-Aceptaste este trabajo Nicolás, tú mismo lo dijiste… me vendrá bien la actividad y sin embargo mírate, estas hecho un guiñapo, escondido bajo la estantería, salivando mientras esperas la siguiente remesa de archivos para grabarlos en la maldita base de datos. Nicolás, hemos terminado nuestro turno, permanecer aquí no te hará ningún bien. ¡Joder, no va a venir nadie! Tenemos dos días por delante. Ve a tu casa, haz el amor a tu mujer, planta un árbol, escribe un libro… ¡Me estás escuchando, Nico!
Nicolás no daba señales de vida, bajo la estantería apenas si se veían sus pequeños zapatos. Permanecía muy quieto tarareando alguna vieja nana en voz queda. Entonaba con dificultad, entrecortadamente, sin poner mucha intención.
-Escúchame Nicolás, podemos hacer una cosa. Podemos llamar a dirección, el mismo Pedro podrá corroborar que lo que digo
cierto. Hasta el lunes no vendrán nuevos licitadores, es absurdo pretender adelantar trabajo. No hay más que lo que ves en esta mesa ¿No lo estás viendo jodido taimado? ¡Esta mesa está vacía, no hay nada! ¿Me estás oyendo tarado de mierda?
De nuevo el silencio, esta vez no le escuchó moverse, apenas si respiraba. Descolgó el teléfono y tras marcar un largo número de más de veinte cifras, escucho su voz como demasiado aflautada, no exenta de congoja.
-¿Paloma? Perdona que te llame… No, no hablábamos desde el regicidio… sí, escucha. No, no, es Nico. Sí, está mal. Sí,
se niega a abandonar el puesto, se niega a disfrutar de su fin de semana. Le estoy diciendo… ¡escucha! le estoy diciendo que no hay motivo para no irse a casa. No van a venir nuevos licitadores, él lo sabe y aún así se aferra… no sé qué espera, no sé ya a quién espera. ¡Oh, por Dios, nunca debimos aceptar este trabajo! Sí, sí… No, no se lo he dicho. Voy a ver si eso funciona… vale, te llamo con lo que sea.
Ferrante cogió una silla y la colocó frente a la estantería donde Nicolás, encogido sobre sí mismo, se escondía de él y del mundo
- Nico- hizo una pausa mientras se secaba el sudor de la frente-. Ey, Nico, socio… ¿Desde hace cuánto somos amigos, eh?
¿Alguna vez te he mentido? Claro que no amigo, como habría de hacerlo… Por qué habría de mentirte. Mira acabo de hablar con tu mujer… sí tu preciosa mujer y a que no sabes lo que me ha dicho… no te lo vas a creer. Han instalado en tu propia casa un equipo para que puedas hacer tu trabajo desde allí -hizo una pausa y trató de escudriñar las sombras en busca del rostro de su amigo- ¿Me has oído, Nico? Trabajarás desde casa, como siempre has querido. Aquí y en casa, las 24 horas sin descansar si es que lo deseas. ¿Qué me dices a eso?
-¡Mientes! -Más que una respuesta, aquello se asemejó a un desgarrador grito. El grito de un hombre que ha perdido el juicio.
-¡No te miento joder! Me lo acaba de decir Paloma, lo han traído esta tarde en tu casa. Mira, no podemos estar mucho más
tiempo aquí… los equipos de limpieza están por venir. Ya sabes, ¡los equipos de limpieza, por Dios! ¡Ya sabes lo que les pasa a los que se niegan a abandonar el puesto… lo sabes! ¿Me estás escuchando, Nico?
De repente, fuera del despacho, muy al fondo del pasillo, escucharon como se abría la primera puerta. Un tremendo portazo les indicaba que el equipo de limpieza estaba cerca.
-¡Están aquí, copón!- gritó Ferrante fuera de sí
Inquieto miraba hacia las sombras que se proyectaban en el cristal de la puerta. Ferrante no pudo reprimirse más, se lanzó en plancha con las manos por delante con la intención de agarrar los tobillos de Nico y sacarlo por la fuerza. Forcejearon un rato en el que Nico, violento, pateó el rostro de Ferrante y esté cayó hacia atrás con el labio ensangrentado. Ferrante se incorporó derribando la estantería hacia la derecha dejando a la vista el rostro de su amigo, el cual le miraba con expresión de comadreja asustada.
No tuvieron tiempo para mucho más. Tres hombres vestidos de negro, casco y armas de pequeño calibre, entraron en el
despacho pateando la puerta. Sin mediar palabra descargaron sobre ellos varias ráfagas de metralla sesgando sus vidas de inmediato. Se acercaron a los cadáveres y tras apuntar sus nombres en una libreta, cargaron con sus cuerpos hacia el sótano. Ferrante y Nicolás se habían convertido en licitadores. Sus cuerpos ahora sin vida pasarían a ser propiedad de la compañía, para y tras el concursoser enviados a Titán a extraer Gas Vespeno durante al menos un siglo y privados de toda voluntad. Sus nombres ocuparían las listas que otros tendrían que grabar en la base de datos. Hombres como ellos, menesterosos, complacientes, personas siempre dispuestas a dar lo mejor de sí.

Nicolas_Mattera
Si se me permite: un final apoteósico!!
La alienación y el doble giro de alimentar y pertenecer a la lista de nombres que se engrosan como alguien que se entierra así mismo….
El estado de los ciclos, amigo Ferrante, es su obseción: todo lo que va, vuelve y vuelve cambiado aunque muchos crean que no, la dialéctica del hombre sencillo.
Le diría más… pero ¿para qué?
un abrazo y mi voto!!
Jorge Moreno
Brillante.
volivar
Felipe Ferrante: no había tenido yo la oportunidad de leer su narrativa; la que hoy ha publicado tiene un excelente estilo parecido al de los más famosos cuentistas clásicos: trama muy amena, que lleva poco a poco a un final, terrible o feliz, pero siempre inesperado.
Lo felicito, ahora sé por qué es usted de los grandes en esta red literaria Falsaria.
Mi voto, por supuesto.
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
1000Luna
¡Muy bueno! Un final que no esperaba, aunque la inquietud crecía a medida que leía.
Un saludo y mi voto.
Gui22e
Estimado Ferrante, su narrativa me parece excelente, ha logrado capturar mi atención desde laprimera hasta la última letra… felicitaciones a su imaginación y talento..