Otro día más me metí en el armario de mi habitación mientras oía como mi madre gritaba, mi padre le contestaba y mi hermana veía la televisión.
Otro día más escondida de mi propia familia, llorando amargamente e intentando amortiguar los llantos con mis manos.
Otro día más pensando en irme, pero no lo hago porque sé que no tengo a donde ir; porque cuando atraviese esa puerta y quiera volver me matarán. Lo único que me repone es el pensamiento de que cuando llegue al instituto con mi amigo Brönte, él me dará aquello que tanto anhelo, aquello odioso que me corroe por dentro, pero al menos solo es un pitillo, y no es droga; porque la droga es muy cara, y la reservamos para tiempos en la ciudad. Tiempos en los que vayamos de casa en casa, de banco en banco, sintiéndonos como ángeles, flotando en las calles.
Pero el pensamiento, por desgracia, no hace que mi madre no me encuentre en el armario, tampoco hace que no me saque de él arrastras y me tire en el suelo, diciendo que no valgo nada, que soy una sucia rata.
No puedo evitar llorar.
Despierto en mi roída cama, con Brönte mirándome con algo que parece ser pena.
—Uno de tus clientes te espera.
Asiento, me levanto, me limpio el maquillaje desecho por culpa del llanto y bajo al coche. Se trata de Felipe, un hombre de unos cuarenta y cinco años que siempre me elige a mí, seguramente porque soy la única de ellas que es menor de dieciocho años.
Porque tengo dieciséis. Y tengo que vivir en la calle con dieciséis años, y lo único que hace que no me suicide es el alcohol y el tabaco.
Porque cada vez que me subo a uno de esos coches tengo que hacer que me gusta.
Como ahora: ahora mismo Felipe me está mirando y al parecer no aguanta las ganas; a metido el coche en un descampado tras la casa y me está mirando con lujuria.
Me toca, me deshace entre sus manos sudorosas, me quita la poca ropa que llevo y se baja la cremallera. Ahí mismo, en el coche, en un descampado.
Quiero morirme, pero no lo hago.


volivar
A. Doval: cómo pintas la vida de las pobres chicas que se ven en la necesidad de tenerse que ganar el pan diario en la calle. Felicidades por expresarte así, con la cruel realidad de la vida de esas pobres mujeres.
Mi voto. Sigue publicando que tienes grandes cualidades, y enorme talento.
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México
VIMON
Amiga, subiste este texto como “no ficcion” y espero que haya sido un error, porque si es verdadero es muy triste. Si es ficcion entonces es excelente. Por lo pronto te mando un abrazo y un corazoncito, que de algo serviran, espero.
TAIKU TAO
Durísimo y muy bien escrito. No creo que sea un error el haberlo catalogado como no ficción, lamentablemente casi niñas como tu protagonista, existen, y tú has sabido reflejar su sentir.
Mi voto.