Estaba robando mi aire, literalmente, por lo que no dudé ni un segundo el enterrarle la afilada daga en el corazón. Él, respetando las reglas, no opuso resistencia.
La alegría me duró poco. No hubo tiempo para disfrutar mi victoria… o mi aire.
Poco después del asesinato, apareció frente a mí otro miembro de la sociedad de mayor rango portando una katana en su mano derecha.
Sin cuestionar mi decisión, incluso ahora, hui del sitio.
Me posé sobre una gigantesca estatua y contemplé el horizonte; sólo vi cuerpos sin vida, aéreos sin vida.
—Estamos sobre poblando la Tierra —dije suavemente, casi susurrando—. Somos demasiados, no hay suficiente aire.
De las sombras surgió un aéreo, yo no tenía idea de su presencia.
—No. Nosotros somos los mismos. La Tierra nos está negando ahora su precioso aire —sentenció.
gllamphar

Lidia Beatriz
Precioso e imprescindible para todos los animales aéreos, Te dejo mi voto, porque en pocas palabras he visto nuestra futura extinción.
gllamphar
Gracias por pasarte y dejarme un voto Lidia. Espero que te haya gustado y sí, precisamente el texto surgió de una iniciativa de concientización sobre la situación actual del planeta. Un saludo.