-Nadie es eterno- me dijo como intentando darme una lección.
-Yo sí- respondí y me enterré la daga en el corazón.
El único recuerdo que conservo de mi primera muerte es su expresión. Los ojos bien abiertos, húmedos, su boca formando un círculo y sus manos entumecidas. Había sin duda algo más que sorpresa y temor en ese rostro aunque nunca logré descifrar lo que era, aún después de que su única muerte llegara y tantas otras mías ocurrieran. Nunca la supe definir y nunca la he vuelto a ver como tampoco lo he visto nunca más a él.

oscardacunha
Igual al final del camino, tras muchas muertes, aparece.
¡Bueno Gllamphar!
Mucha reflexión en breces palabras