“Sigue al conejo blanco”. Escucho atenta el tic-tac de su reloj. Llega tarde, corre, cada vez más rápido. Presto atención y noto el crujido de las ramitas que va rompiendo a su paso. Está aumentando la velocidad. Tengo que ir detrás de él o lo perderé.
¡Bien! Debe haberse caído porque un fuerte golpe hueco, de un cuerpo de peso considerable, acaba de resonar en mi cabeza aun en la lejanía. Debo estar pasando por donde tropezó porque hay muchas hojas revueltas y flotando en el aire por la brisa forestal. Hay una humedad terrible, empieza a calar en los huesos y se clava como finas agujas en la piel. Llega a doler. El bosque se está empezando a hacer más denso. Como no me dé prisa lo voy a perder otra vez.
A lo lejos hay un claro verdoso lleno de fina hierba y en el centro un árbol de fuertes ramas. Diviso el tronco bien arraigado al rico suelo en humus, de una oscura viveza, con esas largas y vigorosas raíces sobresaliendo a lo largo de la explanada. La luz se hace protagonista a través de la espesura floral, las hojas de los altos árboles cubren aun el cielo, pero no por completo, dejando apenas pasar unos haces dorados.
¡Eh, he visto algo!
Una cola blanca ha entrado por el agujero central que hay en el tronco del gran árbol, el cual se continúa brevemente con el suelo, al cual observaba hipnotizada. Tendré que correr. El suelo está resbaladizo, pero tengo que llegar.
Odio estas lluvias otoñales, dejan todo embarrado y con cierto riesgo a catástrofe por tortazo. Me lanzo arriesgada introduciendo la mano por la oquedad, cayendo sobre la solidez del terreno ante un sonoro estruendo y una cascada de hojas secas. Agarro en vano el aire tras la etérea y pasada presencia del conejo blanco. Había sido inútil. Un pensamiento efímero pasa por mi mente. ¿Cabré por ahí? Supongo que no hay otra opción, habrá que intentarlo. ¡Alehop!
Me noto ligera en la claustrofóbica estancia circular interminable, inconscientemente pierdo la noción del tiempo y se me olvida cómo respirar, también se me olvida cómo debo poner los pies cuando caiga. Pero, espera, ¿estoy cayendo? Es como un túnel sin fin, no soy capaz de ver el otro extremo. Esto es como volar, bueno, debe de serlo, no tengo nada bajo mis pies, pero nunca he volado la verdad…
¡El reloj del conejo! Ahora me acuerdo de todo.
Me está entrando un vértigo aterrador y acabo de dejar el objeto atrás. Es bastante antiguo, esféricamente perfecto y de un dorado cobrizo, con unas manecillas negras que murmuraban un sonoro tic-tac para ser apenas un murmullo. Incongruente. ¡Otro reloj más! Hay miles iguales, bueno, quizás no se parezcan tanto. Hay muchos oxidados y otros parados, al que acabo de decir adiós en mi caída le faltaba el segundero.
Entonces la gravedad hizo acto de inmensa amabilidad y comenzó a ralentizar mi precipitado contra el suelo. Me hago de un reloj durante mi caída y mis pies hacen un acoplamiento perfecto con la superficie. El pavimento es plano y el interior del habitáculo tiene una luz casi artificial. Oigo voces al fondo de una puerta metálica, será mejor que compruebe si está allí.
Al entrar una multitud de conejos blancos están organizados en departamentos en un amplio recinto con la misma luz irreal que la antesala anterior. Hablan a través de unos aparatos que me resultan familiares, como si los hubiese usado alguna vez.
-¡Señorita Alicia!- un manotazo en la mesa resonó en la oficina.
Volví en mí tras la absurda ensoñación irracional ante un miedo arraigado a lo desconocido. Últimamente quién no se lo tenía, podía pasar. Pero qué fallo el mío… Me percaté de que la poderosa mano pertenecía a mi jefe, estaba verdaderamente enfadado.
-¿Es que no me ha oído? ¡A mi despacho!- Salió montando en cólera hacia el lugar.
Todo el personal dentro del bufete se volvió en mi dirección, había un silencio sepulcral entre miradas desconcertadas apenas roto por el monótono tecleo de ordenadores vecinos. Me dirigí a su despacho, dispuesta a afrontar la situación. Me alisé la vaporosa falda azul celeste y arreglé mis rubios cabellos recogidos apenas por una diadema negra. Toqué a la puerta y pasé sin decir palabra. Ese día había renovado las rosas rojas junto a la ventana, siempre tenía un ramo espectacular al trasluz. Eran preciosas.
-Alicia, siéntate, por favor. Siento tener que darte esta noticia ahora que cuesta tanto sobrevivir en un mundo de locos, pero no podemos perder más tiempo con tan poco rendimiento por tu parte. Sabes que no es el primer aviso, lo siento de verdad pero… Estás despedida.




davidcrespo1984
El relato me ha gustado mucho, es original y creo que de moda porque hace no mucho salió la nueva película de Alicia en el País de las Maravillas. Por otra parte, me parece que lo de la torta en la cara por estar embobada es un poco fuerte, aunque estés embobada y sea tu jefe. Un poco violentillo, no? Es curioso como al final de todo tu relato lo que se ma ha quedado haya sido la torta del jefe, ni el despido ni los conejos. Gracias por compartir y enhorabuena enlazando la vida real con un cuento de fantasía.
Beatriz Losilla
Error de redacción, el manotazo era a la mesa, no a ella. No soy tan violenta jajaja además sería surrealista, aunque un poco lo es toda la historia. El caso era relacionarlo, con una segunda lectura ciertos detalles se enlazan, gracias por leer David 🙂
robert goodrich
Me gusta bastante tu relato, a mi me gusta el cuento de Alicia en el País de las maravillas…. Es maravilloso lo que has logrado hacer en la confección de este maravilloso relato, tengo que decirte sencillamente felicidades por el resultado obtenido.
Abrazos desde Panamá.
Robert
Beatriz Losilla
Gracias por esas palabras, fue una idea un poco independiente al principio la del cuento de Alicia, pero relacionarla le daba un “algo” distinto que creía que le hacía falta. Soy una fan incondicional de estas historias (:
Natalia Villalva Chacha
Hola, que tal, la redacción es muy buena, me gusta como cuentas, deberías intentarlo en tercera persona, bueno lo otro es que no sé que querías contar, siento que este cuento es un tramo de una novela inconclusa o un cuento largo, porque no llego a visibilizar o sentir la historia, las escenas son muy descriptivas típico de las novelas.
Espero poder encontrar otros cuentos.
Un abrazo
Natalia
Beatriz Losilla
Hola Natalia, pensé lo de la tercera persona, de hecho, para serte sincera, al principio estaba así redactado y lo cambié en el último momento, aun no sé por qué pero no me disgusta el resultado.
Sí es cierto que soy bastante descriptiva al igual que son rasgos más propios de una novela y en este caso se trataría de un fragmento de una, pero realmente es un cuento. El caso es relacionar la historia de Alicia con una distracción, con un miedo a una verdad que sucede al final del relato, solo reflejar un poco la realidad actual desde una perspectiva totalmente irreal. Incluso puede ser un suceso común ese tipo de despidos, obviamente omitiendo la parte ficticia del relato xD
Espero que en otros cuentos la historia la encuentres con más sentido 🙂
volivar
Beatriz Losilla: felicidades por esto tan hermoso. Qué enlace de la fantasía con la realidad.
Esto sólo lo hacen los buenos escritores.
Un cuento que he leído con esmerada atención, para aprender algo y saber escribir como lo haces tú ¿Será verdad que cuesta mucho sobrevivir en un mundo de locos?.
Volivar
Beatriz Losilla
Volivar, realmente cuesta muchísimo sobrevivir en un mundo de locos, porque parece ser que el de la gente cuerda ha desaparecido.
¿Dices aprender de mí? Con lo que tú eres, me vas a hacer ponerme roja, jaja.
Muchas gracias por tus palabras, como siempre hasta ahora, normalmente las ideas de mis historias son totalmente inéditas pero me gustó el tema a relacionar, prácticamente en todo el relato y al final con el detalle de las rosas, se sitúa a la reina de corazones, un poco por seguir la temática y hermanar personajes (: