Tomás y Carmen habían decidido vivir juntos con la madre de él cuando ella le adelanto que estaban esperando un bebe.
-No te preocupes cariño, nos quedaremos en mi alcoba hasta que tengamos nuestra propia casa.
-¿Tú crees que tu madre me aceptara?
-¿Y porque no lo iba ha hacer? Respondió ingenuamente Tomás.
-Pareces tonto Tomás desde que tu madre se quedo viuda tú lo has sido todo para ella y a mi me vera cómo a alguien que viene a arrebatarle lo suyo.
-Ya veras que no tienes razón, que te querrá como a la hija que no ha tenido.
-Prosiguió Tomás, dentro de su candidez. El día que Tomás le planteo a su madre sus planes ésta accedió de mala gana.
-Está bien os podéis quedar una temporada pero lo antes posible buscad otro sitio pues ya sabéis que la casa no es pequeña.
-¿Ves lo que te dije?,- le remarco Carmen.
-Yo creo que es mejor que se lo pidamos a mi padre. Él seguramente nos dejara hacer una alcoba pegada a su casa.
-¿Nos dejaría?
-Estoy segura. Dijo ella.
-El padre de Carmen consintió con una condición:
-De acuerdo pero el mismo día que os vengáis aquí será el de vuestra boda.
-La pareja se puso manos a la obra y con la ayuda de algunos amigos la alcoba estuvo acabada antes del ocho de diciembre.
A finales de abril el día que Carmen y Tomás habían decidido ir al cine para ver la película que acababan de estrenar, y que ya todos los amigos habían visto. Durante el Nodo se puso de parto y tuvieron que salir de la sala con la consecuente bronca de los vecinos de butaca, y sin poder ver Bienvenido Mister Marshal.
-¿Y ahora qué hacemos Carmen? –Dijo Tomás estando ya en la calle.
-Pide un taxi que nos vamos a casa.
-¿A casa?
-¿Pero te fías de tu madre para que te atienda? –Dijo azarosamente Tomás.
-De la que más. Contestó Carmen, mucho más serena que él.
-¿Pero no estuvo en Malasaña por negligencias en los partos que atendía? –Seguía diciendo el futuro padre.
-Oye Tomás. – Dijo Carmen en un tono tan tajante que sorprendió a Tomás.
-Si mi madre estuvo en la cárcel, fue por una denuncia falsa. Y vamos date prisa que esto no espera.
-Sí, si ya voy.
-Paulina al ver el taxi, puso en alerta a sus dos hijas mayores.
-¡Vamos! que ya está aquí.
-El parto se presento con alguna complicación que la experiencia de Paulina llevó a buen término.
-Que trabajo nos ha dado el jodio pero por fin esta fuera.
-¿Es un niño? Pregunto la parturienta.
-¿Sí es un precioso cabezón que venía con dos vueltas al cuello? Contesto Pepa, la hermana mayor.
-Acérquele para que le vea.
-Espera a que Isi termine de lavarle.
-¡Isi ! Ponle la ranita azul que quiero ver cómo le queda.
Después de secar al bebe Isidora se le acerco a su hermana.
-Toma tu hijo pero la ropita que tienes preparada no le vale le está muy grande.
-Que guapo es y cómo se parece a Tomás.
-Si que se parece si, no puede negar que es un “queroba”
Paulina dirigiéndose a Pepa - ándate donde Agustín y dile a tu cuñao que ya puede venir para que conozca a su hijo.
-Tomás al venir de casa de su amigo no reparo en la infinidad de charcos que la lluvia había producido esa tarde y tuvo la mala fortuna de meterse de lleno en uno de ellos.
-¿Donde está mi niño?
-¿Pero que te ha pasado?, ¿dónde te has metido? -Le dijo Paulina riendo a su yerno.
-Nada abuela que con los nervios no he visto donde metía el pie. ¿Cómo están?
-Paulina riendo aun –mejor que tú, anda pasa que están en la alcoba.
-Tomás dirigiéndose a Carmen-¿Cómo estas cariño?
-Bien y después de ver al niño que tenemos ya se me han olvidado los dolores del parto.
-¿Donde está?
-Aquí le tengo, entre las sabanas, tratando que se enganche a la teta. –Dijo Carmen al tiempo que retiraba la colcha. Mira que hijo más guapo tenemos.
-¿A quien se parece?
-Pero mírale bien, si es tu mismo retrato.
-Es cierto, es igualito a mí, pero sin bigote, dijo Tomás en tono jocoso.
-Ya sabes que mañana mismo tienes que ir a darle de alta.
-¿Qué nombre quieres que le ponga?
-El del padrino cómo habíamos acordado.
El jueves cuando Tomás volvió del trabajo le contó a su mujer que no había podido dar de alta al niño porque el juzgado estaba cerrado por la festividad de San Marcos.
-¿Pero donde has ido alma cántaro?
-Pues a Fuencarral. Dijo Tomás como lo más natural del mundo.
-Ese juzgado corresponde al barrio de tu casa cuando vivías con tu madre. Ahora nos pertenece Chamartin dela Rosa.
-Pues mañana iré.
-Te pondrán una multa por no ir el mismo día. Afirmó Carmen.
Al día siguiente Tomás llego cuando el juzgado ya estaba cerrado, por lo que tuvo que volver de nuevo el sábado. Y por miedo a la multa dijo que su hijo había nacido un día después de lo que realmente era.
El registrador dirigiéndose a Tomás-¿Cuándo ha nacido su hijo?
-El veinticuatro a las seis y media de la tarde.
-El veinticuatro y viene usted hoy… Sintiéndolo mucho tengo que ponerle una sanción.
-Haga lo que crea conveniente. Contesto Tomás resignado.
-Si no soy yo, es la ley.
Saliendo del registro se dio cuenta que no le había preguntado al funcionario, el día que tenía que ir a recoger la cartilla de racionamiento para su hijo.
-¿Y a por la cartilla cuando voy?
-Su hijo de momento tiene suficiente con la leche de la madre. Pero valla el próximo día que tengan que retirar los cupones de ustedes; ah y no se le olvide llevarse el libro familiar para que puedan dársela.
Tomás llego a casa muy contento porque por fin su hijo ya estaba inscrito en el registro civil.
-¡Carmen!, mira ya tenemos al niño en el libro familiar, y me han dicho que el día que vallamos a por los cupones pidamos una cartilla a su nombre.
-Trae dame que le guardare en su sitio, que cómo lo hagas tú ese día no encontramos el libro ni con candil.
-Después de una serie de boberías delante del pequeño, Tomás quería comer algo, pues hacía muchas horas que no probaba bocado, y su mujer le dijo que su hermana Isi le había pasado unas lentejas. Tomás se comió las lentejas con desgana a pesar del apetito, pues él prefería gachas. Cuando Carmen le contó que había tirado las almortas, porque Faustino, el vecino que era taxista, decía que si comes gachas muy a menudo te puedes quedar paralítico.
-Eso son tonterías de la gente. –Dijo Tomás resignado.
Mientras recogían los platos de la mesa Carmen le contó a su marido con un tono de ironía que su cuñado había venido a conocer por fin a su sobrino.
-Mujer no se lo tengas en cuenta que ya sabes que el viaja mucho debido a su profesión,
-Ya…
-Bueno ¿Y que te ha dicho?
-Que sino tenemos padrino que quiere ser él. Le he contestado que eso te lo tiene que preguntar a ti.
-¿Le diremos que si?, no…
-Claro, le corresponde a él, que es el padrino de boda, igual que a mi tía Encarna ser la madrina.
Parte segunda. El bautizo
- Pasados diez días del nacimiento de su hijo, Tomás fue en busca de su suegro para comunicarle la fecha del bautizo. Pero cual no seria la sorpresa de éste cuando Alfredo le dijo que no asistiría por desavenencias con el clero. En ese momento Tomás no supo como reaccionar, pero pasados unos días, después de reflexionar, y como no quería quedarse con la intriga del porque… Una tarde después de venir del trabajo fue en su busca para que le contase el motivo. Encontró a Alfredo en las cuadras de los animales.
-Buenas tardes señor Alfredo.
-Buenas Tomás.
-Yo venia a hablar con usted.
-Pues tú dirás.
-Pero no aquí, sino en un sitio más cómodo.
-Pues déjame que termine de arreglar a los animales y enseguida estoy contigo.
-Cuando Alfredo termino de sus tareas salio en busca deTomás que le esperaba sentado en el patio de la casa.
-Bueno, ya estoy contigo, ¿Tú dirás?
-Vera usted, quisiera saber, ¿Por qué no viene usted al bautizo de su nieto?
-Mira Tomás el motivo está tan enraizado dentro de mi historia personal, una historia que por cierto estoy tratando de olvidar, que el solo echo de recordarla me produce un gran dolor. No obstante y para que no te quedes con las ganas de saber el porqué de mi ausencia en el bautizo de tu hijo, te la contare. Espero que no tengas prisa pues es un poco larga debido a que tengo que ir recomponiéndola en mi memoria.
-No se preocupe que ya le he dicho a su hija que venía a hablar con usted y que
Podría tardar.
-Pues nada empezare desde que nos vinimos a vivir a Valdevivar, que por aquel entonces en el año veintinueve todavía no se llamaba así.
-Ah, ¿no?, ¿y cómo se llamaba?
-Eran unas fincas al norte del barrio del Pinar dentro del pueblo de Chamartin dela Rosa.
-¿Chamartin era un pueblo?
-Claro como lo eran Fuencarral y Hortaleza, aunque estos dos al estar un poco más alejados, la capital los anexiono después que a Chamartin.
-Y Chamartin, ¿Cuándo dejo de ser un pueblo? Pregunto Tomás, que a cada minuto que pasaba se apasionaba más con la narración de su suegro.
-Pues mira mañana seis de junio harán cuatro años de la anexión a Madrid. Pues cómo te decía, cuando nos trasladamos aquí, atraídos por la amistad de mi amigo Estevan Collado y de su mujer.
-¿Mi tía Encarna?
-Sí, pero no me interrumpas que me haces perder el hilo. Estaba diciendo que al principio fuimos “cuatro vecinos”, pero en poco tiempo ya éramos más de cincuenta las familias que nos habíamos instalado aquí, por lo que nos convertimos en una nueva colonia o barriada al norte del arroyo Abroñigal.
-Veo que conoce mucho la historia de este barrio.
-Sí, pero no por casualidad, cómo te decía fui uno de los primeros en venir, y por ese motivo los demás me convencieron para que les representara en el ayuntamiento.
-¿Fue usted concejal?
-No, pero estuve a punto.
-¿Y porque no lo fue?
-Porque es esos días cuando estaba preparando mi candidatura al ayuntamiento de Chamartin dela Rosa, “estos” se revelaron contra el gobierno de la república…Y cómo ganaron la guerra…
-Pero a usted sus vecinos le llamaron durante un tiempo alcalde, ¿no?
-Así es, pero nunca llegue a tener ningún cargo en el municipio.
-Todo lo que me está contando es muy interesante pero todavía no se cual es la razón para no ir al bautizo.
-No seas impaciente hijo, ya te he dicho al principio de ésta conversación que era muy largo de explicar, pero si tienes prisa…
-No, no, siga pero lo que pasa es que me tiene usted en ascuas.
-Eres cómo todos los jóvenes, que todo lo queréis ya, eso me gusta, pero debéis de aprender que los conocimientos se “absorben” lentamente. Bueno sigamos, toda mi animadversión hacía los curas y beatos en general, me viene de después de terminada la guerra.
-¿Estuvo usted en el frente?
-Sí, pero no al principio, pues cuando empezó en el treinta y seis ya tenia cerca de cuarenta años y seis hijos que mantener. Me alistaron casi al final de la misma, en la quinta del saco, como la llamarían después. Como te digo mi inquina o resentimiento con la iglesia me viene después de acabada la guerra, pues hasta entonces mi sentimiento era de total indiferencia.
-¿Pero no están ustedes casados por la iglesia?
-Ten en cuenta que tu suegra y yo nos casamos en octubre del veintiocho, y con la dictadura de Primo de Rivera no podía ser de otra forma si querías que tus hijos tuviesen los mismos derechos que los que consideraban” legítimos”. Bueno sigamos con lo que te ha traído hoy aquí. Cuando las tropas fascistas entraron en Madrid, el regimiento en el que yo estuve se había disuelto ya, por lo tanto aquel veintiocho de marzo me pillo en casa, con mi familia.
-¿Y los militares de Franco no tomaron represalias contra usted, que lucho en la zona roja?
-Si que las tomaron sí, pero no nada más caer Madrid. Cuando volví del frente, lo hice con el presentimiento de lo que estaba a punto de ocurrir, y llegando cerca de Valdevivar, nos escondimos unos cuantos esperando que se hiciera de noche, de esa forma pudimos llegar a casa sin ser vistos. Y escondido en el pajar estuve varios meses hasta que vinieron a por mí los de la brigada social, alertados por uno de los que creíamos camarada, pues estuvimos juntos picando en las trincheras. Éste cabrón nos delato porque le prometieron una rebaja en su condena.
-¿Y a él como le detuvieron?
-Como era un meapilas, enseguida empezó a ir a misa.
-¿Qué es un meapilas?
-Un hipócrita que aparenta ser devoto.
-¿Y sabe si le rebajaron la condena por chivarse?
-No les dio tiempo, nada más entrar en Torrijos le metieron tal paliza que murió a los tres días, solo, y despreciado por los demás presos.
-Ahora comprendo su resentimiento con los curas y la iglesia.
-Espera que todavía tengo más motivos para ello. Cuando estábamos en Torrijos a los
camaradas que les habían condenado a la “pepa”, los trasladaban a una sala que había sido la capilla del convento, por lo que todos sabíamos que los que entraban en capilla tenían las horas contadas.
-¿La pepa? Volvió a preguntar Tomás con cara de arrobo.
-Sí, era el nombre que le pusimos a la pena de muerte.
-Y a usted, ¿de qué le acusaron?, ¿y cuanto tiempo estuvo en la cárcel?
-Eso ya te lo cuento otro día, ¿si quieres?, que ahora me ha parecido oír a mi hija llamándote.
La conversación con su suegro dejo a Tomás reflexivo. Después de la misma se dio cuenta de lo poco que sabía sobre la historia reciente de España, pero cuando llego a su casa volvió al presente; a su hijo le bautizaban dentro de unos días y tenia que dar los últimos retoques a los preparativos.
Parte tercera. Un inconveniente superado con picardía.
-Al día siguiente, a la vuelta del trabajo Tomás se encontró con una sorpresa: Su hermano Julio había estado en casa para comunicarle que algo urgente le obligaba a salir de Madrid, y que no sabía para cuando podría estar de vuelta.
-¿Me quieres repetir lo que te ha dicho mi hermano?
-Sí, que mañana al amanecer sale para Paris, porque a su jefe le operan el lunes y no sabe cuanto tiempo tardara en volver.
-¿Y el bautizo?
-Eso mismo le he preguntado yo, pero me ha dicho que estuviésemos tranquilos, que antes de venir , se ha pasado a ver a José y esté le a confirmado que va él en su lugar.
-Ah pues no me parece mala idea, como son gemelos…
-Ya pero tu “hermanito” siempre nos deja tirados, menos mal que no nos dejan a las madres estar en los bautizos.
-¿Porqué lo dices?
-Por nada, imagínate que el cura se da cuenta, yo no sabría donde meterme.
-No te preocupes que no se dará, no es la primera vez que se cambian el uno por el otro, recuerdo una vez hace unos tres años…Tomás no pudo terminar de contar porqué al pequeño le entraron ganas de “cantar”.
-Y por fin llego el domingo del bautizo. Tomás era un manojo de nervios. Pero no logro contagiar a Carmen que se mantuvo serena.
Cuando la mamá terminó de vestir al pequeño la comitiva se puso en camino; no querían llegar tarde, y tenían un buen paseo hasta la iglesia de Chamartin dela Rosa.
Al llegar a la parroquia, el padre Miguel que les estaba esperando, les hizo pasar a la sacristía para ultimar los detalles, y dirigiéndose a Tomás:
-Vamos a ver si tenemos todos los datos bien puestos.
-Una vez hecha la comprobación el párroco le pregunto al padre de la criatura si solamente le pondrían el nombre de Julio.
-Cómo quiera que tardase en contestar, lo hizo la madrina.
-Pues póngale también Alfredo, que es el nombre del abuelo.
-Terminada la ceremonia la madrina viendo que los demás no se decidían a salir les animó dándole buenas razones.
-A este jovencito le toca dentro de una hora, y tenemos que ponernos en marcha que su mama le esta esperando.
-Todos estuvieron de acuerdo con Mª Encarnación. Pero no querían irse a casa sin inmortalizar el acto con una fotografía. La cual se hicieron en la escalera que da acceso a la iglesia. Ni sin “tirar” los cohetes cómo era la tradición. Algo también imperativo en los bautizos de esos tiempos era arrojar al aire algunas monedas y caramelos que los chiquillos recogían del suelo, pero viendo que esto último no se producía a la “altura” del convento de Las Reparadoras la chiquillería empezó entonando ésta canción.
-Eche usted padrino, no se lo gaste en vino, eche eche eche, no se lo gaste en leche, padrino cagao, si cojo al chiquillo lo tiro al tejao.
-Y con ésta cantinela llegaron a casa de Carmen que les estaba esperando sentada a la puerta y charlando con varias vecinas. Nada más llegar la madrina entrego la criatura a su madre.
-Carmen toma a tu hijo, que ya es cristiano.
-¿Qué tal se ha portado?
-Muy bien, solo se ha despertado cuando el cura le ha echado el agua… dijo Encarnación riendo.
-En ese momento intervino Tomás para decirles a los invitados que podían pasar a merendar.
-¡Venga! Pasemos a casa que el chocolate se está enfriando, y luego no es lo mismo.
-A los más pequeños la idea les pareció estupenda, pues en esos tiempos las meriendas no solían ser tan generosas.
Parte cuarta. El desenlace de la narración de Alfredo.
-Cuando todos los invitados se marcharon y se quedaron solos los papas y el pequeño Julito, a Tomás le pareció oportuno ir a ver a su suegro para decirle que su nieto, además de Julio se llamaba Alfredo también. Y de paso que siguiese contándole más sobre él y los años que estuvo en la cárcel.
-¿Se puede? Dijo Tomás entreabriendo la puerta donde Alfredo tenia a los animales.
-Sí, pasa hijo, que ya sabes que los “bichos” no saben de fiestas, y si quiero que me sirvan en mis tareas, primero les tengo que “servir” yo. ¿Qué, cómo ha ido el bautizo?
-Muy bien, precisamente venía a decirle que su hermana ha querido que le pusiésemos también Alfredo como usted.
-Ay que ver ésta mujer siempre la está liando.
-No diga usted eso, que si yo no hubiese querido no se lo pongo y listo. Digo señor Alfredo que si tiene un rato y quiere seguir la conversación que tuvimos el otro día…
-Si hombre, ¿por qué no?, pero espera que me lave un poco, que después de estar en la cuadra huelo yo peor que las mulas.
-Alfredo no tardo mucho en salir, pues su yerno apenas tuvo tiempo para liar y encender un “caldo gallina”
-Bueno ya estoy aquí, lo que no entiendo es ese interés por mi pasado.
-Pues por algo bien sencillo, me parece que debe ser muy parecido al de mi familia, y cómo mi padre se murió siendo yo muy pequeño…
-¿Entonces no sabes que a un hermano de tu padre le fusilaron ha hecho ahora doce años?
-Pues no, no lo sé.
-Con los datos que Alfredo le iba relatando a Tomás la curiosidad le iba en aumento.
-Pues si, yo me entere porque conocía a tu tío de venir por aquí con tu padre.
-Ah claro a visitar a su cuñada.
-Pues sí tu tío y yo coincidimos en la cárcel, pero a él le “sacaron” el día de Noche Vieja del 40 y se lo llevaron para el cementerio del Este. Yo tuve más suerte, a mí después de la cárcel me desterraron a Nules porque durante la guerra quedo arrasado por los bombardeos de estos cabrones.
-¿Y estuvo mucho tiempo allí?
-Cuatro años, pero que me parecieron cuatrocientos, y no porqué los nulenses me tratasen mal, muy al contrario, fue por que durante mi estancia en ese pueblo, tu suegra me traiciono.
-¿Sí?, ¿y de qué forma?
-Pues sabiendo cómo sabía la inquina y el rencor que tengo hacia los curas, consintió que mis dos hijos pequeños hiciesen la comunión.
-¿Y todavía le duele?
-Nunca se lo perdonare.
-¿Y es el motivo para que al volver se fuera usted de su casa?
-No, ese fue uno de ellos, de el más grave no tengo pruebas, solamente las habladurías de los vecinos.
Según se iba desarrollando la conversación a Alfredo se le fue endureciendo la expresión de la cara, yTomás que le estaba notando a su suegro demasiado alterado, le ofreció un pitillo.
-¿Quiere?
-Trae, que el humo siempre relaja.
-¿Entonces dice usted que ayudo a la reconstrucción de…?
-Nules, Nules se llama el pueblo. Si, a un grupo nos asignaron el pintar las fachadas principales con cal y añil.
-¿Y eso porqué?
-Nos dijeron que tenían orden de pintarlas así para evitar las enfermedades que producen los mosquitos, pero yo nunca lo creí.
-¿Por qué cree que lo hicieron?
-En venganza y para humillarnos, y que cada vez que viésemos esas paredes no se nos olvidase que ya no era zona roja, sino azul.


mcarmen.querol
Que bonita historia.Nos cuenta la historia de España tan dura y tan injusta para miles de españoles.
elvira.zuerita
creo que tiempos pasados,casi nunca fueron mejores….¡¡¡es preciosa maestro!!!los que tenemos ciertas edades lo tenemos muy fresco en la memoria casi siempre contado por nuestros predecesores.pero algo nos tocó..