Cuerpo sobre cuerpo. Alma sobre alma. Poco a poco abría los ojos intentando acostumbrarse a la escasa luz que se colaba a través de los agujeros de las persianas.Lo miró ahí; bajo ella, durmiendo plácidamente. Suavemente acarició su cabello. A su mente volvían recuerdos de hacía apenas unas horas, recuerdos de esa maravillosa noche donde se había sentido realmente amada. Recordaba cada instante mientras sus mejillas se tornaban de un tono rosado. Aquella puerta abriéndose con ansias de llegar a su destino, la intensidad de los besos mientras sus cuerpos se rozaban contra las paredes en un intenso baile, la llegada a la habitación y cómo él la había dejado cuidadosamente sobre el edredón de un tono blanquecino. Luego llegaron las caricias, las manos entrelazadas, llenos de deseo, de ganas de convertirse en un solo cuerpo, en un solo alma. Besos por el cuello, bajando poco a poco a cada uno de los rincones de sus cuerpos, no quedaba ni un solo recoveco por descubrir. Suspiros, miradas, pequeños jadeos, sudando, viviendo, disfrutando.
El único hombre que la había valorado como mujer, el único que no la había hecho sentirse como un objeto. Ella, prostituta por necesidad. La vida le había jugado una mala pasada, le había robado lo más preciado que ella tenía, su inocencia. Él, un joven adinerado encerrado en su gran mansión, como si de una burbuja de cristal se tratase, nunca había imaginado las penurias a las que su amada había tenido que enfrentarse. Era el único que conocía todos sus secretos, incluso los más inconfesables, sin embargo a él no le importaba como ella se había tenido que ganar la vida. La quería por cómo era, por cómo se sentían cuando estaban juntos. Y justo en ese momento ella comprendió que era una mujer más, que todo lo que le repetían una y otra vez no era cierto, esas palabras que se le habían clavado en el corazón como cuchillas no eran más que mentiras. “Las personas como tú no tenéis derecho al amor”. Y en ese preciso instante se dio cuenta de que ella estaba perdidamente enamorada;se dio cuenta de que las prostitutas… también aman.
Saritalacasita




Envoy
Precioso, las prostitutas también son mujeres, también aman…Pero por lo general la gente de la que se rodean no se da cuenta.
VIMON
Muy bello relato, Sarita, me parece ademas muy sensualmente poetico y muy poeticamente sensual. Un abrazo y mi voto.
antoniosib
Me ha gustado mucho, te voto.
volivar
Saritalacasita: qué bien sabes expresar los sentimientos más internos, más sentidos, los que más hacen sufrir. Tienes buen estilo. Te felicito.
Volivar (Mi voto)
Lot Alkef
Tambien tienes mi voto.
Amerika
Buen micro compañera me ha gustado su sensualidad y romanticismo.
Gracias y un saludo.
ZusiOns
Un bella historia, mis felicitaciones y mi voto ^^
Eidan
Tienes mi voto, mi felicitación y mi atención en futuras publicaciones. Buen estilo.
Saritalacasita
Muchísimas gracias a todos por vuestra opinión y vuestros votos, me alegro mucho de que os haya gustado 🙂
Orfeo
El texto está muy bien escrito, pero la visión me parece idealista e irreal. El mundo de la prostitución es mucho más sucio y triste.
Ruben-Vazquez
Muy original propuesta, para tenerla presenta antes de juzgar a las personas
Mabel
Todo ser humano tenga la profesión que sea tiene derecho a amar y a sentirse amado o amada. Un abrazo
y mi voto desde Andalucía.
Iván.Aquino L.
Como dice Mabel, todo ser tiene derecho a amar. Las prosti aunque laboren en sus actos sexuales solo lo hacen por necesidad y no por gusto.Sin embargo el amor debe ser primero y estan bendito como el universo. Te doy un gran abrazo desde Mexico DF y mi voto.
alison
yo era prostituta y tambien me enamore perdidamente de alguien que era literalmente igual que yo,el sabe todo de mi y jamas me abandono aun sabiendo lo que fui,y toda persona tiene derecho a enamorarse,el amor puede cambiar hasta la persona mas fria