La Liga de los Elegidos - Capítulo 5

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    Me aclaro los ojos mientras que me levanto de la cama. He dormido dos horas después de haber comido todo lo que mi cuerpo me ha permitido; quiero ganar algo de peso y así conseguir una mejor forma física para el torneo. Entro en el baño y me lavo la cara con agua fría para despertarme del todo. Al salir, me doy cuenta de que Paula no está en su habitación, aunque no recuerdo si ella llegó a acostarse.

    Desde aquí puedo oír el sonido de la televisión a todo volumen y, a medida que me voy acercando, distingo las voces de dos presentadores.

    - ¿Qué haces? – le pregunto al ver que es ella la que está tumbada en el sofá, abrazando una almohada.

    - Estaban echando un resumen de la Liga de años pasados, y ahora van a poner las imágenes de lo que ocurrió ayer – me contesta sin apartar la mirada de la pantalla.

    - ¿Por qué ves esto? ¿No te revuelve las tripas después de haber comido?

    - No, la verdad es que no. Es interesante ver las tácticas que van usando los Elegidos para esconderse, sobrevivir y matar a sus rivales. Aprendo mucho con esto.

    Durante unos segundos miro la televisión. Vuelvo a ver el momento en el que Paula firma el contrato, tratando de aparentar normalidad, y cómo yo, un minuto más tarde, hago lo mismo. Veo su reacción al verme subir al escenario y su cara de preocupación por tener que verme pelear contra Alex. Me doy cuenta de mis errores en el combate y cómo estos provocaron los golpes que me propició mi adversario, cómo finalmente conseguí ponerme en pie y seguir luchando y cómo me animaba mi hermana. Puedo ver también cómo Alex desenfundó una daga que tenía escondida debajo de la camisa y cómo logró clavármela en el brazo. Después de ver repetida la escena en la que caigo al suelo desmayado, cojo el mando de la televisión y la apago, con la intención de no ver la ceremonia de presentación de los Elegidos. Todos los años hacen lo mismo, cuando finaliza el tiempo de inscripción presentan públicamente, por las pantallas de todas las Zonas, a los treinta participantes de la Liga…bueno, este año a los treinta y uno.

    - ¡Eh! Que yo estaba viendo eso – se queja Paula.

    - Prefiero conocer a los demás Elegidos en persona, y no que me los presente una caja – contesto.

    - Deberías hacerle caso a tu novia y poner el canal dos – oigo detrás de mí.

    Los dos, sobresaltados, damos media vuelta para descubrir que es Kale quien nos habla. Ha conseguido una llave del piso para poder entrar cuando quiera; cosa que no me acaba de gustar. Sugiere que volvamos a encender la televisión, porque antes de la fiesta inaugural ponen pistas acerca de las primeras pruebas, para que los Elegidos y sus Consejeros traten de adivinar cuales serán y así poder prepararse mejor. Vuelvo a coger el mando y enciendo el televisor, sintonizando el canal dos como nos ha sugerido Kale.

    En pantalla, aparecen dos presentadores en un enorme plató del mismo color que el del hospital: blanco con detalles de un rojo brillante; pero ninguno de ellos es el que vino a nuestro distrito para presentar el sorteo. Al contrario que los del otro canal, estos están de pie, hablando entre ellos e insinuando que ya saben cuáles van a ser las dos primeras pruebas que decidirán quien pasa a la Prueba Final, pero que no pueden hacer más que dar una serie de pistas. “Así es más divertido para todos” oigo decir a uno de ellos. Ese tipo de cosas me sacan de mis casillas, y mis reacciones ante estas pudieron suponerme algo malo, cuando le contesté de aquella manera al presidente Augusto.

    - Atentos ahora – dice Kale. - Van a dar la primera pista.

    Sin darme cuenta, me he sentado en el sofá junto a Paula y estoy inclinado hacia delante por la intriga que esto supone para mí. Siguen hablando, aparentemente de nada que tenga que preocuparme, pero aun así, yo sigo intentando captar cada una de las palabras que salen de sus bocas. Pasados unos minutos comienzan a especular.

    - Sabemos que esperáis que os digamos alguna pequeña pista, para que intentéis averiguar que os espera en la primera prueba de dentro de tres semanas.

    - Pues no va a ser tan fácil como os creéis – continúa el otro. - Realmente la Liga comienza en este momento para todos vosotros, porque aquí se medirá vuestra inteligencia frente a la de los demás. Aquellos que consigáis adivinar de qué se trata, podréis prepararos a conciencia para ello y tendréis una clara ventaja frente a los demás.

    - Efectivamente, Rover. Bueno, sin más demora presentemos las pistas para que los chicos puedan empezar a devanarse los sesos.

    A continuación, las cámaras cambian de ángulo, dejando ver una parte del escenario anteriormente oculta. Cubierta por una manta gris está la que parece que va a ser la pista con la que poder empezar a trabajar. Uno de los presentadores se acerca y, con un suave tirón, deja al descubierto lo que se oculta detrás de ella. A todos nos sorprende ver que debajo solo se esconde un cubo de paredes transparentes y de la altura de un primer piso. Esto no nos aporta nada, puede significar cualquier cosa. Creo que después de que, en años anteriores, casi todos los Elegidos hayan adivinado de que va la prueba, este han decidido hacerlo más difícil.

    - Tranquilos todos porque esto no es todo. Faltan algunos detalles muy importantes que todavía no hemos mencionado - dice el otro presentador.

    Insinúan entre ellos que el tamaño del cubo es relativo, que está a escala y que debemos imaginarlo con un tamaño mucho mayor. Después, uno de ellos, sale del plano para volver a entrar de nuevo con otro cubo con cuadrados de colores por todas sus caras. Este, al contrario que el que destaparon, es mucho más pequeño, cabe en la palma de la mano y un mecanismo interno permite que los cuadrados de colores puedan moverse a otras caras.

    - Muy atentos a este clásico juguete, porque os puede ayudar mucho – continúan.

    - Y tanto que clásico. No había visto uno de estos desde los tiempos de paz. Creía que habían desaparecido todos durante la guerra. – dice el otro riéndose. - Por último, quedaros con esto: “aquello que buscáis está en la superficie”. Y esto es todo por ahora, seguiremos informando más adelante.

    Kale coge el mando y apaga la televisión. Todos nos quedamos mirando a la nada, pensando en cómo podemos adivinar de qué se trata para sacar algo de ventaja sobre los demás. Algunos tienen la ayuda de Consejeros y equipos que han contratado para la Liga; desgraciadamente creo que el nuestro no vale tampoco para esto. Miro por la ventana. Se ha hecho de noche por completo y la ciudad entera comienza a encenderse, dejando una manta de luces que se mueven, se encienden y se apagan. Creo que Paula y Kale no se han dado cuenta de la hora que es, así que les recuerdo que en breve comenzará la fiesta. De repente, nuestro Consejero abre los ojos por completo y chasquea los dedos. Se le acabará de ocurrir algo, porque es la primera vez que le veo hacer eso.

    - Eso es: la fiesta – dice finalmente. - Tenemos que aprovechar que va a ser de los pocos momentos en los que estéis reunidos todos los Elegidos. Algunos tienen gente que trabajan para ellos y que solo se dedican a descifrar estas adivinanzas, así que pegaos mucho a ellos e intentar sacarles algo de información.

    - ¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso? - pregunto yo.

    - Yo os iré indicando quienes son los más peligrosos y quienes tienen Consejeros; luego vosotros intentad hacer amigos. Seguramente alguno se os acercará e intentara intimidaros, es el momento en el que todos buscan causar miedo, pero no os dejéis engatusar.

    No me convence mucho, pero si lo dice él será porque ya tiene experiencia de otros años, mientras que para mí es la primera vez que asisto a una fiesta. Dándome una palmadita en la espalda, se despide para salir corriendo por la puerta, como si tuviese prisa por algo. En el camino, nos dice que comencemos a arreglarnos y que nos vistamos con la ropa que nos han dejado los organizadores.

    He conseguido ponerme la camisa yo solo por fin. La herida ya no me duele tanto, pero sigo sin poder mover del todo el brazo. Me he vestido con lo único que había en mi armario: unos pantalones negros y la camisa. Dentro también hay una chaqueta que completa el traje de fiesta. Recorro el piso a oscuras mientras que me abrocho uno a uno los pequeños botones. Lo examino todo, toco los interruptores de todas las paredes descubriendo artilugios de alta tecnología que nunca había visto antes. Me sigue sorprendiendo todo esto, este estilo de vida, nunca he tenido tantas comodidades, ni si quiera cuando vivía aquí con mis padres, aunque realmente no lo recuerdo. Me siguen sorprendiendo también las palabras que me dirigió Kale en la comida: “tengo un superviviente a las dos guerras”. ¿No creerá enserio que yo luché en ellas? Tenía cinco años cuando empezó la primera, ¿cómo iba yo a participar? En esos tiempos me dediqué a cargar con mi hermana en brazos, pasando días enteros en cubos de basura para realizar las misiones que La Revolución me encargaba.

    Me siento en la silla del despacho de cristal que mira hacia el ventanal. Me quedo embobado de nuevo con las luces, jugando con las cosas que hay encima de la mesa. Voy abriendo los cajones, revisando papeles y abriendo carpetas. Quizá los organizadores hayan dejado más pistas escondidas por el piso, esperando a que alguno de nosotros las encuentre. Abro una pequeña puerta y dentro encuentro algo que me resulta familiar. Lo he visto antes, en la oficina de mi padre, creo, es un ordenador portátil. Él lo utilizaba para trabajar, para guardar datos y así podérselos llevar a casa más fácilmente. A pesar de que nunca he usado uno, tengo la esperanza de que no sea muy complicado, y así poder buscar en su disco duro algo que nos de esa ventaja que necesitamos.

    Lo enciendo y la luz de su pantalla choca en mis ojos, acostumbrados ya a la oscuridad, obligándome a cerrarlos. El manejo es muy sencillo, intuitivo, lo que me permite cotillear en todos sus archivos. Al parecer el ordenador está vacío, no hay nada, es como si lo acabaran de sacar de la fábrica, tiene solo lo básico. En ese momento, oigo que Kale entra por la puerta y cierro el portátil con miedo de que a lo mejor me lo quite. Desgraciadamente él ya ha visto la luz que salía de la pantalla.

    - ¿Qué es eso que escondes? Déjame ver – dice quitándome el ordenador.

    Sorprendido, lo examina por fuera y lo vuelve a abrir para descubrir que funciona a la perfección. No parece enfadado, es más, los gestos de su cara me indican que se alegra por algo.

    - Chico, acabas de conseguir algo muy valioso: información – me dice sin dejar de mirar el aparato.

    - No nos va a servir de nada, está vacío – le contesto.

    - No tendrá archivos pero si tiene conexión a Internet, así que puede tener toda la información que quieras, de lo que quieras, cuando quieras.

    - ¿Internet? ¿Se supone que tengo que saber lo qué es eso?

    - No sabes qué es Internet, pero si sabes manejar un arma. Cada año me sorprendéis más.

    Supongo que se referirá a nosotros, los Elegidos. Después de todo ha tenido que entrenar a muchos y de todos los tipos. Después de hacerle parar de reír, trata de explicarme todo lo que necesito acerca de Internet. Es increíble como simples personas pueden inventar cosas como esta, y mejor aún, como un país puede mantener tan aislados a algunos de sus habitantes como para que permanezcan inconscientes ante la existencia de estos inventos. Seguimos hablando unos cuantos minutos hasta que el sonido que produce la puerta del baño de Paula abriéndose nos hace girarnos.

    Allí está ella, intentando levantar la cabeza a pesar del rubor que sufre porque nosotros la estemos mirando de arriba abajo con los ojos abiertos como platos. Esta increíble, como jamás me la hubiera imaginado. Lleva un vestido nuevo, rojo y largo con detalles de altísima costura, el pelo recogido con adornos de flores naturales por todos lados y una ligera capa de maquillaje que realza sus facciones. Al trabajar en una botica, conoce mucho ha cerca de flores, y todo lo que ha aprendido a lo largo de los años ha podido aplicárselo por fin a ella misma. Cuando Kale despierta de la hipnosis de verla dando vueltas para enseñarnos su vestido, se dirige a ella con una sonrisa.

    - Chaval, ten cuidado con tu novia, porque hoy alguno te la quita – dice mientras le arregla una de las flores del pelo.

    - No es mi novia – le digo por fin.

    No reacciona, así que considero que nunca ha pensado que realmente tenga una relación con ella.

    - Pues es una pena, porque si en algún momento tuviste tu oportunidad, hoy seguro que no – me contesta en tono irónico después de la pausa. - Estás preciosa – oigo que le susurra a Paula. - Y tú, arréglate ese pelo, que parece que vas a hacer la comunión. Levántatelo, tienes que parecer peligroso y no un chaval de diez años – me grita mientras que me despeina con las manos. - Os espero arriba. La fiesta es en la azotea, en la última planta. No os retraséis.

    Finalmente Kale desaparece y me quedo a solas con Paula. La verdad es que estoy un poco incomodo, su increíble aspecto hace que no me salgan las palabras. Veo que se acerca a mí y, sin necesidad de ponerse de puntillas gracias a los tacones, comienza a peinarme, esta vez dejándome el flequillo hacia arriba. Yo sigo sin poder mirarla a los ojos, algo me lo impide, solo le contesto con una sonrisa.

    - Ya está. Así mucho mejor, más guapo – me dice.

    - Gracias. Tú también estas preciosa – le digo con algo de vergüenza.

    - ¿Qué hacíais cuando salí del baño?

    - He encontrado un ordenador y Kale me estaba enseñando a usarlo – respondo. - Se supone que con esto podremos encontrar algo que nos ayude en la Liga – digo señalando el portátil.

    Ella asiente sin decir nada y el silencio se hace en la habitación. Me acaricia el pelo con suavidad y me mira a los ojos. Puedo notar el alivio que siente porque yo esté aquí con ella, por tener algo familiar a su lado que le recuerde que todavía existen posibilidades de volver a casa con los demás. Pega sus labios a mi oreja y puedo oír cómo me da las gracias con ternura mientras que deja algo sobre mi mano. Me da un beso y sale por la puerta para subir a la azotea.

    Abro la mano y descubro una foto mía junto a Sara. Nos la hicieron en el último recuento que hubo en la Zona 3 no hace más de dos años. Ella está sentada en mis rodillas, sonriendo a la cámara mientras que me abraza. Un nudo se me forma en la garganta y las lágrimas comienzan a caerme de los ojos. No puedo evitar pensar en cómo se encontrará, cómo estará viviendo todo esto. No debería preocuparme, porque está en una casa en la que no pasará hambre, pero la echo de menos. Debo ser fuerte, así que me recuerdo que estoy aquí por ella también, para que pueda vivir mejor. Me seco las lágrimas con las manos, evitando mojar la camisa, me pongo la chaqueta y, entrando en el ascensor, me dirijo a la última planta.

    Al abrirse las puertas observo el ambiente. Un ir y venir de camareros perfectamente uniformados entrando a la cocina con bandejas vacías y saliendo con las mismas repletas de comida, corrillos de personas hablando y riendo, fotógrafos intentando inmortalizar el momento y decenas de cámaras que retransmiten el evento en directo al resto del mundo. Entre la multitud puedo distinguir finalmente a Kale hablando seriamente con Paula. Me acerco esquivando a la gente y le toco el hombro a nuestro Consejero.

    - Guillermo, que bien que ya estés aquí por fin. Estaba hablando con ella de la táctica que tenéis que seguir en la fiesta – me dice.

    - No sabía que hubiese que seguir una táctica – contesto.

    - Tenemos que sacarles la máxima información posible a los demás Elegidos. Os conozco poco, pero sé que sois lo bastante listos como para conseguirlo.

    - ¿Y no crees que ellos habrán pensado lo mismo que tú? - le digo en un tono con el que pretendo que vea que es una idea estúpida.

    - Por eso confío en vosotros. Imped siempre sirve alcohol en estas fiestas, porque les parece divertido ver como chavales como vosotros acaban en el suelo o juntos en una habitación. Sed más listos que ellos. No bebáis pero haced que los otros beban y tendréis ventaja.

    Paula asiente y cogiéndome de la mano me obliga a entrar en la fiesta. El ambiente es distinto que el de la recepción de la que acabamos de salir. Algunos focos de tenues luces de colores iluminan la oscuridad de la noche. En el centro del ático, una mesa sostiene una estatua de hielo con la forma del logotipo de Imped, y a su alrededor, bandejas con comida y copas con champán rellenan el espacio sobrante. En una esquina hay una pequeña barra donde se sirven los cócteles que los invitados piden y, un poco más allá, se levanta un pequeño escenario con un micrófono en el centro. Todos los Elegidos estamos divididos en grupos, todos acompañados solo por aquel de nuestra misma Zona. Observamos a los demás, como si estudiásemos su comportamiento. Voy girando sobre mi mismo hasta descubrir que uno de ellos me está mirando, con una sonrisa burlona en la cara, como queriendo que me dé cuenta de que lo está haciendo.

    - ¿Quién es ese? El que me mira. ¿Quién es? - le susurro disimuladamente a Paula al oído, con la intención de que nadie me oiga.

    Ella se da la vuelta y descubre al chico entre la multitud. Solo le ha hecho falta una simple mirada para reconocerlo.

    - Es Jorge, de la Zona 8. También él se presentó para luchar por un puesto en la Liga.

    - No parece que le haya pasado factura el combate – digo yo.

    - Mató a su rival sin casi esfuerzo. Al contrario que Alex, él no utilizó ningún arma, solo su cuerpo y algunos trucos. Intentaron detenerle antes de que acabase con el pobre chico, pero se lanzó a por él desde el escenario y le aplastó la cabeza.

    Ya no me importa disimular que le observo. Me pone nervioso su gesto y me está empezando a cansar. En ese momento, por los altavoces que rodean toda la azotea, comienza a sonar el himno de Imped. Unos focos de una intensa luz blanca se encienden y apuntan a la entrada. Caminando, aparece el presidente Augusto, que con paso lento se dirige al escenario, hasta acabar en frente del micrófono. Se aclara la voz y espera a que todo el mundo guarde silencio para comenzar.

    - Saludos, Elegidos. Por fin llegó el momento del año en el que treinta y un chicos y chicas de todas las partes del mundo se reúnen en un mismo lugar para competir por la fama. Como ya sabréis, este año el escenario de las dos últimas pruebas será Shat, en la frontera entre Imped y Fian.

    Siempre me gustó ir a Fian cuando era más pequeño, es una zona cercana al Mar Mediterráneo, al suroeste de la antigua Europa. El tiempo por allí es estupendo: sol, playas, acantilados y pequeñas islas forman el paisaje que yo recuerdo de ese lugar, pero ahora vamos a una cosa totalmente distinta. Augusto sigue hablando, pero cuando vuelvo en mí ya me he perdido la mitad del discurso.

    - …por eso debéis estar atentos, aprended de cada error y no dejéis de luchar por ello. Mucha suerte para todos – finaliza el presidente.

    Aplausos y gritos le acompañan hasta que sale por la puerta tras su séquito de guardaespaldas. Cuando ya no se le puede ver, los focos se apagan y el DJ decide poner música algo más movida; la fiesta acaba de comenzar. Veo como algunos de los chicos corren hacia la barra a pedir la primera copa de la noche, mientras que otros charlan con sus Consejeros. ¿Dónde está Kale cuando se le necesita? Estamos petrificados en medio de la pista sin saber qué hacer y lo último que necesito ver es como el chico de la Zona 8 me vuelve a mirar.

    Busco entre la gente, pero no puedo ver si nuestro Consejero está si quiera aquí, en la azotea, porque es muy bajito. Nos sobresaltamos cuando oímos su voz detrás de nosotros. Parece que le gusta darnos sustos, aunque él asegura que en algún momento nos ayudará, pero no sé para qué.

    - ¿Qué hacéis todavía aquí? Tú deberías estar ligándote al cachas de la Zona 13 – dice señalando a Paula. - Y tú deberías, aunque sea, intentarlo con la de la Zona 5…a pesar de que sea un poco fea – me dice a mí. - Los dos tienen Consejeros y, por lo que oído, son los mejores así que, ¿a qué esperáis?

    - Digamos que no estamos acostumbrados a este ambiente – dice Paula.

    - Por favor, no me hagas reír. Con ese vestido no hace falta que intentes hablar con ellos, ellos se pegarán por intentar hablar contigo; no seas tímida. En cuanto a ti, hazme caso y siéntate en la barra, alguna se te acercará – me dice. - Y no os conforméis con solo una presa, id a por todas.

    Supongo que no nos queda elección. Nos separamos, yendo yo a la barra, pasando antes por la mesa para llenarme el estomago. Al menos, cuando me siento a esperar, puedo pensar en lo mío, en el cubo y en esas extrañas caras de colores y lo que podrán significar. “Aquello que buscáis está en la superficie.” ¿En qué superficie? ¿En la superficie del cubo o en la de una mesa? No puedo pensar ahora, me resultará más fácil si consigo alguna información extra.

    No sé qué hacer, por lo que decido pedir algo de beber. El camarero me sirve lo que él llama un gin-tonic. Esta bueno, pero intento seguir el consejo de Kale de beber poco a poco un máximo de una copa, porque si no acabaré en el suelo. Me giro y echo de nuevo un vistazo a la muchedumbre. Ahora hay menos grupos, pero los que aún quedan son de un mayor número de personas. Están hablando entre ellos, conociéndose. No solo estamos los treinta y un Elegidos y algunos Consejeros; políticos, altos cargos y demás gente importante también están en la fiesta.

    Veo a Paula sentada en uno de los sofás que hay, rodeada de al menos cinco Elegidos, que le ofrecen una copa o salir a bailar. Ella rechaza todas sus peticiones con su característica sonrisa que saca cuando está ruborizada. Algo me impulsa a levantarme del taburete para dirigirme al grupo, pero recuerdo mi misión y decido quedarme. Supongo que me molesta ver como todos esos gigantes la acosan, pero ¿qué más me da? Es solo una amiga y nada más.

    - Hola – oigo a mis espaldas.

    Está claro que se dirige a mí, por lo que me giro para descubrir a tres chicas que sostienen su bebida en la mano y me sonríen. Yo les devuelvo el saludo; supongo que ha llegado la hora de entrar en acción.

    - ¿Cómo te llamas? - me pregunta una de ellas.

    - Guillermo – respondo.

    - ¿Te vienes con nosotras? Hablemos, vamos a conocernos – me dice otra mientras que sus amigas se ríen por lo bajo.

    Yo asiento y, cogiéndome de la mano, me llevan a un lugar cercano al bar, donde hay grandes cojines para sentarse. En el camino me vuelvo de nuevo hacia Paula, me está mirando y, levantando el dedo gordo de la mano, le hago un gesto con el que pretendo decirle que siga así, que lo está haciendo muy bien. Ella lo entiende y me lo hace saber.

    - ¿Cómo os llamáis? ¿De qué región sois? - digo yo, intentando que mi actuación sea lo más creíble posible.

    - Yo soy Jennifer, de la Zona 13. Y ellas son Darsi, de la Zona 2 y Alice, de la Zona 4.

    La piel tostada de Darsi y su pelo largo oscuro me gustan con el contraste de sus brillantes ojos verdes, es muy guapa, y el ceñido vestido que lleva deja ver su perfecta figura; aun así le falta ese algo que Paula tiene pero ella no. Alice, en cambio, es lo contrario, con ese pelo largo rubio y su piel más blanca. Jennifer destaca, por otro lado, con su vestido de lentejuelas que reflejan la luz y le dan brillo a su rostro.

    - ¿Cómo llegasteis hasta aquí? Quiero decir…¿por qué os presentasteis voluntarias?

    - Alice fue capturada durante El Robo. No hubo voluntarias femeninas en su región – continua Darsi. - En cambio, Jennifer y yo nos presentamos para participar.

    No me extraña nada de lo que me ha dicho. La situación de la Zona 2 es peor aún que la nuestra, así que la necesidad de dinero para poder comer la habrá incitado a apuntarse. Por otro lado, la Zona 13 es la más rica de todas y sus participantes siempre suelen ser voluntarios que deben combatir más de una vez para ser Elegidos. Existe mucha tradición en esas regiones y los niños suelen comenzar a entrenar para la ocasión desde muy pequeños.

    - ¿De dónde eres tú? - me pregunta Alice

    - Zona 3.

    Puedo ver que se quedan atónitas por mi respuesta, y como se mirar unas a otras con la boca abierta.

    - Tú eres el que se presentó para luchar por el puesto de ese chico – dice Darsi pegándose cada vez más a mí. - Vi el combate por la televisión. Fue impresionante.

    Ese chico; supongo que se referirán a Alex. ¡Alex! ¿Dónde está? Debería estar en la fiesta, pero no me he parado a buscarlo. Mientras que ellas siguen hablando yo levanto la cabeza y comienzo a buscar. Miro por todas partes, pero no lo veo por ningún rincón. Mi mirada se cruza de nuevo con la de Paula. Parece aburrida, no presta ni siquiera atención a lo que los chicos dicen. A ellos parece que el abuso del alcohol les está comenzando a hacer efecto, por lo que no tardarán en soltar algo de información. Con un gesto le indico a Paula que se dirija a la barra, porque quiero hablar con ella.

    - ¿Has conseguido algo? - le pregunto.

    - Todavía no, pero no creo que tarde mucho. ¿Cómo vas tú?

    - No tengo a tantos, pero la chica del vestido con lentejuelas es de la Zona 13, así que tiene Consejero. Una última cosa, ¿has visto a Alex?

    - Si, está conmigo y los demás chicos. Está borracho, así que no hay problema.

    Después de nuestra pequeña charla ella vuelve con ellos y yo le pido al camarero de la barra una botella de la bebida más fuerte que tenga. Hay que acelerar las cosas o sino no llegaremos a ninguna parte. Me dirijo a la mesa esbozando una sonrisa pícara muy forzada, levanto la botella para enseñársela a mis nuevas amigas, y la dejo en la mesita para que empiecen a servirse. Con la escusa de que todavía no me he acabado mi copa, consigo que no me echen más, y cada vez que ellas beben yo solo doy un pequeño sorbo al vaso para disimular. Las horas pasan y cada vez remuevo más la conversación para intentar encauzarla hacia el tema del cubo y las pistas.

    - ¿Habéis visto las pistas que nos han dejado para que intentemos adivinar la primera prueba? - les pregunto.

    - Si, pero es imposible que alguien adivine de que se trata – me responde Alice con problemas para vocalizar.

    - Seguro que Guillermo es tan listo que lo adivina sin problemas, ¿verdad? - dice Darsi abrazándose a mi brazo derecho.

    Espero que la cosa no se me vaya de las manos con ellas y cause revuelo. Ni siquiera sé si recordarán lo que ha ocurrido esta noche. Por una parte prefiero que no, porque si analizan de nuevo esta conversación, se darán cuenta de que alguien les ha estado intentando engañar para que suelten todo lo que saben.

    - ¿Ninguna tiene Consejero? - pregunto intentando zafarme en vano del abrazo de la chica.

    - Todas tenemos. Hemos creado una alianza entre las tres, así que lo compartimos. Los padres de Jennifer lo contrataron. Los que no tienen son los primeros que mueren – dice mientras que señala a algunos Elegidos marginados entre la multitud.

    - ¿Y no os han dicho nada? ¿Ni si quiera alguna posible prueba que pueda ser la que han planeado para nosotros?

    - El mío me ha dicho algo sobre un cubo de un tal Rubik, pero ni él sabe lo que es – dice Jennifer.

    No me aporta nada lo que me acaba de decir. A pesar de que trato de conseguir algo más, ninguna sabe nada. Espero que a Paula le vaya mejor.

    - Darsi, ¿donde está John? - le pregunta Alice.

    - ¿Quien es John? - me permito preguntar.

    - Su novio. Se acaban de conocer.

    Es curioso lo rápido que la gente hace amigos en situaciones tan hostiles como los escenarios de la Liga. Aun así, el hecho de que el uno al otro se llamen “novios” cuando hace solo veinticuatro horas se estaban apuntando para el torneo me hace gracia.

    - Esta con esa zorra, la del vestido rojo – contesta Darsi furiosa.

    - Es mi amiga. Ella también es de la Zona 3 – suelto yo.

    - Ah…- dice incomoda ante mi respuesta. - Pues démosles envidia; para que aprendan.

    Puedo ver cómo, sin pensárselo dos veces, se abalanza sobre mí con la intención de besarme. Yo no consigo pararla, y con la fuerza de su impulso caigo hacia atrás, con ella encima de mí. Durante la caída puedo ver como Paula me mira y se levanta sorprendida. No creo que esperara que yo fuese tan lejos por algo de información, pero realmente no es culpa mía, yo soy el que intenta escapar de Darsi desesperadamente sin conseguirlo.

    De un fuerte empujón puedo por fin despegarla de mí, pero su rostro ahora muestra preocupación. Ella mira a algo que se levanta detrás de mí y rápidamente me doy la vuelta. Una pierna me golpea la cara y me tumba en el suelo nuevamente, haciéndome sangrar por un labio. Es lo mismo que me ocurrió en el combate de ayer, solo que ahora mi rival esta borracho y grita frases que a duras penas consigo descifrar.

    - ¿Que hacías con mi chica, capullo? - me grita.

    En ese momento caigo en que ese es John, el chico de la Zona 2. No es más alto que yo, pero si está en mejor forma. Aunque en condiciones normales quizá su corpulencia le habría dado algo de ventaja sobre mi, ahora el alcohol le deja en una clarísima desventaja.

    - ¿Yo? - digo señalándome. - Nada, solo hablábamos.

    - No me vaciles o acabo aquí mismo contigo.

    Puedo ver como todo el mundo nos mira y escucha nuestra acalorada discusión. Por algún motivo no quiero que se vaya dejándome en ridículo ante los demás, dejándome como alguien débil. Recuerdo lo que me dijeron Kale y Paula, aquello sobre parecer duro para intimidar. Si me quedo en el suelo sangrando por un labio y simplemente pido perdón todo se irá al traste.

    - No es mi culpa que ella me prefiera a mi antes que a ti – le contesto con una risa burlona.

    Ya está, ahora si he conseguido cabrearle. Puedo ver como sus ojos me miran desafiantes. Entonces, sin soltar más que un grito de rabia, intenta golpearme de nuevo. Doy una voltereta hacia atrás en el suelo y, a la vez que esquivo su puño, me pongo de pie. No es tan fácil para él, al haber tenido que agacharse casi pierde el equilibrio y cae al suelo, pero la adrenalina ha hecho que recupere algo de cordura. John sigue probando golpes contra mí, pero ninguno llega a alcanzarme. Patadas, puñetazos, golpes bajos, incluso coge cualquier cosa que se le ponga en medio para lanzármela.

    Algunos de los que están en la fiesta comienzan a salir del ático, temen que algo pueda darle a ellos. Observo que incluso algunos cogen sus teléfonos para llamar a seguridad. En menos de un minuto estarán aquí arriba. Por otro lado, a los demás Elegidos no les incomoda el espectáculo que estamos dando, porque nos animan y aplauden. Solo Paula intenta abrirse paso hasta nosotros para detenernos. Veo que sus ojos me piden a gritos que pare.

    El puño de John se dirige ahora a mi estomago, pero lo esquivo poniéndome en paralelo a su brazo. En una décima de segundo se lo rodeo con el mío y, haciéndolo girar, le inmovilizo. No quiero partírselo a pesar de que podría, pero lesionar a un Elegido me meterá en más líos. Le muevo a mi antojo hasta que finalmente, con una patada en la espalda, le tiro contra la estatua de hielo. El golpe la parte en mil pedazos y derriba la mesa, tirando todo por los suelos.

    Oigo como grita furioso mientras que los guardias le apuntan con sus armas a la cabeza. No puede levantarse, esta aturdido, se lo llevan a rastras. Levanto la mirada y veo que otro par de agentes me apuntan a mí también, así que no muestro resistencia. Me cogen del hombro y me llevan con ellos.

    Me sorprendo cuando la puerta del ascensor se abre unas pocas plantas más abajo. ¿No me llevan fuera del edificio? A lo lejos, hablando con otro agente en un mostrador, distingo a Kale; le habrán informado de lo que ha pasado y habrá salido de su habitación solo para verme. Cuando llego junto a ellos, mi Consejero me mira decepcionado mientras que el guardia me empuja dentro de una celda de cristal.

    - ¿En qué estabas pensando para pelearte con ese chico? - me pregunta.

    Por un momento no quiero contestar, creo que me avergüenzo por lo que he hecho, pensaba que estaba actuando bien pero supongo que me equivocaba. Al ver que no reacciono, Kale pide a los dos agentes que abandonen la sala para dejarnos algo de privacidad, pero sé que en algún lugar una cámara le muestra al mundo lo que digo.

    - Podrías haberte metido en un buen lío, chaval – continua. - Y no solo tú, sino que también podrías haber arrastrado a tu chica.

    - Creo que ya dejé bien claro que no es mi chica – digo sin mirarle y sentándome en el suelo entre dos paredes.

    - Lo que tú digas. El caso es que tienes suerte de que no te hayan matado allí mismo con un disparo entre ceja y ceja – dice calmándose un poco.

    - Creí que debía mantener esa actitud de chico duro – digo intentando aparentar una disculpa.

    - Si, pero no de esa forma. No sé cómo, pero así no. Por suerte he conseguido que solo te encierren una noche aquí, porque ibas borracho y no sabias lo que hacías – me dice mientras que me guiña un ojo.

    No quiere que nadie sepa que realmente lo hice totalmente consciente y, para ello, la mejor forma es no decirlo en voz alta. Le hago un gesto para darle las gracias y que sepa que he entendido su estrategia.

    - Tu castigo será que mañana no podrás asistir al entrenamiento. Por suerte no te hace tanta falta, pero procura no perderte ninguno más – continua él. - Procura descansar un poco. Vendré a por ti mañana.

    Con esas últimas palabras lo veo desaparecer, apagando la luz cuando llega al final del pasillo.

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