes queda y me sirve tu boca de posada. En tan oscuro encuentro no pienso en ti, sino en dejarte mi esencia dentro; que tus columnas tiemblen porque mis manos, las que el teclado buscaron, cientos, ninfas o diosas, ni lo recuerdo, se cierren firmes; pienso y te siento. Con tus ojos mirando desde allĂ abajo, con los mĂos bajando nuestra atalaya, muero y tu cuerpo ya es mi mortaja. Una...
No siempre se llega a tiempo a donde se planea, en ocasiones un camino nos lleva a donde menos lo esperamos, laberintos por doquier con personas que a su vez buscan la meta correcta ,el tiempo lo medimos con los minutos y las horas que a su vez se vuelven nada cuando nos perdemos en el espectáculo de nuestra propia sociedad, aunque no lo parezca la vida nos va aleccionando a aferrarnos a creencias y costumbres que ni nosotros mismos somos capaces de entender, hoy parece que todo en la vida esta mercantilizado, hasta el aire que respiras, por eso...
Se conocĂan desde siempre. Desde antes de que comenzaran a amarse. PredecĂan sus pensamientos. Sus miradas mantenĂan diálogos y discusiones. No le causĂł sorpresa cuando la policĂa fue a detenerlo, antes de volcar el veneno en la copa de ella. © Sergio Cossa 2012 www.sergiocossa.blogspot.com...
Era uno de esos dĂas de primavera en la ciudad del sol eterno y de la tierra yerma. AĂşn en pleno mes de marzo, la temperatura de las horas centrales del dĂa era propiamente estival. La mayorĂa de la gente vestĂa ya camiseta, y se agolpaba en las estrechas calles del barrio antiguo. Pero aunque esta masa de espectadores se encontraba lejos de ser homogĂ©nea, se podĂan distinguir varios tipos de personas entre los que se encontraban los ‘kanis’, los ‘capillas’ (viejos y jĂłvenes) y los turistas. Todos tenĂan algo en comĂşn: esperaban ante las puertas de la catedral la...
Pienso y vuelvo a pensar y solo se me ocurre tu nombre, tu nombre en mi cabeza como un vaivĂ©n incesante, pasan los dĂas como si nada y solo sigues tu aquĂ. Y como olvidarte si me olvido de pensarte, si serĂa como dejar de respirar, como dejar de existir por un tiempo, pero tendrĂ© que dejar que el tiempo pase, tener el valor para olvidarte, hasta que todo vuelva a la “normalidad” y solo seas un amigo más. Al final se que todo pasará, que ya habrá otra persona que me haga soñar, pero mientras tanto, comenzar a olvidarte...
Eres de rostro frĂo y pálido Pesado como una roca, y hoy te haces mi cruz. Cuando eras niño, eras como un potro salvaje dulce y amoroso. Y hoy, ¡mira en que te has convertido! en un ser despreciable. Desecho de la sociedad las malas amistades ya te han abandonado, hoy te encuentras solo como un perro callejero. Pidiendo limosna para tu maldito vicio, mira ya soy viejecita para andar llorando por ti. Hijo deja ese vicio, ¡mira en la inmundicia que vives! Y, ¡vuelve a tu hogar! que aquĂ tu madre esperando está. ...
ÂżHe descubierto o vive, desde siempre, conmigo, la palabra? Sintiendo tu llanto y castañeo He dudado de mi fuerza y osadĂa Porque si hay piedra, tĂş eres roca. Aprendiendo voy de tu tristeza ausente. Ya rindo la palabra a tus sentidos… Si fuerte ibas, quedaste enmarañado, preso En ese conjunto de fluidos, tuyos Que presenta el vaivĂ©n del sentimiento Como esencia de que lo que dices, ya eres o no eres, aunque era. AsĂ que entre el rencor y la duda surgiĂł, claro, de nuevo la palabra No de golpe, sĂ de a quedo. Sin voluntad no hay...
“Cuando no sopla el viento, incluso la veleta tiene carácter”… Ya no eres Ă©se. El verdadero yo surge con el vendaval, con la tormenta y crece fuerte. Crece. No perdono tu entrega a la vulgaridad de ser un pelanas, trovador de pelanas. Es que a veces, dices, te cuesta ser tĂş mismo ¡Como si se pudiese ser distinto a uno! Acostumbrado al engaño de la palabrerĂa fácil lo dices y quedas tan tranquilo. Y se puede ser pobre, perdedor, caĂdo. Sin farol, perdido al viento. Y aguantar la bocanada Tanto como en esa boca se dijo ¡no, que me conozco!...
