Jugadores, justicieros y ajustadores

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    Aquel fulano no dejaba de observarme. No me pareció de esa clase de tipos que se cruzan de acera para ver cómo le crecen los pepinos al vecino, pero quién podía saberlo.

    Se sentaba erguido, con el cuello recto. No había tocado el agua Vichy, de hecho no la había ni echado en el vaso. El camarero iba y venía, sus ojos destilaban complicidad cuando se cruzaban con los míos.

    —¿Jefe, otra cervecita mientras espera? —alguna broma oculta se paseaba de puntillas por su cabeza. Sus ojos sonreían, me sonreían como compartiendo un buen chiste… que aún yo no conocía.

    El tipo del fondo levantó la cabeza y sonrió también. Traté de obviarlo mientras sacaba mi bloc de notas y leía páginas en blanco.

    Recibió una llamada y por el acento supe que era italiano, sacado de una película de los tercios de Flandes. Los nudillos rotos y las facciones con más aristas que un cartabón. Reverte de los cojones… Los ojos claros de la locura me siguieron cuando fui al baño.

    —Qué poca higiene hay en estos bares españoles… ¿verdad? —No respondí. Me limite a apretar la cisterna.

    No parlo eslañolo —le dije con cierta mofa después de encararle de frente. Me miró largamente, muy serio. —No españolo. —Mis palabras sonaron tan huecas como las malas mentiras. Cuando me sequé el sudor de la cara vi que mi mano temblaba.

    —Sr. Cordebás… ¿le gusta el fútbol? —Se llevó la mano al interior derecho de la americana y la mantuvo allí. No esperó mi respuesta—. Imagíneme como un jugador del equipo contrario, piénseme como alguien que le está marcando —sonreía, se lo estaba pasando en grande—. Quizás usted quiera meter muchos goles este año, ¿sí? —Su cara se acercó a la mía intimidándome, le cantaba la petaca… y ambos lo sabíamos—. A lo mejor aspira usted a ser el puto pichichi este año, ¿sí?

    —No sé de qué mierda me está hablando, no me gusta el fútbol —me temblaba la voz.

    —Cuando se acueste en la cama esa suya, la que cruje por el lado izquierdo y mire el techo con las tres manchas de humedad en el fondo derecho de la habitación. Cuando el insomnio venga a buscarlo piense en lo que le he dicho.

    Salí del baño sin mirarle y me dirigí hacia la puerta.

     

    —¿Ya se va? —Me dijo el risueño camarero mientras enjuagaba los vasos detrás de la barra. Apenas le miré, salí a toda prisa de allí—. Se deja el maletín —me gritó desde dentro.

    No, no me lo dejo, dije para mi mismo mientras buscaba el detonador en mi bolsillo.

    Comentarios

    1. Luna de lobos

      6 julio, 2012

      El diálogo casi tarantinesco.
      “Los ojos claros de la locura me siguieron cuando fui al baño”.
      Muy bueno.
      Un abrazo!

    2. PABLO AMAYA

      6 julio, 2012

      boom!!!
      jajaja sorprendido. muy bueno me gusto,,excelente relato
      sumo uno mas
      saludos

    3. Nicolas_Mattera

      6 julio, 2012

      Gran relato, con frases fantásticas!! Hay un salto de tiempo al final del cuento que, debo confesar, no me ha quedado muy claro… ¿es otro día?
      voy a volver a leerlo a ver si me aclaro..
      Una brazo!

      • Felipe.Ferrante

        6 julio, 2012

        Sí Nico, en el texto hay varios saltos…lo estoy probando, no estoy inventado la pólvora, Raimon Carver y otros ya lo hacen. No son saltos muy largos en el tiempo. Al final del texto doy un salto del baño a la puerta del local. Me ahorro contar que el tipo se despidió…etc. Directamente el camarero le dice adiós. Es una narración donde he tratado de invitar al lector a imaginar, a aportar cosas en esos espacios vacios que le puedan servir a su lectura.

        Gracias por vuestras lecturas y vuestros votos. Abrazos!!

        • Nicolas_Mattera

          6 julio, 2012

          Si, es una manera fantástica de narrar, para no caer en carolismo (Ud me entiende….) y hacer mucho más ágil la lectura. Me gusta. Solo que en este caso en particular el salto, a mi, no me quedó claro, tal vez necesite algún mínimo puente o tal vez simplemente sea la frase donde le habla del insomino, que falta algo… maneras, como decía mi abuela Chola.
          Un abrazo…

    4. VIMON

      6 julio, 2012

      Muy buen relato, Felipe, saludos y voto.

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