Capítulo 1º.
La emancipación
Ese treinta de julio de mil novecientos sesenta y seis, se jugó en Londres la final del mundial de fútbol entre los alemanes y los ingleses.
Yo lo había dispuesto todo el día anterior. En la víspera, mandé a Concha a comprar cerveza suficiente para que no faltase en la nevera.
Llegó la hora señalada y con la puntualidad que caracteriza a los relojes suizos, comenzó el encuentro.
Mientras yo estaba viendo el partido, mi mujer no paraba de ir y venir pasando por delante del televisor con la consecuente molestia.
-¿Te puedes estar un ratito sentada? Le dije algo enfadado.
-Es que Tito me tiene intranquila, ningún sábado llega tan tarde- contestó Concha con gesto de preocupación.
-Qué coño Tito. Si se llama Lorenzo como yo, además, ya es mayorcito para que sepa cuidarse solo. Con tantos mimos le estás amariconando.
-Que bestia eres Lorenzo. Parece que tienes envidia de tu hijo.
-¿Envidia, yo, de ese memo? Lo que tenía que estar es viendo el partido. Pero, claro, como al “nene” nunca le gustó el fútbol…
-¿También te fastidia que le guste la música?
-A mi no me molesta nada -dije yo, tratando de cortar la discusión, pero si que me jodía que la madre le protegiese de la forma que lo hacía.
Cuando, por fin, pude concentrarme en el partido, en ese maldito instante sonó el teléfono.
-Si es para mí di que no estoy -le dije a Concha que estaba cerca del aparato en ese momento.
-¿Dígame?.. Sí, pero ahora no está en casa. ¿Quién pregunta por él? Ah eres tu Eusebio, perdona pero no te había reconocido. Espera que mire por la ventana, pues me ha parecido oír que estaba aparcando.
Con la mano puesta en el auricular mi mujer se dirigió hacia mí.
-Es Eusebio que dice que está en Gobernación y que tiene que decirte algo urgente.
De mala gana y resignado por no ver tirar un corner a los ingleses, le dije a mi mujer que me pasara el teléfono, no sin antes bajar el volumen del televisor ¿Quien es? dije forzando la voz para que pareciese que venía de la calle.
-Soy yo, Eusebio. Perdona que te moleste, pero creo que es algo urgente.
-No te preocupes que no me molestas -fingí
-Pues veras -prosiguió mi amigo- acaban de venir los de la social y me han traído a un par de “pajaritos” que ya conocemos en comisaría.
-¿Y dónde encajo yo? -contesté impaciente.
-Disculpa, Lorenzo, es que no sé como decírtelo sin hacerte daño.
-Las palabras de mi compañero de promoción me estaban alterando al máximo, de modo que le insté a que fuese al grano.
-Vamos, Eusebio, suelta ya eso tan urgente.
-Está bien, te lo diré sin tantos titubeos. La cuestión es que con los dos “pájaros” han traído a tu hijo Lorenzo.
-¿Cómo? -al oír el nombre de mi hijo se me aflojaron las piernas y tuve que sentarme.
-¿Y dónde le han detenido? -acerté a preguntar.
-Pues en Atocha, cuando estaban a punto de coger el tren de Barcelona. Ya sabes como son los de la social. Cuando vieron a “nuestros amigos” acompañados de un joven en la estación, que no podía ser hijo de ninguno de los dos, no dudaron ni un momento en pedirles la autorización del padre del menor. Al no tenerla, sospecharon que podrían estar tramando alguna jugarreta para inducir al chico. Por lo tanto no vacilaron en traérmelos -prosiguió mi amigo.
-Sí si, hicieron bien, le contesté algo más tranquilo, retenlos ahí hasta que yo llegue y no le abras ficha al cabrón de mi hijo.
-No te preocupes, que no se la abriré, si precisamente te he llamado para que esto quede entre nosotros.
-Gracias Eusebio.
-No tienes porque dármelas, que para eso estamos los amigos, hoy por ti y mañana por mi. Pero vente lo antes posible porque termino mi guardia en una hora y después entra tu “amigo” Morales.
-Sí, si voy para allá ahora mismo:- El tal morales era un mal bicho que no me había perdonado aun que le “bailase” la chica. Chica que por cierto también me dejo a mí.
Cuando colgué el aparato mi mujer debió de notar el mal cuerpo que se me había puesto con lo que me acababa de contar mi compañero y me lanzó una mirada interrogante:- Aurelio dice que han detenido a tu niño.
-¿Qué han detenido a Tito?
-Sí, ¿Por qué te extraña?, algún día tenía que pasar…Con las compañías que Frecuenta.
Le han detenido en Atocha en compañía de dos sarasas muy conocidos cuando estaban a punto de subirse al tren de Barcelona ¿Qué se les habrá perdido a esas nenazas allí?
-Déjate de decir estupideces y vámonos a por Tito. - Me increpó mi mujer.
-Sí, ya voy, en cuanto termine el partido salgo para allá le dije a Concha, pues estaba ha punto de terminar el encuentro.
-¿Cómo que cuando termine?, si acaba de empezar la prorroga, me dijo mi mujer tan alterada como nunca antes la había visto.
-Nos vamos ahora mismo. Y en ese mismo momento apagó el televisor.
-Resignado a no ver terminar el partido le dije a mi mujer:- Está bien me voy, pero. Y en ese mismo momento apagó el televisor.
-Resignado a no ver terminar el partido le dije a mi mujer:- Está bien me voy, pero tú quédate a verle, para que cuando vuelva me cuentes el resultado.
-Ya te enterarás mañana cuando leas el Marca. - Dijo mi mujer según salía por la Puerta. Camino de Gobernación no lograba quitarme de la cabeza ¿Porqué se querrá ir a Barcelona?, y ¿Porqué lo hacía con esos dos?
Iba tan enfrascado en estos pensamientos que no me dí cuenta que me pasaba el aparcamiento reservado para las autoridades y dí tal frenazo que al coche que me precedía le obligué a dar un volantazo para no empotrase contra mí. Con la consecuente bronca de mi mujer y la del otro conductor:
-¿En qué vas pensando gilipollas?, -me dijo según me adelantaba. Una vez que hube aparcado le pedí a Concha que por favor se quedase en el coche esperándonos a que saliésemos, y por nada del mundo, tardásemos lo que tardásemos se le ocurriese entrar a buscarnos. Pues quería tener una conversación con mi hijo sin la presencia de su madre. Logré convencerla a regañadientes, pero se quedó.
En las dependencias me conocían sobradamente por lo que no tuve necesidad de identificarme ¿Dónde tenemos al comisario?, le pregunté a un agente que estaba en la entrada.
-Buenas tardes, Don Lorenzo, está en su despacho y me ha dicho que pase usted.
Sin más dilación me dirigí hacia allí. Al llegar entorné la puerta sin terminar de abrirla y pregunté hacia el interior ¿Se puede?
-Pasa Lorenzo que te estamos esperando.
-Efectivamente cómo había dicho Eusebio me estaban esperando ¿Y los otros dos? Pregunté a Eusebio.
-Como al interrogarles me dijo tu chico que les acompañaba voluntariamente, les he dejado marchar. En esta ocasión no teníamos nada contra ellos.
-¿Cómo que no?, si son instigadores de un menor.
-Eso es difícil de probar si tu hijo insiste en que nadie le coaccionó para irse de casa.
-Está bien, solamente te pediría otro favor, que me dejases a solas con “éste” en tu despacho para tener una conversación con él.
-Por mi no tengo inconveniente, pero te recuerdo que está a punto de llegar Morales.
-Me dijo Eusebio mirándose el reloj de pulsera.
-¿A qué hora llega?
-Dentro de veinte minutos.
-Tengo más que suficiente, es que si la charla la tengo en casa no podría evitar que la madre se interpusiera entre los dos. Ah por ultimo te ruego que salgas a decirle a Concha que enseguida salimos, dile que estamos haciendo los tramites legales, para que se quede tranquila. Una vez a solas con mi hijo me encaré con él.
-¿Qué se te ha perdido a ti en Barcelona?
-A mi no se me ha perdido nada, pero me voy allí porque en Madrid mi música no tiene futuro.
-¿Tu música?, ¿A ese ruido le llamas música?
-Eso que usted llama ruido lo tocan cientos de personas en Estados Unidos. -Contesto mi hijo tratando de justificar el jazz
-Sí, negros y drogadictos. Ironice.
-Con usted no se puede mantener nunca una conversación, de modo que dejémoslo.
-El que decide cuando dejarlo soy yo, contesté de inmediato.
-Sí, señor comisario.
-Dijo mi hijo en un tono que no estaba dispuesto a consentirle. Y si no cambias de actitud te doy la hostia que nunca te he dado.
-Es cierto que nunca me ha pegado, pero quizá a un niño le duela más el desinterés de su padre.
-¿A qué te refieres?
-Pues a toda mi vida. Usted no mostró nunca ningún interés por mí. Usted en lo único que piensa es si mismo, estoy seguro que si ha venido ahora, es simplemente para que un hijo suyo no tenga ficha policial como vago y maleante, pero no por mí, sino por usted.
-En ese momento me contuve para no hacer algo de lo que quizá me tuviese que arrepentir. De modo que me controle para poder llegar al verdadero motivo que le había arrastrado a tomar la decisión de marcharse de casa, aun a sabiendas del daño que le haría a su madre. Esa es otra, conmigo nunca quiso venirse al futbol, y en cambio cuando Concha le proponía ir de compras le entusiasmaba:- Dices que conmigo no se puede hablar; bueno pues aquí me tienes, te escucho.
-Con aire de abatimiento mi hijo rehusó la invitación alegando que llegaba tarde mi propuesta de dialogo, y por lo tanto si quería llegar al fondo de la cuestión, no me quedaba más remedio que interrogar a mi propio hijo.
-Está bien tú lo has querido, si no satisfacen tus contestaciones a mis preguntas, dejare que mi compañero proceda de oficio y actúe cómo corresponde a una detención en las circunstancias que se ha producido la tuya. -Le dije a mi hijo tratando de que entrara en razón.
-No tengo ningún miedo, y conociéndole cómo le conozco no esperaba otra cosa de Usted. No optante accederé a contestar a lo que quiera preguntarme, pero no porque tema que me encarcelen, si no para no infringir a mi madre otra pena más. Que bastante tiene la pobre con aguantar lo que le cayó encima cuando se caso con usted.
-Las palabras de Lorenzo me estaban llenando de una perplejidad tal que no sabía ni como reaccionar ante esa situación, por lo que opte por pedirle a mi hijo que me echara el aliento.
-No, no he bebido y si no le dicho esto antes no es por falta de ganas, sino porque usted nunca me ha dado la oportunidad. Usted siempre ha estado muy ocupado para atender a éste niñato. Pues le recuerdo que a éste niñato apenas le faltan quince días para cumplir la mayoría de edad, por lo tanto para estar bajo sus órdenes.
-Te recuerdo yo a ti que mientras vivas bajo mi techo no tendrás más remedio que hacer lo que yo te diga.
-Le conteste a Lorenzo , que parecía que se me estaba sublevando. Además dices que a tu madre sí la quieres, pero te ibas de casa sin despedirte de ella, y con ese par de…
-¿De qué? Termine la frase, o es que tiene miedo a terminarla, porque piensa que su hijo es igual que ellos. Ese par como usted les llama son amigos míos, y no tienen los prejuicios de una sociedad hipócrita como la suya. Y de lo que dice que me iba sin despedirme de mi madre se equivoca. Mi madre recibirá el lunes una carta contándoselo.
-¿Una carta?, te ibas a despedir con una carta, no eres tan valiente como presumes si no tienes el valor de planteárselo cara a cara. Le espete a mi hijo:-Además con el matasellos de la misma te localizaríamos inmediatamente y mandaríamos a la guardia civil para que te trajese de vuelta a Madrid:- Mi hijo no contesto a mi acusación de cobardía y por el contrario siguió reprochando mí conducta hacía él.
-Veo que no me escucha cómo siempre, y si lo hace no piensa, le acabo de decir que la recibirá el lunes próximo, por lo tanto ya está en correos, pues la puse en el buzón que hay en la esquina de su casa.
-¿Oséa, que actúas con premeditación?
-Pues sí, no soy tan imbécil como usted piensa y lo llevo madurando mucho tiempo.
Ya sé que sus amigos me traerían de inmediato de vuelta a su casa, para que usted me “proteja”, pero la única protección que necesito es contra su tiranía.
-Cuando mi hijo me llamo tirano no pude contenerme y me abalancé hacía él con la mano levantada para propinarle una ostia, pero su pasividad me detuvo y no acerté nada más que ha decir:-¡Me llamas tirano cuando no he hecho más que consentirte tus caprichos!
-¿A qué caprichos se refiere?, ¿Al de dejar la carrera?
-Ese es uno de tantos, repuse.
-La deje porque considero que en España la ley actual no se puede defender, y usted se empeñaba en que yo terminase Derecho para poder ser fiscal algún día.
-No, será mejor la musiquita de los cojones:- Le dije al cretino de mi hijo, que dejo la carrera de derecho por ir a aprender solfeo en una academia de tres al cuarto.
-Que yo sepa yo no conozco a ningún músico que haya incitado a nadie al suicidio.
-¿Qué insinúas, que yo sí?
-Usted no, porque no es juez, pero en más de una ocasión le he visto alegrarse al leer en el arriba la noticia de que en el penal de Huelva habían encontrado a un recluso tratando de ahorcarse en la celda.
-Pero a esos se les ocurre porque están enfermos, y no aguantan el tratamiento para su curación.
-Los enfermos son ustedes; ustedes y el régimen de terror que aplican a los que son diferentes.
-Yo no aplico nada, no hago la ley, solamente me limito a poner a disposición del juez al detenido:-Le dije a mi hijo que según iban pasando los minutos noté que se crecía más y más, y viendo que Morales se podía presentar en cualquier momento, opte por decirle a mi hijo:
-Tu madre está en la puerta esperándonos. ¿Que te parece si ésta conversación la seguimos manteniendo en otro sitio?
-¿Dónde? -Pregunto Lorenzo.
-Pues en casa –le conteste, recordando en ese momento que le había prometido a Concha que después del partido iríamos a visitar a su madre.
-Pero allí estará mama, y usted dijo que quería mantener una conversación conmigo de hombre a hombre, algo que también yo quiero. Y si está ella no podré porque tratara de defenderme.
-Por eso no debes preocuparte. Le diré a tu madre que vaya ella sola, que tú y yo necesitamos hablar largo y tendido. -Mi hijo acepto mi propuesta y salimos del despacho de Eusebio en el momento justo que Morales estaba aparcando. Conseguí que no nos viera porque no quería tener que darle explicaciones del motivo de mi visita a Eusebio en día de la final. A la salida nos estaba esperando mi mujer y cuando aparecimos por la puerta se abrazo a su hijo al tiempo que le acuciaba a multitud de preguntas: -¿Cómo estas hijo?, ¿Qué has hecho, para que te detengan?
-Nada mamá solamente que quería irme a Barcelona y se me olvido pedir el permiso paterno:-Contesto Lorenzo, más sumiso que cuando estábamos en el despacho de Eusebio. Después Concha se dirigió a mí diciéndome:- Vamos date un poquito de prisa que el niño no habrá comido aun y mira las horas que son.
-Sí ya voy, le dije al tiempo que le abría la puerta delantera del Gordini.
-No, deja que me iré atrás con Tito, para que me de más detalles del porqué de su marcha a Barcelona.
Durante el trayecto a casa apenas podía oír lo iban hablando madre he hijo por lo que opté por concentrarme en la conducción para no tener ningún percance por la carretera.
No se lo que le diría Lorenzo a su madre pero no tuve que convencer a mi mujer para que se fuese ella sola a casa de mi suegra:- Cuando terminéis de hablar te vienes a buscarme.
-Sí, no te preocupes que allí estaré:- Le conteste a Concha para que se fuese tranquila.
Nada más salir por la puerta mi mujer, me fui para la cocina donde estaba Lorenzo comiendo y le dije: -Vete terminando que no tengo toda la tarde.
-No se apure que ya he terminado: -Contesto retirando el plato sin rebañar, algo que nunca hacía cuando su madre le preparaba huevos fritos.
-Aquí me tiene a su entera disposición.
-¡Vamos al comedor, que estaremos más cómodos¡ ¿Sigues pensando en marcharte de casa?
-Pues sí, le quiero demostrar que puedo salir adelante sin su ayuda.
-Eres tan soberbio como mi hermano Juan, el también se iba a comer el mundo. Pero tuvo que pedirle a mi padre que le mandase para el tren de vuelta.
-Por eso no debe preocuparse que yo nunca más le pediré nada.
-Haces bien, así me ahorraras la molestia de negártelo. Lo último que te daré será el permiso paterno, para que no me molesten si te vuelven a ver en las compañías que sueles.
-Eso también se lo puede ahorrar, después de tantos años, me puedo esperar los quince días que me faltan para no necesitarle.
-Efectivamente, mi hijo cumplió la mayoría de edad dos semanas después y se fue de casa. Ese lunes cuando me levanté para ir al despacho, mi hijo ya no estaba en su alcoba por lo que supuse que se habría marchado muy temprano. Inmediatamente fui a comunicárselo a mi mujer que aun continuaba en la cocina preparándome el desayuno, y Concha dijo que ya lo sabía:-¿Y se ha ido así, sin despedirse?
-De mi sí se ha despedido.
No volví a saber nada de mi hijo durante mucho tiempo, pero si soy sincero tampoco me preocupaba.
Cinco días antes, en San Lorenzo, mi hijo recibió una notificación “del Gómez Ulla” en la que le comunicaban oficialmente que quedaba exento del servicio militar.
Lorenzo se libra de la mili por el accidente que tuvo el día que uno de sus amigos se había comprado una moto. El nuevo motorista se empecino en que le acompañase para estrenar la motocicleta, cuyo resultado fue la rotura de ambos tobillos.
A partir de aquello Lorenzo padece una pequeña cojera.


Julio Querol Cañas
Hola amigos espero que éste nuevo relato sea de vuestro agrado.
Como se puede ver está compuesto por varios capítulos. El de hoy el primero.
Besos y besos para todos.
Dama Del Sur
La idea narrativa está muy bien y sobre todo el personaje, Lorenzo. Te quedas con ganas de saber más, como debe de ser, un voto
volivar
Julio Querol Cañas: amigo, una narración interesante, denota a un autor con capacidad para las letras, aunque, para serte sincero, la falta de acentos es terrible; enfada eso de que un escritor no ponga cuidado en algo tan elemental precisamente para escribir.
Un saludo, y como siempre lo hemos expresado aquí, se trata de comentar, no de halagar. Si solamente halagas, quiere decir que no te tomas la molestia de leer.
Saludos
Volivar
Julio Querol Cañas
Ok Volivar, estoy en ello.