Querido lector,
No sé quién eres y tú tampoco me conocerás. Puede que me hayas visto en alguna
ocasión y que ni siquiera te hayas dado cuenta de que estaba ahí. Ese es el
precio por decidir ser un hombre libre.
Te estarás preguntando el porqué de esta carta. ¿Qué finalidad tiene? ¿Porqué te
estoy haciendo perder este tiempo tan valioso que tienes leyendo una mísera
carta de alguien a quien no conoces y que incluso podría estar muerto? ó la más
importante ¿A qué me refiero cuando digo que soy un hombre libre?
Quiero hacerte pensar, dudar, crecer. Quiero que veas con tus propios ojos aquellas
verdades que a lo largo de nuestra vida ocultamos y de las que no queremos
saber nada. Esas verdades que ni siquiera nos damos cuenta de que están
ahí, junto a nosotros y que rechazamos
como si nada. Quiero que por un segundo sientas estas palabas y te hagan
plantearte quién eres.
Antes, hace mucho tiempo era como tú querido lector: vivía en un piso, tenía trabajo,
unos horarios, etc. Pero un día me desperté tras un pesado sueño y me di cuenta
de que lo que vivimos es una mentira.
Todos seguimos unos caminos estipulados. No vivimos por nosotros, vivimos por y para
los demás. Tenemos unos estándares que hay que seguir y si no lo hacemos la
propia sociedad nos da la espalda. Basta demostrarlo con un pequeño ejemplo:
seguro que te gusta alguna cosa distinta a los demás y que particular, no muy
conocida ¿me equivoco? Pero qué pasa cuando lo comentas con la gente a la que
no le gusta o que ni siquiera sabe que es. Tus amigos, tus propios familiares e
incluso la gente que ni siquiera te conoce te juzgan. Juzga tus actos como algo
incorrecto, como algo que no hay que hacer. ¿Verdad?
El ser humano tiene dos caminos delante de él: el de la razón, el que sigue el camino de la
sociedad, el que tiene esos estándares marcados y de los que si pisas los
límites eres repudiado de todos lados; o
el que dicta su propio corazón.
El problema es que no le hacemos el caso que deberíamos al segundo. Nos conformamos con ser
aceptados en esta maldita sociedad que nos consume y nos deshecha cuando ha
acabado con nosotros. Intentamos seguir las pautas ya marcadas y no salirnos
del camino para sentirnos uno más de esta sociedad. Uno más. Esa sí que es una
palabra ridícula.
Tras reflexionar decidí abandonar todo eso.
Dejé el trabajo, la casa, me olvidé de los horarios y comencé a vagar por este
mundo. Caminando sin descanso. Un día en un lugar otro en otro. Sin un rumbo
fijo solo guiándome por mi propio corazón. Sigo mi propia senda, mi camino.
Y yo querido lector te invito a que hagas lo mismo. Olvídate de tus problemas, olvídate
de tu trabajo, de tus horarios, de las prisas. SE LIBRE.
Nuestra meta en esta vida es encontrar nuestro propio camino y cada vez más el ser humano se conforma con menos. Veo a la
gente conformarse con sus trabajos, con sus vidas. Solo para intentar
sobrevivir en esta mierda de mundo sin tener que pensar. Sin tener que plantearse
las cosas, como simples ovejas…
Y por qué, te estarás preguntando. Por miedo.
El miedo al cambio, al qué dirán, a todo, incluso a la propia libertad. Pero hay
momentos en los que no debemos vacilar. Debemos continuar caminando y seguir. Nunca
hay que detenerse. Nunca seremos felices si vivimos un tipo de vida ideado por
otra persona. Antes de decidir cambiar mi vida había momentos en los que no
sólo me olvidé de mí sino de lo que realmente soy. Y yo soy un hombre libre.
Seguro que te estarás planteando cuan loco estoy escribiendo estas cosas en una carta y
dejándola luego tirada a la espera de que alguien como tú la lea.
¿Pero quién es el loco de verdad? El que vive atrapado en esta sociedad que por desgracia hemos
construido o el que intenta vivir en el límite de esta. El que camina solo por
este mundo observando sin que se den cuenta a la gente o los que siguen con sus
ajetreadas vidas, sus horarios, sus llamadas, sus trabajos y sus sonrisas
falsas.
¿Quién es ese hombre? ¿Es un incomprendido, un vagabundo, un marginado? ¿O es un verdadero
ser humano, un filósofo, un dios entre los hombres?
Puede que con esta carta no consiga cambiarte querido lector. No será tan fácil como apretar un
botón y hacerte sentir lo que yo siento, ver lo que yo veo o pensar lo que yo
pienso.
Pero si por un segundo la duda invade tu mente y consigo que te plantees las cosas que he
dicho. Si por un momento dejas que tu corazón te hable y te conduzca, seré
feliz. Habré conseguido lo que quería.
Disfruta de la vida querido lector, es lo único que tenemos. Nunca te rindas y avanza
siempre hacia delante aunque tus amigos, tu familia, la sociedad en sí te den
la espalda. Haz lo que quieras, lo que te dicte tu corazón.
Y recuerda que no hay como vivir en sociedad para cortar las alas al ser humano.
Firmado: Aquel que vaga por el mundo. Un hombre libre




Franklin
Excelente tu opinion