En otras ocasiones he escrito apuntes que refieren mi forma de escribir cuentos. Ahora trataré de hacerlo con un enfoque distinto, acercándome al cuento como género literario, o si se prefiere, tratando de analizar un aspecto de este género tan controvertido y desde el que se han aportado a la literatura auténticas obras maestras. Y, por supuesto, no pretendo con ello descubrir nada nuevo; acaso, como mucho, clarificar algunas de las teorías expuestas por escritores o críticos y generalmente aceptadas; expresar mi particular forma de entenderlas y, en definitiva, entregar mi opinión personal que, es lógico, está ligada a mi forma de escribir.
Para Julio Cortázar en todo cuento hay una historia secreta. Esta teoría, que probablemente comparten todos los escritores, para mí es, en cierto modo, una obviedad. Trataré de explicar mi osadía. Si hablamos de un género literario hemos de dar por hecho que el receptor de nuestro mensaje conoce lo que significa Literatura; si además suponemos que se va a detener a leer lo que al respecto exponemos en un texto, hemos de dar por hecho también que le interesa la teoría literaria. Y si es así, el receptor, aquí el lector del análisis, ya sabe que un texto no alcanza categoría de literatura si no es capaz de transmitir algo más que la propia significación del lenguaje en la lengua que está escrito. De lo contrario, redactar correctamente una noticia en un diario sería literatura (otra cosa es el artículo o la crónica periodística). Expresarse con concisión y claridad a la hora de retransmitir por radio o televisión el parte meteorológico, también. Para algunos lingüistas ambos ejemplos pueden efectivamente ser catalogados como literatura en casos excepcionales. Honestamente creo que esto es así porque, desgraciadamente, la utilización actual del lenguaje en los medios de comunicación sufre de forma habitual de varios males (ignorancia, inexperiencia, zafiedad, populismo, y todo lo que conlleva el arribismo creciente en todos los oficios), de tal forma que cuando aparece la excepción, que las hay, es fácil caer en tal afirmación. Pero si convenimos en que únicamente hablamos de literatura cuando el significante aparece dotado de una nueva significación, diferente a la habitual o enriquecida, cuando alcanza a transmitir más de lo originariamente significado, entonces ya estamos hablando de lo que Cortázar (y otros autores) llama historia secreta del cuento; de ahí que yo mantenga que este descubrimiento es una obviedad. Y que lo sea ya expresa mi acuerdo respecto a su existencia. Efectivamente, todo buen cuento incluye una historia secreta, a la que yo prefiero llamar el cuento oculto.
Esta preferencia mía clarifica por si misma lo que entiendo por cuento oculto. En primer lugar, este solo puede serlo si coexiste junto al cuento explícito. Y es oculto porque aparece escondido, pero el lector ha de poder encontrarlo; de ser secreto, este jamás podría descubrirlo porque inmediatamente dejaría de serlo.
El cuento oculto permanece intrínseco en el cuerpo del relato. Forma parte inseparable del mismo, y es en el que, normalmente, reposa la enjundia del cuento: su peso literario. Y he dicho normalmente porque no considero que siempre sea así. De hecho, un rasgo de estilo es precisamente la elección por parte del autor a la hora de colocarlo (el peso literario) en una determinada posición, en una determinada capa del lenguaje.
Por otra parte, y como siempre es el lector el que concluye lo que de creación tenga la obra, no siempre resulta imprescindible que este (el lector) comprenda e incluso que advierta su existencia. El cuento oculto está ahí, o debe estarlo, para, como decía al principio, aportar al texto categoría de literario. Y esto no solo concierne al cuento como género, sino a la narrativa en general. Bien es verdad que por su extensión, es en este género narrativo donde quizá alcance mayor relevancia y por tanto se haya hablado tanto, y se hable, de su existencia. (Curiosamente nadie habla del poema secreto, escondido u oculto del poema, cuando precisamente es en la poesía donde en la parte no explícita del verso reposa su calidad. Aquí, y lo creo correcto, se habla de conceptos, y al definirlos, de poética).
Por lo tanto tampoco participo de la opinión que sostiene que es la historia secreta la que convierte un cuento en universal, en recordado por muchos y para siempre. Estoy absolutamente convencido de que son millones los lectores que recuerdan, y que de querer hacerlo podrían contarlo casi con total exactitud, Caperucita roja, y también lo estoy de que son millones los que desconocen o para los que ha pasado inadvertido el cuento oculto de esta joya literaria del XVII (Charles Parrault 1628-1703). Incluso me atrevo a afirmar que muchas serían las madres que, conocedoras del cuento oculto en Caperucita, se decidieran por dejar de contárselo a sus retoños.
No se está negando aquí la existencia y la importancia de la historia oculta tras la historia que se nos narra en el cuento. Parece por tanto una contradicción lo expuesto. Y es aquí donde quería llegar. Con esta aparente contradicción considero que, en un principio, se destroza una teoría que por aceptada se ha convertido en regla, y, paradójicamente, la propia contradicción puede resultar clarificadora; en segundo lugar, al aceptar su existencia, ya se le otorga valor de categoría. Categoría que posee lo literario, como les pertenece a lo pictórico, lo cinematográfico o lo arquitectónico las correspondientes.
© Manuel López Rey





VIMON
Muy interesante y muy ilustrativa disertacion, Manuel, gracias por compartirla. Saludos y voto
Maqroll
Gracias, Vimon. Que alguien de tu categoría como escritor (de otro tipo de categorías no puedo hablar porque no tengo el placer de conocerte personalmente) considere esta disertación (como tú la has llamado) interesante, es para mí un regalo; no soy siempre entendido; tampoco me importa. Continúo estudiando y aprendiendo. Pero, repito, contar con tu aprobación es un lujo con el que no contaba. Gracias.
Saludos.
mariav
Jooo, esto es demasiado profundo para mi. Pero sí, me atrevo a comentar. Ya sabes que agallas no me faltan.
He vuelto a leer “la comunión” de Pedro Gda tras la critica que has hecho, y si, lo he sentido desde una perspectiva distinta.
Está claro que tú cuando no arremetes contra el autor lo haces contra el lector y sí, hemos salido muy guapos todos en la fotos.
Creo que a veces olvidamos que esto es una red literaria y no una red social cualquiera, y que nos puede más la empatía o el deseo de ser correspondidos. Pero tú bien sabes que yo no soy una truncadora de sueños y que amo la literatura, y que voy por libre, y opinaré lo que tenga a bien opinar porque tu verdad, o la otros, no son la mía.
Me costó dar mi brazo a torcer, porque no soy tonta y me alegro de que estés aquí. Por una buena literatura, aunque slevantes sarpullido.
Maqroll
Mira, Mariav, vamos a aclarar algo de una vez y para siempre: te considero una persona inteligente, intuitiva, culta, divertida, ingeniosa, irónica, personalísima, y por lo que he visto en la foto, muy guapa. Nunca, y en ningún sentido, te he considerado enemiga. Entre tú y yo hay rifirrafes porque ambos compartimos algo de eso que los demás llaman carácter (nombramiento peyorativo, ya que tener carácter no significa nada en sí mismo; tambien lo tienen los reptiles, y hasta los vegetales). Pero es verdad que, tanto tú como yo somos muy nosotros, para bien y para mal. Y eso hace que nos enfrentemos cada vez que haya ocasión. Pero eso no significa nunca, nunca, que no te respete, como persona y como intelectual (manifestación del intelecto). Eres mucho más rápida que yo, más activa, más divertida (de esto sí que estoy absolutamente seguro) y siempre parece que tienes todas las “antenas” en alerta. Yo no alcanzo, ni de lejos, tales virtudes. Pero creo que hay algo que nos une: lo llaman autenticidad.
Gracias por considerar que puedo aportar algo bueno a esta página (desde la literatura); gracias por estar siempre atenta a todo; gracias por entregarnos tus escritos y además tus opiniones. Sabes que respeto mucho la escritura como oficio; que he dedicado muchos años de mi vida a formarme; que adoro a mis maestros; que tengo la suerte de vivir de un trabajo que me apasiona. Y gracias por empezar a entender que cuando puedo parecer ácido, en realidad lo que me pide el cuerpo es ser cruel; no creo en el concepto de justicia basado solamente en darle el premio al que se lo merece. Se es justo cuando se es capaz de manifestar el desacuerdo; cuando denunciamos el atropello; en definitiva, cuando gritamos nuestra verdad; de no hacerlo así, aceptaríamos la mediocridad en nuestras vidas, y a eso creo que ni tú ni yo estamos dispuestos.
Sí, en esta ocasión me “metí” con los lectores; pero es que manda huevos la simplicidad tan aplastante que han demostrado en sus comentarios. A mi edad es muy difícil bajar escalones; subirlos es difícil siempre.
Saludos, galeguiña.
Camino
Este artículo lo leí hace tiempo como una entrada en tu blog. Ya entonces me pareció interesante. Ahora, puede ser porque le he prestado más atención, me ha parecido mucho más que interesante. Tus conocimientos del arte y del acto creativo en general, y de la literaura en particular, son sin duda el resultado de una gran formación. Se esté o no de acuerdo con tus teorías, siempre resulta atractivo y aleccionador escuchar tus opiniones.
Te voto, por supuesto.
ni una cosa ni otra
Qué puedo decirte que no sepas: me enorgullece conocer de primera mano tu obra, tu lucha contínua, tu veneración por el lenguaje. Toda obra se expone al mundo, y por tanto a la opinión de todos, pero tu trabajo nunca podrá parecer débil o mediocre, porque es siempre el resultado de un oficio que realizas con respeto, con humildad y, por supuesto, con talento.
ni una cosa ni otra
Vaya, se me ha colado una tilde (tiendo a veces a colocarlas porque es así como suenan en mi mente las palabras). Cuando sepa como editar los comentarios, prometo corregir.
Shu
Un texto pretencioso que oculta en su laberíntica estructura un vacío argumental con salida y meta en el mismo punto.
Maqroll
Gracias, Camino y Ni una cosa ni otra, por vuestros comentarios. Gracias también a Shu, por su lectura y por esta magnífica frase con la que has manifestado tu opinión.
Saludos.
Hugo Dantés
Interesante idea. Concuerdo con ella totalmente.
Maqroll
Gracias, HDantés.
Saludos.
volivar
Magroll: mucho ruido y pocas nueces. Si uno de los grandes y admirados escritores salieran con estos rollos, dejaríamos de leerlos. ¿A alguien le interesa saber que sabes subirte al árbol,pero sin atrapar la fruta?
Esto no es una escuela de expresiones, rechazando, siempre minimizando al compañero (Mariav es mil veces más leída, mil veces más estimada).
Ya me imagino al vienés Stefan Zweig con tales peroratas enfadosas. De este hombre atrae su su simplicidad narrativa; los buenos escritores nunca le dan tantas vueltas, enrevesadas, a sus narraciones. Van al grano.
(Ah, y por leerte se me esta pegando la fea costumbre de hacer mucho ruido sin obtener una pequeña nuez, al menos).
Espero la refutación que llegará en cualquier momento;ya me la imagino: ¡Un bruto ha insultado al “sábelo todo”, al non plus ultra, caramba, que osadía! ¡Pero así le irá, al desgraciado mexicanillo ese que se ha atrevido a mirar a los ojos al maestro, de peroratas, pero maestro)
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Lourdes
No me gusta entrar en estas discusiones, y menos cuando una de las partes, la que comienza la discusión, no hace otra cosa que decir incoherencias. Pero resulta que he leído comentarios de usted, VOLIVAR, en otros artículos y siempre, siempre, son del tipo: “precioso cuento” , ” maravillosas escenas”, “enternecedor ese pasaje”; y además siempre escritos junto a algún matiz de adulación personal dirigida al autor. Nunca, hasta ahora, he encontrado en sus comentarios un verdadero análisis de texto; salvo los intentos de hacerlo en los artículos de Maqroll, precisamente el autor que mejor define su escritura, sus conceptos y su manera de entender la literatura; el único que se ciñe en sus comentarios a hablar de lo que debe importar a una comunidad de escritores; el único que pretende dar a esta red un poco de profundidad, dirigiendo sus apreciaciones a eso, a los textos. Y resulta que usted es en los artículos de Maqroll donde abandona su tono “meloso” de siempre para pasar al ataque, sin que en el artículo de Maqtoll, como es este caso, haya ataque alguno a nadie. Hay una reflexión sobre el concepto del “cuento oculto” y de paso sobre lo que “ocultan” los cuentos infantiles. Usted podrá estar en desacuerdo con esa reflexión, pero no creo que tenga que hablar de “rollos” y menos decir que si uno de los grandes y admirados escritores saliera con estos “rollos” dejaríamos de leerlo, cuando son y han sido siempre los grandes escritores los que tienen algo que decir en la teoría literaria y en el estudio de la acción creadora. Y precisamente nombra a Zweig, quien llegó al suicidio por su tormento personalísimo respecto a lo que ocurría en su tiempo y a su alrededor, asuntos de los que habló y trató en sus escritos y más en sus cartas (ya publicadas) y que nadie considera “rolllos”, más bien lo contrario.
También estoy al tanto, porque me gusta conocer los comentarios, de otras ocasiones en las que usted llega al insulto personal para defender nadie sabe a quién o a qué, ya que no hay ataque previo y por tanto es absurda la defensa. Pero mira por donde, esos ataques los dirige usted exclusivamente a Maqroll. ¿Qué pasa? ¿Se han puesto ustedes de acuerdo para generar polémica y así ser más leídos?. Si no fuera porque conozco mucho más de la obra de Maqroll y muchos más artículos que los que publica en Falsaria, de verdad que dudaría; pero sé, porque se lee entre líneas, de la honestidad de Maqrol como autor y por tanto me arriesgo a asegurar que no hay entre ustedes tal acuerdo. Entonces vuelvo a preguntarme ¿Qué le ocurre realmente a usted con Maqroll? (Supongo que muchos de los que lean este comentario mío ya conocen la respuesta, pero como a mí me interesa de verdad conocer esas opiniones, voy a copiar y pegar este mismo comentario allá donde observe que ocurre lo mismo. A ver si alguien me aclara algo).
Maqroll
Hace mucho tiempo que no entraba por aquí, y ahora lo hago porque he recibido aviso de este comentario tuyo. ¿Qué te ocurre, Volivar? De verdad, deseo que no sea nada grave y que estos momentos de furia sean pasajeros. El caso es que no he entendido nada de tu comentario; tampoco entiendo a qué viene esto ahora, cuando compruebo que este artículo lo publiqué en Falsaria el pasado 6 de junio. Lo único que capto de tu comentario es la furia que contiene, y lo lamento por ti no por mí, ya que no soy yo el que la sufre. Tampoco comprendo la retahíla de descalificaciones, menos aún, la necesidad que demuestras tener de lanzar esas descalificaciones contra mí; yo no recuerdo haberte exigido, ni siquiera haberte pedido, que leas este o cualquier otro de mis artículos; tampoco te he pedido nunca que hagas comentarios a ellos. Por lo tanto, el asunto me parece bien sencillo: si tanto te enfurece leer lo que escribo o comento, no lo leas. Ya te dije en una ocasión que si lo que pretendías con tus comentarios era descalificarme en esta red ante los demás, utilizando sofismas populistas, no iba a estar dispuesto a consentirlo; te respondí entonces aclarando que tus silogismos (que no eran tales como demostré en mi respuesta) eran incorrectos e infundados; fue aquella en la que trataste de hacer creer a los demás que yo despreciaba a todos los hispanoparlantes menos a los españoles; una conversación interesante y clarificadora, y mira por dónde acabo de comprobar que esa conversación en la que ambos quedamos retratados, ha desaparecido de Falsaria ¿Quién la ha hecho desaparecer? Ni lo sé ni me importa, la busqué porque hubiera terminado antes remitiéndote a ella en esta respuesta. Por nada más. ¿Y qué haces metiendo aquí a Mariav? ¿es que yo he dicho algo sobre esta compañera, a la que por cierto conozco por otras vías, y con la que me divierto muchísimo por sus escritos y por su lucidez e ironía en los comentarios? ¿qué pretendes? ¿desbancarme? (Hacer perder a alguien la amistad, estimación o cariño de otra persona, ganándola para sí) Si es así, te aseguro que con estas demostraciones de furia no lo vas a conseguir; no menosprecies tanto al resto de las personas que forman esta comunidad; ellos son suficientemente inteligentes para darse cuenta y para analizar tu actitud para conmigo. Y si lo que pretendes es que desaparezca de aquí, pues como ya te tuve que decir en otra ocasión, mi intención sigue siendo que publicaré en falsaria lo que me dé la gana cuando me dé la gana ¡faltaría más! En todo caso será el equipo gestor de esta web el que me invite a irme, y hasta ahora no he recibido aviso alguno y ni he comprobado acción alguna en ese sentido.
Tranquilízate amigo, y no te pilles esos berrinches sin necesidad. ¿No te has dado cuenta de que si sientes hacia mí lo que trasmites en tu comentario y que, como dices, soy un “maestro de peroratas”, lo más inteligente por tu parte es que pases de mí, que me ignores, y así evitarte sufrimiento innecesario? Pues eso.
LOBIGUS
Hola Manuel, soy nuevo en Falsaria y en el mundo de la escritura. La mayor parte de mi vida sólo he leído, pero mis letras suman muy pocas páginas. Incluyendo este comentario, para decirte que reconozco la buena prosa (por bien escrita y por nutritiva) como es la tuya, así que no entiendo las críticas que algunos te han hecho. Tal vez las expliquen los procesos personales evolutivos que a todos nos afectan. En cuanto al mensaje oculto del cuento, apoyo tu interpretación del mismo por la misma razón que apoyo el postulado científico verificable, en lugar del dogma religioso basado en la necesidad de una fe ciega. Desde que leí “Mujeres que corren con los lobos” de P. Estees, utilizo ese metamensaje en ciertos talleres de Crecimiento Personal que comparto como coach. En fin, para mí eres otro de los casos donde la luz brindada desde la necesidad de compartir, de iluminar y de autovalidarse, choca contra la oscuridad que se defiende y brilla más por contraste. Cuando te sea posible, apreciaría mucho que entres a mi blog http://lobigus.blogspot.com/ y si encuentras algún artículo interesante, dejes en él una sugerencia que me permita mejorarlo, en cuanto a forma o fondo. Como mi ego es bastante pequeño, no sólo no me molestará una crítica constructiva, sino que me hará sentirme aún más cercano a ti desde el agradecimiento. Un abrazo! Gustavo
Maqroll
Hola, Lobigus. Es un placer conocerte como nuevo en Falsaria, y a su vez conocer una mente limpia que trata de convertir en aprendizaje este camino que es la vida; si tu ego es pequeño, mucho mejor; y mejor aún que viajes hacia la absoluta negación del ego; solo sirve para impedir desaprender, y la vida ha de ser el camino del desaprendizaje; estrenar cada día una página en blanco. Para quien no lo comprenda, parece una contradicción. De las críticas que recibo, sinceramente si no están a la altura de mis razonamientos, no me interesan; de las otras, siempre aprendo. En cuanto pueda visitaré tu blog y, si publicas aquí, leeré tus textos. Muchas gracias por tus apreciaciones.
Saludos.
LUCIA UO
Es tu segundo artículo que leo, no había tenido antes la oportunidad.
Me parece muy interesante tu punto de vista y concuerdo contigo en ello.
Por otra parte, si pasamos el sensor a los cuentos para niños, definitivamente hay muchísimos que si los analizamos concienzudamente, no son nada recomendables para los más pequeños.
También creo que en cada narrativa, poema y demás, hay siempre algo más, lo que no se dice y en lo que se basó.
Es la humilde opinión, de alguien que sabe que no sabe, que quiere aprender, y es consciente que le falta mucho camino aún por recorrer.
Un gran abrazo y mi voto, aunque tarde.
Maqroll
Hola, Lucía. Aunque en el artículo no profundizo en ese punto, estoy totalmente de acuerdo contigo en que los cuentos infantiles que podemos considerar de la escuela anglosajona no soportarían el paso por el “sensor”, como tu llamas, ya que en su mayoría presentan una dicotomía entre el bien y el mal un tanto maniquea, donde el mal está claramente diferenciado y aparece como el opuesto absoluto al bien; por tanto esos cuentos esconden otro “oculto” de fines moralistas, en mi opinión de dudosa conveniencia; además de recurrir al “miedo al mal” de una manera insistente. Por todo, estoy de acuerdo en que no son lo más recomendable para leer a los niños más pequeños.
Y por otra parte, no creo que debas dar explicaciones sobre tí y menos catalogarte para justificar tus comentarios y opiniones; todos tenemos mucho camino por recorrer, y el tuyo será muy interesante por esa actitud tuya que te mantiene abierta al conocimiento.
Un abrazo, y muchas gracias por leer y comentar.
Cronobious
No entiendo muy bien lo del cuento oculto. Leí la tesis de Piglia, y no me quedó muy claro. Un profesor nos puso a leer La Calumnia de Chejov y me parece muy obvio el cuento oculto en el cuento. Así que no sé. En Caperucita Roja no he podido encontrar dicha historia secreta. Tal vez si usted podría explicarme, le agradecería mucho.