Saber algunas cosas te cambian la vida. Marcan un antes y un después. Vivir en el cuarto A, debajo de la pareja feliz, despertó en mí un instinto desconocido, una rara manera de ejercer la soledad, de matar el tiempo. Fue como cruzar un río, traspasar una frontera. La célula de inicio fueron los ruidos. Los ruidos me llevaron a prestar atención. La cama matrimonial golpeaba como un martillo neumático contra el techo no menos de tres veces por semana. Era un sonido metódico y regular que se prolongaba durante varias horas, hasta que se perdía en la noche y daba lugar a un vacío sordo, un vacío que ni siquiera era llenado por el chirriar de los neumáticos de afuera.
La pareja también hablaba hasta por los codos, en todo momento y lugar, pero las idas y vueltas de la conversación lograban enormes variantes que se desprendían magistralmente del núcleo central. Frases purificadas en instantes de solmenes ceremonias adentro de simples rutinas. No existía el cansancio de un día entero de trabajo, ni largos viajes en colectivo. Nada quitaba las ganas de conversar con el otro.
Así fui reuniendo información; cuánto ganaban, el nacimiento de un sobrino, la enfermedad de un tío, o cuestiones de menor importancia como los gustos musicales o ciertas elecciones sobre las prendas de vestir. Jamás sentí culpa o arrepentimiento, pero escucharlos se convirtió en una obsesión, una obsesión tóxica. Sin embargo lo seguía haciendo porque suponía que algo positivo iba a sacar de todo eso.
Yo me cruzaba a la pareja feliz en el ascensor del edificio una o dos veces por semana. Nos saludábamos de manera amable, pero ellos rara vez daban pie para conversar. Jamás veía en ellos rastros de mal humor, ni siquiera cuando atravesaban las primeras horas de la mañana. Por lo general iban tomados de la mano, lo que me hacían recordar lo solo que yo estaba en este mundo.
Una noche me despertaron de golpe, como si el baterista Pomo tocara el redoblante en mi oído. Una ráfaga de carcajadas me hizo agudizar el oído. Acababan de ganar mucho dinero, más de un millón de dólares en la lotería. Eran las dos de la mañana cuando se pusieron a festejar a su manera, esta vez con cierto toque de ansiedad por sobrevivir a la suerte.
Provocaron un tsunami en la cama. Las enormes olas, zigzagueantes, me fueron ahogando de a poco, transformaron el techo en un pozo en el que yo caía libre, una y otra vez, como en una pesadilla, hasta que finalmente me dormí en un profundo sueño que terminó por enfriar mis músculos.
Como un portal de noticias por internet, la información se actualizó durante la mañana siguiente. Recién acababan de cobrar el dinero en el banco y se disponían a viajar a Miami. Pensaban iniciar una mejor vida en Estados Unidos. Exhalé, me puse de pie, me calcé las medias, los pantalones, la camisa y finalmente los zapatos. En ningún momento dejé de escucharlos aún poniéndome la ropa. Sorbí un café con lentitud y sentí el recorrido del líquido por la garganta.
Es increíble como un cambio de ángulo puede cambiar los matices de las voces y los saltos sobre el piso, y la música de hip hop. Hay otro ruido en la puerta de ingreso. Gente que corre por el piso de parquet. Ya no hay risas sino gritos desagradables. Agonía y desesperación. Silencio infinito. Se abre el grifo de la canilla del baño. El agua transparente que sale de la canilla lava mis manos y enrojece antes de caer.


Agatha
Me ha gustado mucho. A medida que avanzaba algo despertaba la alarma de “esto no acabará bien”, “algo pasará” y efectivamente, el destino muchas veces nos juega trucos sucios. Es un relato que me dejó un mal sabor de boca, un dejo de tristeza y rabia. Precisamente por eso, porque me inquietó, por todo lo que transmites con tus letras me gustó mucho.
Saludos,
Walter Gasparetti
Gracias Agatha por leerlo, saludos.
Yolanda Arellano
Walter ¡me encantó! eres buenísimo relatando, la trama me atrapó al segundo y casi lo vi. Felicidades y manda más!!! Un beso.
Fatal
Sandra Albano
Walter TE FELICITO…!!!! es verdad es tan atrapante que me parecio ver todo lo que iba pasando, lo mismo que me pasa con los relatos de Sherlock Jolmes..LA VERDAD QUE GENIAL…TE FELICITO NUEVAMENTE, Y DALE PARA ADELANTE ESCRIBIENDO ESTAS COSAS QUE ESTAN EXCELENTES.
Silvana
Felicitaciones Walter!!!
Susana Tealdi
amigo querido… qué bueno! No conocía esta faceta. Celebro la creatividad, sensibilidad y generosidad que supone compartir lo que uno “ve” desde su interior. Va mail aparte. Cariños. Susana Tealdi