Azarosas palabras

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    Sé que tomarás por azarosas mis palabras, estas. Palabras escritas con ligereza, sin nada sólido que las avale más que ellas mismas. Y aún así que Odín pierda su único ojo si miento en lo más mínimo.

    Decía llamarse Darko y sólo a ese nombre respondía. Su labor no era otra más que envenenar los santos caminos. El puñal, la cicuta y la inquina eran sus armas de trabajo. Su encomiable labor era solitaria. Y ojo, digo encomiable pues si bien distinguimos la luz es gracias a las sombras.

    El trabajo de Darko no era si no equilibrar las fuerzas de la naturaleza. Y Así, y durante más de diez mil años se aproximaba a una civilización que estaba madura y la envilecía hasta hacerla desaparecer. Darko no ponía pasión en su trabajo. Nada le era más doloroso que marchitar una flor con las palabras del veneno o pisar las mieses que se derraman del pensamiento de un poeta. Aún así Darko era lo que era y su inmortal cometido le había sido dictado por fuerzas mucho más pretéritas y poderosas que él mismo.

    Aún recuerdo las palabras que le antecedieron:

    Soy el mismo que regaló a Ulises su caballo de Troya, arrasó Pompeya precipitando el fuego sobre la tierra y emponzoñó con la imagen de Bafometo los Santos Caminos de Jerusalén. Soy aquel, a quien se le llamó el veneno, el puñal y la guadaña de los dioses. En mi errante vuelo me acompañan las aves crepusculares y exceptuando esta ocasión siempre lo hago en soledad.

    Soy Darko.

    Así se me presentó un día. Uno de esos de primavera cuando los magnolios están en flor y los enamorados se encienden como luciérnagas en la noche. Me dijo que había venido a llevárselo todo, pues este tiempo ya estaba consumado y era menester recoger la cosecha.

    Darko buscaba un cronista y dada mi pasión por las letras yo había sido el elegido junto con otros para formar parte de un arca. El Arca de Darko, donde sólo unos pocos serían testigos del ocaso y devenir del nuevo mundo. Por aquel entonces terminaba mi trilogía Crónicas del aire y pedí un poco más de tiempo, pues la fuente de mi inspiración estaba en mismo mundo que Darko quería devorar. Darko el asesino de mundos que derramaba lágrimas antes de matar, accedió. Así fueron pasando días y meses, mi trilogía se convirtió en un cuarto libro, que a todas luces… era imprescindible escribir.

    Con el sexto libro Darko empezó a visitarme casi a diario a supervisar personalmente la dirección de mi narrativa. Si alguno ha escrito bajo presión sabrá cómo me sentía. Mi labor por aquellos días era doble. Una, mantener álgida una trilogía que iba ya para siete libros y otra que el interés de Darko, un ser que no era humano, no decayera ¿Cómo entretener a un semidios?

    De esta forma cada palabra escrita, cada reflexión, cada gota de tinta preservaba de alguna forma el mundo conocido. Cada artículo encadenado a otro, cada esdrújula cantada desde mi garganta salvaba el canto del vencejo y el rugido del tigre. Se salvaban de esta forma también las tardes crepusculares con el Sol declinado y la hora violeta que me recordaba que era mi voluntad la que mantenía en pie este mundo.

    Han pasado diez años desde entonces, mi prolífica obra ha superado con creces la de cualquier autor conocido. Consumo opiáceos de una forma regular para encontrar la inspiración que sea capaz de mantener mi prosa afilada y mi imaginación fecunda. A veces me despierto en la espesa noche soñando con hojas en blanco que nunca serán escritas. Pesadillas donde no pasa nada. Tristán nunca se fuga con Isolda, Gregorio Samsa fumiga a diario, puñales no sesgan la rebosante vida de un Cesar. Macbeth dejó de asesinar, de hecho, nunca lo hizo. Tragedias que nunca ocurrieron, risas y comedías que Shakespeare, ahora bróker, nunca escribirá. Horror vacui, creer saber que todo está ya escrito… pesadillas y miedos pues sé que cuando las fuerzas me abandonen, Darko, sombra, guadaña y pastor de la desventura desatará sobre el mundo conocido su ponzoña arrasándolo todo.

    Sigo escribiendo, contra todo pronóstico. Sin saber hasta cuando…

    Comentarios

    1. Nicolas_Mattera

      29 junio, 2012

      Gran relato, amigo Felipe Ferrante
      Totalmente Borgeano y mistíco…. de hecho me ha recordado un poema increible de Borges que dice:

      “Cuando los jugadores se hayan ido,
      cuando el tiempo los haya consumido,
      ciertamente no habrá cesado el rito.

      Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
      ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
      de polvo y tiempo y sueño y agonías?”

      No se si ha buscado el doble sentido pero es eviente que es el arte (la literatura) lo que sostiene al mundo de su destrucción. De manos de Darko, tal vez.. Este es su estilo, Felipe Ferrante, no se mueva de él.
      Mis felicitaciones y mi voto!

    2. Felipe.Ferrante

      29 junio, 2012

      Asi es Nico…conocía el poema. Es uno de mis preferidos. Como ya sabrás en cuanto al doble sentido,intento no dar puntadas sin hilo. La voluntad soateniendo el mundo y el arte de narrar para crearlo cada dia. Gracias por tus palabras.

    3. Luna de lobos

      4 julio, 2012

      “Nada le era más doloroso que marchitar una flor con las palabras del veneno o pisar las mieses que se derraman del pensamiento de un poeta.”
      Creo que la idea del relato no podría haber sido mejor narrada, Felipe. Muy conseguido.
      Un abrazo,
      Luna

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